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    La derrota del chavismo

    Sr. Director:

    Las elecciones venezolanas y la transparencia. Hay muchas razones para celebrar el resultado de la elección venezolana, pero la más importante de todas ellas es que no hubo fraude.

    Destacan naturalmente la valentía del pueblo venezolano, que pese a la abrumadora propaganda, enfrentada a la violencia y la intimidación del régimen chavista, dio su veredicto democrático.

    Fue fundamental la actitud de la dirigencia opositora, que superando las dificultades logró actuar con unidad y buen criterio.

    Sin duda ayudó la presión internacional bregando por el respeto del veredicto democrático.

    Pero lo real es que el régimen “bolivariano”, que luego de 15 interminables años ha implementado la “tecnología” totalitaria cubana en toda la estructura del estado, no podía ser derrotado solo con el voto ciudadano.

    Basta recordar lo ocurrido en 2013, pese a las encendidas protestas de Henrique Capriles, víctima del “sistema”; y el pasado domingo 6, Maduro pretendía repetir el “milagro” de una “victoria” de último momento, especialmente acicateado por Diosdado Cabello, que sabía que sin fraude quedarían en minoría y perdería la Presidencia de la Asamblea Nacional.

    Era pues imprescindible que se impidiera la reiteración del fraude, que por lo demás ya estaba resuelto y organizado, incluyendo 2.500.000 cédulas de personas muertas, emigradas, desplazadas o detectadas como abstencionistas sistemáticos, que fuera denunciada por una organización opositora “7K”, aparentemente compuesta por 7.000 ciudadanos comprometidos a vigilar los circuitos electorales para impedir la introducción de los votantes “fantasma”.

    La suma de todos esos esfuerzos tuvo por añadidura un aliado tan inesperado como decisivo, cuando a las 21.30 del día de la elección, el ministro de Defensa, Vladimiro Padrino López, apareció en la televisora “Globovisión” e hizo un discurso garantista, acompañado por la plana mayor de las Fuerzas Armadas.

    Padrino López exhortó “a continuar como venimos, sin manchas, sin detalles, sin amenazas, sin disturbios en la calle” y finalizó: “Esperamos que este proceso finalice en paz, como todos los venezolanos estamos esperando, respetando las reglas de juego, las reglas de la democracia. Nos corresponde ahora al pueblo de Venezuela, esperar con paciencia, con civismo, los resultados de la voluntad popular, que van a ser emitidos por el CNE (Consejo Nacional Electoral presidido por Tibisay Lucena)”.

    El ministro de Defensa era consciente que el rechazo al gobierno dentro de las Fuerzas Armadas de Venezuela era el mismo 65% que del resto de la población, y se opuso con firmeza a la manipulación de los resultados electorales que ya estaba organizada.

    Al día siguiente se informó oficialmente que la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) llegará a la Asamblea General del 6 de enero de 2016 con 112 diputados en 167, mientras que el PSUV de Nicolás Maduro tendrá 55 escaños.

    La oposición tendrá por lo tanto la mayoría calificada de 2/3 con un 65,27% de los votos (el PSUV de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello solo obtuvo un 32,93%); es decir que el voto ciudadano ha dado a la MUD la capacidad constitucional para desmantelar la ingeniería totalitaria chavista, incluyendo la posible revocación del mandato de Maduro.

    Es un error pensar que ya está todo solucionado y la democracia ha vuelto a Venezuela. El camino de la restauración democrática será largo y lleno de conflictos, especialmente porque desde la Presidencia, Nicolás Maduro y su grupo harán todo lo posible por desconocer el veredicto popular y autoridad del nuevo Parlamento.

    Luego de la elección, en su programa de radio y televisión “En contacto con Maduro”, éste afirmó: “Se impusieron los malos, ganaron los malos, ganaron como ganan los malos, con la mentira con el engaño, con la oferta engañosa, con la estafa”… como para que nadie tenga dudas acerca de su verdadera vocación y pensamiento.

    No obstante, parece claro que el experimento “bolivariano” fue herido de muerte por la transparencia democrática, y que Maduro y los que hablan de sus “logros y conquistas” (¿elevar el porcentaje de pobres del 40% al 78%?, ¿un millón y medio de emigrados?, ¿la inflación más alta del mundo?, ¿desabastecimiento brutal de bienes de consumo básicos?, ¿corrupción escandalosa?, ¿200.000 víctimas de la violencia represiva y la delincuencia?), se han quedado sin discurso y sin futuro.

    M. J. Llantada Fabini

    CI 4.197.378-1