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    La economía en declive

    Sr. Director:

    Las verdaderas preguntas que se debieron y se deben hacer. Es científicamente conocido el concepto llamado “sesgo de resultados”. Éste puede aplicarse a cómo los votantes aprueban o desaprueban la gestión de un gobierno en base a sus logros más visibles. Esto lleva a un grave problema: se sobrevalora la gestión de algunos, cuando básicamente no fueron los responsables del crecimiento, a la vez que se rechaza la gestión de otros, cuando en realidad les toca manejar un escenario desfavorable. La situación económica actual del país está empezando a ser conocida por todos, a pesar de las asimetrías de información que tenemos el resto de los mortales con el partido de gobierno, y que fue hábilmente manipulada durante la campaña política. Cuando hace menos de un año le preguntaron al actual ministro Astori, entonces vicepresidente de la República, sobre la magnitud del déficit fiscal, unos U$S 2000 millones (3,5% del PBI), respondió que la situación del país le permitía manejar ese déficit ya que estábamos en una situación muy diferente a la del año 2002. Nótese que eligió el peor año para comparar.

    Pero la verdadera pregunta que se debió hacer es: ¿cómo se explica que después de 10 años de crecimiento económico como nunca experimentó este país, tanto en magnitud como en su duración, el Uruguay presente esas cifras de déficit? ¿Es saludable para el país ese resultado? Claramente no. Hoy que la coyuntura cambió, nos encuentra con una herramienta menos de política económica: la política fiscal. Hoy más que nunca necesitamos a un Estado participando activamente en la economía para invertir en todo aquello en lo que el privado no invierte y no hay plata. Lo saben los políticos, lo saben los sindicatos y ahora lo sabe la gente. No hay plata. Pero no hay plata porque se la gastaron. Entonces debemos preguntar: ¿y se gastó bien? ¿El déficit fue para sentar las bases del crecimiento futuro de la economía? ¿Fue para alcanzar mejoras en la productividad? ¿O para lograr avances en la formación de capital humano? No. Hasta en chino nos dicen que somos cada vez más costosos, más improductivos y peor formados.

    Entonces, observemos atentamente cómo escriben la historia: no es que a este tercer gobierno frentista le tocó un contexto desfavorable y por eso los resultados que se están obteniendo (y que vendrán) son (y serán) negativos. Es cierta la desaceleración de China, los problemas de Brasil y la olla a presión a la que nos tiene acostumbrados la Argentina. Pero acá hay responsabilidades. Y no fue solamente una “década perdida” en la que se desaprovecharon oportunidades únicas para sentar las bases de un crecimiento sostenible (que ahora el ciudadano puede visualizar que de sostenible no tenía nada). Fue mucho peor. Porque ahora la realidad internacional que nos toca sortear nos encuentra sumamente vulnerables y con menos armas para pelearla. Es precisamente esta manera de manejar la economía lo que incrementa la brecha entre los países ricos y pobres. Entre los productivos y los improductivos. Y como siempre las consecuencias más duras de esta fase del ciclo las sufren los más débiles, los que no tienen forma de reclamar.

    Lic. Andrés Antoine Pérez

    CI 2.904.121-1