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    La economía mundial se recuperó a pesar de amenazas políticas

    Hay “riesgos” en los vecinos y un “alto grado de incertidumbre” política fuera de la región, según el BCU

    Luego de votado el Brexit y la elección de un atípico candidato para liderar a Estados Unidos (EE.UU.), parecía que 2017 sería un año de agitación económica y financiera en el mundo. Pero ni la salida del Reino Unido de la Unión Europea ni la Presidencia del empresario millonario Donald Trump lograron socavar la recuperación de la economía mundial. El resurgimiento del nacionalismo en algunas economías avanzadas, que parecía dispuesto a liquidar los grandes acuerdos comerciales, por ahora se ha quedado en amenazas. Y la tensión geopolítica entre EE.UU. y Corea del Norte no pasó, por ahora, de escarceos verbales entre sus líderes.

    Para 2018 los pronósticos son, en general, optimistas sobre la economía global, si bien persisten ciertas incertidumbres que son observadas con atención por las autoridades uruguayas.

    El 29 de diciembre pasado, tras una reunión de evaluación de la política monetaria, el Banco Central señaló en un comunicado que “el panorama internacional continúa mostrando un alto grado de incertidumbre política y muy altos niveles de valuación de activos financieros, en un marco de crecimiento moderado en el mundo desarrollado. No deben subestimarse los riesgos implícitos de esta exuberancia de los mercados financieros, dado que el ajuste de precios de activos deberá darse de alguna manera. A nivel regional, se observa un leve crecimiento no exento de riesgos, ya que los desequilibrios macroeconómicos siguen presentes y no está claro el sendero de su resolución”.

    A continuación de ese análisis, agregó un párrafo en señal de confianza: “Las fortalezas que el país ha venido construyendo en los últimos años le permiten enfrentar razonablemente eventuales shocks adversos”.

    El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la economía mundial habría crecido 3,6% en 2017 y que lo hará a un ritmo de 3,7% en el año que se inicia. Son cifras que se acercan, después de mucho tiempo, a los que antecedieron a la última crisis global de 2008 (con subas de 4%).

    El Banco Mundial es un poco más cauto y proyecta una expansión de 2,7% este año.

    Algunos riesgos persisten. Ante un crecimiento económico que en algunos casos es todavía frágil, los bancos centrales de los países avanzados se ven forzados a replegar con lentitud las políticas expansivas que implementaron luego de la crisis que en 2008 desató el impago de hipotecas asociadas a títulos bursátiles, y que se expandió desde EE.UU. a Europa. La inflación y el empleo siguen por debajo de los niveles considerados óptimos.

    Trump

    Siguiendo su lema de campaña “América primero”, en enero de 2017 Trump juró como presidente de EE.UU. con un fuerte discurso nacionalista y la promesa de revitalizar la economía del país. En sus primeros meses de mandato firmó la salida del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por su sigla en inglés), el retiro del acuerdo climático de París y un recorte del presupuesto destinado a la Organización de Naciones Unidas. Todo esto mientras impedía temporalmente el ingreso de personas provenientes de Medio Oriente, anunciaba la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México y lograba sortear las denuncias sobre una supuesta injerencia rusa en su victoria electoral.

    Casi un año después, el economista Paul Krugman ­—cuyos artículos de opinión se centraron en temas políticos— intentó mostrase optimista en una reciente columna. “Muchos entramos el año esperando lo peor. Y en muchas maneras fue justo lo que obtuvimos. Donald Trump ha sido cada pizca de lo terrible que habíamos imaginado; y cada día continúa mostrándose sumamente inepto para el cargo, tanto moral como intelectualmente”, señaló.

    Para ese premio Nobel de Economía, la esperanza radica en la resistencia social que se expresó en marchas callejeras y acciones legales.

    Trump enfrentó también bloqueos en el Congreso. Sus intentos por levantar la totalidad de los beneficios del programa de salud adoptado por su antecesor, Barack Obama, quedaron truncados. Recién a fin de 2017 logró su primera victoria legislativa: la aprobación de un paquete de cambios tributarios que bajan la carga impositiva a las empresas y aumentan las exoneraciones a los individuos (que favorecerían sobre todo a los más ricos). Si esas medidas consolidarán la recuperación económica de EE.UU. es, todavía, una incógnita.

    La Reserva Federal (Fed por su sigla en inglés) espera que este año la actividad crezca 2,1%. Durante 2017, mientras otros indicadores —como la inflación y el empleo— todavía no terminaban de consolidarse, ese organismo continuó con la reducción gradual de estímulos monetarios, lo que se espera continúe con su futuro nuevo presidente.

    El nacionalismo prometido por Turmp no parece, por ahora, poner freno a la actividad: la salida del Nafta es aún solamente una declaración y del muro lo único que hay son prototipos.

    Repunte europeo

    “Todos los principales indicadores macroeconómicos” —crecimiento, desempleo e inflación— sugieren que 2017 habría sido el “mejor año de la economía estadounidense en la última década. Y la actividad mundial está disfrutando de un crecimiento sincronizado y expandido, muy por encima de lo esperado. La pregunta es ahora si esta performance robusta logrará mantenerse” en 2018, afirmó el economista de Stanford Michael Boskin, en una reciente columna publicada por Proyect Sindicate.

    La duda de ese exjefe del comité de asesores económicos durante la presidencia de George Bush padre, radica en cómo será la conducción de la política fiscal por parte de los nuevos gobiernos en Francia, el Reino Unido y los Países Bajos. En las últimas elecciones en esos países hubo un crecimiento de los sectores nacionalistas, aunque en todos los casos el triunfo quedó en manos de políticos de centro pero poco tradicionales o con escasa trayectoria.

    De todas formas, en Europa ya no suenan las alarmas por la crisis económica de Grecia y el Brexit sigue dilatándose en conversaciones políticas que intentan marcar una hoja de ruta para un proceso que llevará años.

    En el tercer trimestre de 2017, la Unión Europea creció 2,5%, recuperando el impulso de Francia, Holanda y Alemania, al tiempo que el desempleo bajó de manera sostenida hasta 7,4% de los 12 meses cerrados en octubre.

    Sin embargo, la inflación anual aún por debajo de 2% obliga al Banco Central Europeo a mantener su paquete de expansión monetaria. Este enero disminuirá nuevamente sus millonarias compras de títulos bursátiles, que espera terminar recién en el segundo semestre de 2018.

    Para algunos, hay señales que llaman a la cautela. El exministro de Economía griego Yanis Varoufakis dijo esta semana que “el euro, tal como está hoy, es insostenible”. Y agregó: “En España, la deuda total va al alza. En Italia hay fuga de capitales, una crisis bancaria en ciernes, una situación política explosiva. Lo que tenemos en Grecia no puede llamarse recuperación, y la deuda es impagable. Los ejemplos son inagotables. En toda la periferia hemos cambiado empleos a tiempo completo por trabajos precarios, y con ello se ponen en peligro las pensiones futuras y las bases de la economía europea. Me temo que no estamos para celebraciones”, dijo el político a El País de Madrid.

    Emergentes

    En general, las principales economías emergentes mejoraron su desempeño.

    Durante el último Congreso del Partido Comunista de China, el presidente Xi Jinping se refirió al inicio de una “nueva era” para el país. Su gobierno mantuvo el cambio en el motor del crecimiento económico, incentivando la demanda interna. Y aunque se mantiene por debajo de las tasas de dos dígitos de hace algunos años, el gigante asiático ha logrado registrar un aumento de su Producto Bruto Interno (PBI) cercano a 7%, sorteando los temores de una crisis de deuda.

    India le siguió los pasos; el FMI previó un crecimiento de 6,7%.

    Las principales economías emergentes latinoamericanas tuvieron una lenta recuperación durante el año pasado.

    México creció pese a la incertidumbre por las políticas de Trump.

    Brasil salió de una profunda recesión, al mismo tiempo que introdujo una flexibilización en el mercado laboral y se apresta a modificar el sistema de pensiones así como el impositivo. Esas reformas se concretaron a pesar de las dudas sobre la sustentabilidad del gobierno del presidente Michel Temer, quien enfrentó nuevas críticas por corrupción en una trama de sobornos alrededor de la firma cárnica JBS.

    También Argentina retomó el crecimiento. La administración de Mauricio Macri introdujo cambios al régimen tributario y a los ajustes jubilatorios. Y si bien esas medidas generaron fuerte rechazo popular, los inversores las aplaudieron porque las entienden necesarias para bajar un importante déficit fiscal cercano a 7% del PBI. Esa reacción positiva se extendió también ante el anuncio del gobierno de revisar la meta de inflación para 2018 a 15%.

    Sin embargo, ni Brasil logró aún recuperar el grado inversor perdido en 2015 ni Argentina consiguió salir de la clasificación de país “frontera” que realiza J.P. Morgan. Ese banco de inversión espera que en 2018 Brasil crezca 2,8% y que Argentina lo haga 3,3%.

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