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    La economía uruguaya concluyó 2016 mejor de lo que empezó, pero arrastra problemas

    Creció el PBI más de lo esperado, se moderó la inflación, aumentó el déficit fiscal y se incrementó la deuda pública

    El 2016 fue un año en que el presidente Tabaré Vázquez siguió de cerca los números de la economía, algunas veces en reuniones mano a mano con el ministro del área, Danilo Astori. En marzo coincidían en que había motivos para “prender una luz amarilla”, cuando la desaceleración de la actividad estaba siendo mayor a lo que se esperaba, el déficit fiscal venía ampliándose y la inflación se consolidaba en guarismos de dos dígitos. Pero con el paso de los meses la situación mostró cierta mejoría, en parte por indicios de recuperación en los países vecinos y un repunte de algunos precios de exportación. Así, en lo económico, el 2016 cerró con un cauto optimismo para el gobierno.

    Ése también es el estado de ánimo de parte del empresariado —como lo reflejó la Encuesta Anual de Evaluación y Perspectivas Empresariales de Búsqueda publicada en la anterior edición— y de las familias. El índice de confianza de los consumidores que elaboran la Cátedra Sura de la Universidad Católica y Equipo Consultores subió en noviembre, por tercer mes seguido, y quedó casi saliendo de la zona de “pesimismo”.

    Eso se da en un contexto de mejora reciente en varios indicadores macroeconómicos.

    Luego de meses de virtual estancamiento, el nivel de producción de bienes y servicios en el país creció más de lo esperado por autoridades y analistas privados en julio-setiembre, según datos del Banco Central (BCU). Otros indicadores parciales de actividad y del mercado laboral sugieren que la recuperación habría seguido en el tramo final de 2016.

    A su vez, la inflación se fue moderando en la segunda mitad del año, pero los números fiscales mejoraron solo parcialmente y el desequilibrio en ese frente se arrastra para 2017. De hecho, este mes entraron en vigor varias medidas catalogadas como un “ajuste” desde la oposición política y algunos analistas: postergación de ciertos gastos presupuestales, incremento de impuestos (y rebaja del IVA para pagos con tarjeta de débito) así como de tarifas públicas. En ese marco se deberá procesar este año la discusión de una Rendición de Cuentas para la que se dejaron pendientes incrementos de gastos cuando se aprobó la Ley de Presupuesto Quinquenal.

    “La evolución de las principales variables económicas (…) habilita a tener una perspectiva positiva” de cara a este nuevo año, declaró Astori en Radio Sarandí el pasado jueves 29 de diciembre. El 2017 será “algo mejor” que 2016, agregó.

    “Si bien los focos principales de preocupación de la política macroeconómica (el crecimiento económico, la reducción de la inflación y la adecuación de las cuentas públicas) han mostrado mejoras en el último trimestre, se deberá profundizar la orientación definida a efectos de consolidar dichos procesos”, indicó el BCU, a través de su Comité de Política Monetaria, reunido el pasado jueves 29.

    Producción.

    Si bien bordeó el estancamiento en algunos trimestres, el nivel de actividad siguió creciendo en 2016 (al menos hasta setiembre, el último dato oficial conocido).

    El Producto Bruto Interno (PBI) aumentó apenas 0,1% en enero-junio, 1,5% en abril-junio y 2% en julio-setiembre al comparar con los mismos períodos de 2015. De esa forma, en los nueve primeros meses la expansión fue de 1%, una cifra que augura un desempeño mejor de lo esperado por las autoridades económicas para el promedio del año que acaba de terminar.

    Sin embargo, la situación fue disímil por sectores y varios se comportaron de manera recesiva en enero-setiembre. Es el caso del agro (–1,2%), la industria (–1,1%), la construcción (–4,6%) y el comercio, restaurantes y hoteles (–2,1%), si bien varias de estas actividades repuntaron en el tercer trimestre.

    Desde la perspectiva del gasto, en enero-setiembre hubo un pequeño aumento (0,6%) del consumo final, pero disminuyó 3,1% la inversión (formación bruta de capital). “Los niveles de inversión, nacional y extranjera, pública y privada, hicieron posible que la economía nunca dejara de crecer”, comentó Astori.

    El comercio exterior reflejó la desaceleración de la economía. Los trámites para exportar mercaderías sumaron U$S 8.301 millones en todo 2016, una baja de 7,3% respecto al año anterior, informó el lunes 2 el Instituto Uruguay XXI. Los envíos mostraron cierta recuperación en noviembre y diciembre (5%).

    Ese organismo paraestatal de promoción del comercio y las inversiones estima que las exportaciones crecerán 5,7% en valores durante 2017 (con aumentos en todos los rubros principales, salvo el concentrado de bebidas y trigo).

    Sector externo.

    Las transacciones comerciales y financieras con el exterior fueron mostrando mejores cifras a medida que avanzó 2016.

    Hubo un incremento de U$S 732 millones en los activos de reserva en julio-setiembre, según los datos de la balanza de pagos difundidos el pasado viernes 30 por el Banco Central (BCU).

    El resultado de la cuenta corriente mejoró en ese trimestre y mostró un déficit de U$S 371 millones en los 12 meses a setiembre. Eso obedeció principalmente al descenso de las importaciones, si bien también se redujeron las exportaciones de bienes y servicios.

    En los 12 meses cerrados en setiembre la cuenta capital y financiera mostró una salida neta de fondos de U$S 1.578 millones. De todos modos, se trata de un saldo mucho más chico que en el año móvil a junio.

    Como consecuencia de esos movimientos, la balanza de pagos en períodos de 12 meses redujo su déficit de U$S 4.527 millones en junio a U$S 1.949 millones en setiembre. Como porcentaje del PBI el descenso fue de 8,9% a 3,8%.

    Empleo.

    El mercado laboral acompañó la desaceleración económica general.

    La proporción de personas en edad de trabajar dispuestas a hacerlo mostró una relativa estabilidad hasta octubre y la tasa de actividad se ubicó algo por encima de 63%, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

    Los puestos de trabajo disponibles, reflejados por la tasa de empleo, se redujeron en el segundo y tercer trimestres, pero repuntaron en octubre (tasa de 59,1%, el nivel más alto desde marzo).

    En ese contexto, la desocupación pasó de un promedio de 7,9% en enero-marzo a 7,8% en abril-junio y a 8,2% en julio-setiembre. La medición de octubre mostró una caída a 7,1%, lo que significa que había unas 127.500 personas dispuestas a trabajar que no conseguían un puesto.

    En cuanto a la “calidad” de los empleos, a mitad del año fue cuando se observó el menor porcentaje “sin restricciones” (71,5% en junio); entonces había 19,8% de puestos no registrados ante la seguridad social, 2,7% trabajando menos de 40 horas semanales pese a querer tener un horario más extendido y otro 6% que combinaba ambos problemas. Hacia octubre la situación mejoró ligeramente, básicamente por el descenso del empleo “en negro”.

    Ingresos.

    Los ingresos de los hogares sufrieron una ligera pérdida de poder de compra (–0,9%) en el promedio de los 10 primeros meses de 2016, respecto al mismo lapso del año anterior. Eso ocurrió pese a que los salarios crecieron 1,4% en términos reales hasta noviembre, según la última información del INE disponible.

    Inflación.

    La evolución de la cotización del dólar tuvo este año una incidencia notoria sobre el nivel de inflación.

    Después de haberse ubicado en niveles de dos dígitos desde febrero —con un máximo de 11% en mayo—, las autoridades económicas anunciaron un aumento del porcentaje de los pesos y dólares captados del público que las instituciones financieras deben mantener inmovilizados (encajes), así como una política monetaria más restrictiva. Eso se complementó con otras medidas que apuntaron a incidir sobre las expectativas y evitar que se consolidara la percepción de que habría una alza sostenida del costo de vida: por un lado, se encomendó una investigación —que todavía no terminó— en los mercados de ciertos artículos en los que podrían estarse fijando precios distorsionados por la poca competencia o razones similares. Por otro, se exigió a las cadenas de supermercados que empiecen a reportar diariamente al Ministerio de Economía los remarques que hagan.

    La tasa de inflación anual disminuyó sostenidamente desde junio (coincidiendo con una desvalorización del dólar), pero el descenso se interrumpió en diciembre. En dicho mes hubo baja de precios al consumo (deflación) de 0,55%, pero el año cerró con un registro de 8,10%, el mismo que en los 12 meses cerrrados en noviembre.

    Fue el nivel de inflación anual más bajo desde 2012 (7,5%), si bien superó otra vez la meta de 3%-7% definida por el gobierno. Astori cree que la tasa anual se acercará al techo del rango en los primeros meses de 2017.

    Fiscal.

    El 2016 empezó con niveles de déficit fiscal en períodos de 12 meses cercanos a 3,8% del PBI. La recaudación de impuestos acusó el impacto de la desaceleración económica. Pero más allá de eso, el desempeño de las principales empresas públicas tuvo una incidencia clave en la evolución de las finanzas públicas en su conjunto.

    Si bien ya desde el primer año del período de gobierno el Poder Ejecutivo hizo un monitoreo más cercano de los entes en general, en 2016 Ancap estuvo en el centro de la escena. En marzo asumió un nuevo Directorio encabezado por Marta Jara, que suprimió algunos negocios de la empresa —como bebidas alcohólicas y perfumes—; a la vez recortó desde 2017 los márgenes pagados a los distribuidores mayoristas de combustibles y las estaciones de servicio.

    En los 12 meses cerrados en noviembre el déficit fiscal se amplió a U$S 1.981 millones, el equivalente a 3,7% del PBI. El deterioro se explicó en parte por la contabilización de un egreso de U$S 71 millones en el marco de un acuerdo entre el gobierno y el banco Nova Scotia en el concurso de Pluna SA, informó el Ministerio de Economía el pasado viernes 30.

    Las calificadoras de riesgo estuvieron atentas a los gestos del gobierno frente a la situación fiscal, que amenazaba con poner a la deuda pública en una senda de insostenibilidad si no se tomaban medidas. Por eso, en mayo el Poder Ejecutivo anunció rebajas y postergaciones del gasto presupuestal además de aumentos tributarios —que suman unos U$S 450 millones— canalizados a través de la Rendición de Cuentas. Dichas medidas de “ajuste fiscal”, como las definió la oposición política y el sector empresarial, entraron en vigor con el cambio de año. El gobierno calcula que ello permitirá abatir gradualmente el rojo en las finanzas públicas, de forma que se ubique en 2,5% en 2019.

    La deuda bruta de todo el sector público se situó en U$S 33.269 millones al cierre del tercer trimestre de 2016, informó el BCU el último día hábil del año. El aumento fue de U$S 2.318 millones respecto a junio, y como porcentaje del Producto el endeudamiento global subió de 60,8% a 64,4%.Si se descuentan los activos de reserva —que aumentaron U$S 681 millones de un trimestre a otro—, la deuda neta ascendió a U$S 15.398 millones en setiembre. Eso representa casi 30% del PBI, un dato con el que deberá lidiar el gobierno en 2017 ante los ojos atentos de las calificadoras de riesgo.