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    La educación

    Sr. Director:

    ¿Cómo mejorar la educación pública y gratuita del Estado?

    Las personas con más de 50 años tal vez recuerden cuando Conaprole, Funsa y el Frigorífico Nacional eran monopolios. Conaprole y el Frigorífico Nacional tenían el monopolio de abasto en Montevideo y Funsa gozaba de protección mediante leyes que prohibían la importación de neumáticos, con las siguientes consecuencias:

    * Conaprole comercializaba leche pasteurizada y yogur, este último solo en una modalidad, venía en un frasquito en estado natural sin sabores ni edulcorantes.

    * El Frigorífico Nacional comercializaba la carne y sus derivados a precios sumamente elevados y con frecuente escasez, mientras los frigoríficos y mataderos en el interior del país lo hacían a menor precio y sin escasez. Tanto así que recuerdo dos fenómenos interesantes: uno, a nuestras madres viajando a Canelones para comprar carne más barata con el riesgo de sufrir la requisa de su compra y, dos, un comercio ilegal de contrabando de carne con camionetas y camiones surtiendo en la noche a las carnicerías, fuertemente reprimido por la “comisión de represión del contrabando ilícito de carne en Montevideo”. Recuerdo que la comisaría responsable de esa represión estaba detrás de colegio Crandon y podían apreciarse los vehículos requisados. No era extraño algunas noches escuchar las sirenas policiales y también disparos de armas de fuego.

    * Funsa comercializaba sus productos a precios hasta dos veces más caros que los producidos en el exterior. Es más: en Brasil se vendían los neumáticos Funsa a mitad del precio que se pagaban en Uruguay.

    Con posterioridad, el gobierno uruguayo liberalizó primero eliminando los monopolios de Conaprole y del Frigorífico Nacional para la ciudad de Montevideo y después bajando los impuestos a la importación de neumáticos.

    Estas medidas tuvieron diferentes resultados sobre las empresas mencionadas.

    La libre competencia e importación de productos lácteos puso a Conaprole a actualizarse y a desarrollar productos competitivos con los importados, exitosamente. Basta hoy recorrer las góndolas de los supermercados para darse cuenta de lo que digo. También transformó a Conaprole en un fuerte exportador.

    No corrieron esa misma suerte ni Funsa ni el Frigorífico Nacional. Por diferentes causas de rigideces presupuestarias, no pudieron competir y hoy ya no existen.

    A esta altura estarán preguntándose qué tiene que ver este relato con la mejora de la educación. Vamos a ver si logro explicarlo. Yo creo que siempre la libertad y la competencia es la mejor manera de que las cosas se encaucen y mejoren todos los días. Claro, eso tiene el riesgo de que algunos que no puedan competir y mejorar queden por el camino, pero así son las leyes de la evolución.

    En Uruguay existen simultáneamente dos sistemas educativos, el público gratuito estatal y el público privado pago y, según los resultados de las pruebas PISA divulgados esta semana, el segundo obtuvo mejores resultados que el primero.

    Sabemos que la mayoría de los educadores cumplen funciones en ambos sistemas y seguramente egresaron de los mismos centros de formación docente. Entonces no es culpa de la formación de los educadores los resultados obtenidos; acusarlos de ello es una gran injusticia.

    En mi forma de ver las cosas la enorme diferencia está en la gestión.

    La educación pública privada paga, si bien debe cumplir ciertos requisitos exigidos por las autoridades de la educación, en todo lo demás tiene libertad de gestión, puede poner reglas y exigencias de buen cumplimiento, puede seleccionar y contratar a los educadores según sus propios parámetros, puede, cumpliendo con los planes de estudio de la autoridad, complementarlos y mejorarlos, cambiando esas mejoras sobre la marcha y adecuándolas al rendimiento.

    La educación publica gratuita del Estado ha ido creando a través del tiempo una centralización burocrática digna de las mejores épocas de la Unión Soviética. Se llenó de diferentes estamentos como “las asambleas técnico docentes” y otros que difieren en el tiempo cualquier decisión, se enredan en discusiones bizantinas, luchas por el poder, diferentes conceptos ideológicos y políticos perdiendo de vista el objetivo para el cual fueron creadas: “el educando”. Toda esa maraña burocrática funciona como una loza sumamente pesada y desmotivadora sobre los “educadores”.

    ¿Y saben qué? En los comentarios recientemente hechos por los políticos y autoridades de la educación solo percibí ataques y defensas, pero no ideas claras. No tienen la menor idea de qué hacer con la educación pública gratuita del Estado. Todos le exigen a la burocracia y al gobierno más dirigismo y esa no es la solución. La solución pasa por más libertad, más competencia, más selección natural; sí hacer una reforma, pero una reforma que le otorgue a cada centro educativo la mayor libertad de gestión posible.

    Imaginemos por un momento, dejando nuestros prejuicios de lado, que se pague mensualmente a cada centro educativo por la cantidad de alumnos inscriptos y que sea una comisión integrada por el o la director/a más algunos padres y maestros quienes decidan todo lo concerniente a esa escuela o liceo, desde cómo se aplican los planes de estudio, con qué nivel de exigencia, cómo se actualizan los mismos para mejorar los resultados, pasando por los gastos de mantenimiento edilicio, contratación de educadores hasta tener la posibilidad de decidir aumentos de sueldo según la rentabilidad del centro, la excelencia de los educadores y los resultados obtenidos.

    Para completar y que funcione la selección natural, otorgar plena libertad a los padres y tutores de que anoten a sus hijos donde mejor les parezca.

    Tengan la seguridad de que poco a poco, la libre competencia entre los centros educativos y sin el peso de la burocracia centralizadora obtendrá como resultado la mejora permanente.

    ¿Qué hacer con la burocracia? Los centros necesitarán administrativos para las nuevas responsabilidades. Bien: “descentralicemos”. Lo que es bueno para toda la administración también debe ser bueno para la educación. Démosles la posibilidad de ir a colaborar con cada escuela o liceo y a los excedentes, jubilarlos.

    Por supuesto que esto puede mejorarse de mil formas, pero siempre evitando el riesgo de burocratizar los centros educativos.

    Esto es solo una idea.

    Guillermo Asi Méndez