Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn uno de mis últimos viajes a Asunción del Paraguay quedé sorprendido por el marketing de una universidad, la Universidad del Sol, que —tal como muestro en la foto que rápidamente saqué— es un centro educativo con carreras como Derecho, Contabilidad y otras varias cosas.
La Universidad del Sol no es una excepción, y es parte de lo que ocurrió a comienzo de los 2000, y con la llegada de los gobiernos progresistas a la región. En ese entonces la educación universitaria en toda América Latina conoció una expansión como nunca antes, principalmente gracias a la apertura de cientos de universidades en varias partes del continente. Estas universidades, que en su mayoría no contaban con presupuestos estatales ni grandes matriculas, se constituyeron en las llamadas “universidades de garaje”, a saber, cuatro paredes y un techo, más una habilitación sin demasiadas exigencias, hacía que un espacio altamente cuestionable se transformara en una universidad. Esto no era visto como problemático, después de todo, era el primer paso para llevar la educación universitaria a sectores históricamente relegados. Lo más parecido a esto en el Uruguay es el proceso de descentralización de la Udelar.
Existieron grandes objeciones a estas universidades, entre otras cosas se alegaba que eran grandes reductos ideológicos de algunos de los principales populismos regionales, que la calidad era altamente cuestionable, que la mayoría de los docentes no tenía las credenciales necesarias para impartir cualquier cátedra. Estas críticas fueron rápidamente desechadas, argumentando que cualquier oposición al proyecto de expansión de la educación universitaria era un ataque de las oligarquías, que con el brazo de la derecha organizada estaban tratando de mantener sus privilegios alejando a los sectores populares del acceso a la educación superior.
Por aquel tiempo también se popularizó la frase “Las ciencias sociales pueden y deben contribuir al proyecto de izquierda”, como un imperativo ético profesional, que nos marcaba un rumbo por el cual el norte era bien evidente: no solo luchar por la redistribución y el acceso al bienestar de todos, sino hacer esto en el marco de la izquierda. Acá no había nada nuevo, la hegemonía de la izquierda en las ciencias sociales latinoamericanas no es nueva, Clacso ya tiene unos cuantos años por si queda alguna duda. Lo nuevo parecía ser el llamado al compromiso militante, que en Uruguay, por ejemplo, se cristalizó en iniciativas como el Ecomite, un comité de base en la Facultad de Economía.
Tal vez algunos ya hayan detectado que la receta para el caos ya estaba lista, tal vez algunos no, por eso vamos a ver qué paso después. Y es que comenzaron a haber problemas asociados a la calidad, que se empezaron a observar una vez comenzaron a egresar los noveles profesionales de las nuevas universidades de garaje. Y comenzó a haber claros problemas de reconocimiento y habilitación de título, tal vez uno de los casos más cercanos a Uruguay vino de la mano de la Unila en Foz do Iguaçu, con programas que la Udelar no reconoce, y por tanto algunos profesionales no están habilitados para ejercer, o no lo están para continuar estudios de posgrado. Y no es una cuestión de la oligarquía evidentemente, porque si hay algo que no se puede decir de nuestra Udelar es que esta sea un reducto de la burguesía de derecha. El problema es que la currícula era bastante más que cuestionable.
Otro problema que comenzó a aparecer fueron los problemas de inserción laboral de los noveles profesionales, en virtud de que algunos títulos, de las nuevas carreras, no parecían encontrar espacio en el mercado laboral, y aparentemente la premisa de “crear demanda” era de una arrogancia sin un correlato empírico. Un problema similar con el empleo comenzaron a tener los egresados de carreras más tradicionales que sí habían conseguido trabajo, debido a que parecían no poseer los conocimientos básicos que sus profesiones requerían, y a mí que me disculpen, pero yo no vendría confiando en las capacidades de un abogado egresado de la Universidad del Sol.
Cualquier evaluación medianamente sobria de lo que había ocurrido, y del proceso y los modos en que se dio la expansión de la universidad en América Latina, debería haber reflexionado sobre los problemas de la flexibilización que dieron origen a las universidades de garaje. Y es que cualquier reflexión, con una mínima preocupación sobre la equidad, y que busque contribuir a la inclusión de los sectores postergados, debería haber entendido que hay veces que es peor hacer algo mal, que no hacer nada. Esto es completamente contrario al mainstream más voluntarista que en este país se encarna en el MPP, ya que como le escuché una vez a una militante del MPP que además está en un importante cargo técnico de una política pública: “No importa los millones de dólares que se gasten, con que se logre ayudar aunque sea a uno, ya es suficiente”.
Esta idea, aplicada a educación, genera lo que se conoce como un modelo de dos tiempos, donde hay un conjunto de universidades de elite, y otro conjunto de universidades medio pelo, lo que en EE.UU. es la Ivy League en relación con los college comunitarios. En este caso, existen las universidades históricas promedio, y un segundo nivel de universidades de garaje, que cristalizan el modelo de dos tiempos, con profesionales de categoría A y B respectivamente, lo cual, genera una nueva brecha de desigualdad.
La cuestión es que la tonelada de soja ya no se vende a 600 dólares, y China ya no compra lo que compraba. Al mismo tiempo, el ciclo político se revirtió, y en varios países está volviendo la derecha. ¿Qué está pasando desde entonces? La caja nacional es más chica, hay que recortar y hay que empezar a evaluar por dónde. Evidentemente las universidades de garaje están en la mira, lo cual es razonable, cuando una política pública falla tan estrepitosamente, hay que tomar medidas. ¿Cómo se recorta en estas universidades privadas? Cortando becas de acceso, fondos de financiamiento en investigación, y quitando las exoneraciones impositivas. Evidentemente se ha sido demasiado duro en el proceso, y están pagando justos por pecadores, y es que no todas las universidades de garaje han hecho las cosas mal, así como también es verdad que la Unila y la Universidad del Sol no son lo mismo.
¿Y el Ecomite y la trinchera ideológica? Bueno, es evidente que no existe la objetividad científica perfecta, y uno puede tener un sesgo de izquierda en su práctica profesional como lo tiene quien escribe. Pero una cosa es eso, y otra cosa es creer que mi práctica profesional debe aportar al proyecto de izquierda. Porque como ya ha dicho un colega: es verdad que la objetividad científica, así como la asepsia perfecta no existen. De todos modos, no es lo mismo operarse en un quirófano esterilizado que en una cloaca. Las ciencias sociales latinoamericanas, y la Sociología en particular, han tirado la chancleta. Simplemente leyendo las declaraciones de Clacso los invitados y panelistas a sus eventos y sus programas de formación, basta para entender que se está operando en una cloaca carente de cualquier prurito respecto al cuestionamiento de la objetividad. Muchas de las universidades de garaje desarrollaron programas en ciencias sociales —que es lo que tendemos a estudiar quienes provenimos de hogares pobres— altamente politizados que son buena parte del caldo de cultivo de Clacso, con equipos docentes más asociados a la militancia política, sindical y social de izquierda que a la labor académica. Esto es particularmente evidente en los países donde los progresismos fueron más populistas: Argentina, Venezuela, algunas partes de Brasil, Bolivia, y Ecuador.
Por lo tanto, recortar por el lado de las universidades de garaje, ha implicado cortar uno de los principales espacios de la producción —política (!)/académica (?)— de estos nuevos militantes(!)/docentes(?) de las ciencias sociales y Sociología. El caso del recorte del Conicet en Argentina y que se dejara de financiar proyectos de importantísima relevancia nacional, puede haber tenido que ver con la falta de la legitimidad del arbitraje del instrumento de financiación, que hacía entrar la investigación contra el cáncer, y contra procesos de desigualdad estructural, en el mismo lugar que el “mesianismo” en Star Wars: lógica anticristiana y “budismo” occidental, o quienes analizaban el Rey león, las revistas de Anteojito y hasta las canciones de Ricardo Arjona. Es evidente que la UBA lo resiente menos que el Instituto Universitario Nacional de Derechos Humanos Madres Plaza de Mayo, con una producción 100% anclada en las ciencias sociales, y con menor presupuesto que la UBA, y por lo tanto mucho más dependiente del Conicet.
Las ciencias sociales son muy importantes y la universalización de la educación formal obligatoria y el incentivo al ingreso de todos en la educación universitaria también. Pero —respecto a la segunda— se debe hacer sin atajos y sin crear nuevas brechas. Con respecto a las ciencias sociales, las mismas pueden y deben aportar a un proyecto de redistribución y equidad, lo cual no es patrimonio de la izquierda, que en varios casos, en varios países ha demostrado ser un reproductor de desigualdades, las universidades de garaje son un ejemplo. Por eso, y en defensa de las ciencias sociales y la educación superior latinoamericana, el llamamiento debería ser: luchar por educación de calidad, regularizando y ayudando a las universidades de garaje que así lo merezcan, para que puedan dejar de ser de garaje. Esto hay que hacerlo desde evaluaciones desde las ciencias sociales, sin el deber militante de defender todo lo hecho por la izquierda, sino permitiendo ser crítico —en el único buen sentido que se puede— y sabiendo que la realidad es porfiada, y se impone sin importarle demasiado lo que nosotros creamos o queramos. Hay que contribuir —con un horizonte de equidad— a mejorar los procesos existentes, sin perderse en utopías creyendo que si se milita mucho y con fuerza, eventualmente se va a torcer la naturaleza humana y se va a ajustar a nuestra utopía.
“Si ves las barbas de tu vecino arder…” implica un llamado de atención para Uruguay, donde la situación de la educación superior está muy lejos de ser tan caótica como lo es en Argentina y Brasil. Por nuestro modelo universitario y la fuerte presencia estatal en todos los aspectos de nuestra vida, los procesos han sido bastante más moderados y cuidadosos. Pese a esta calidad relativa en los procesos, igual estamos cometiendo errores, por ejemplo: i) financiando investigación de dudosa calidad; ii) haciendo contrataciones y renovaciones de profesionales altamente cuestionables; iii) abriendo carreras guiadas por el principio de la creación de la demanda, con la consecuencia de que sus egresados no están pudiendo encontrar trabajo; iv) pensando en abrir y autonomizar centros de educación superior que desde todo punto de vista técnico no pasan los estándares mínimos, pese a que han sido proceso que se han truncado por la forma de gobierno que tendrían, antes de la reflexión sobre la calidad educativa; y v) radicalizando la política partidaria en la vida y el cogobierno universitario, con un rector electo que no pudo hablar en pleno Paraninfo por la resistencia de sectores radicales del orden estudiantil. Es evidente que no siempre va a haber incremento presupuestal, y de hecho la Udelar ha sido severamente castigada por las rendiciones de cuenta en los últimos años, por lo tanto hay que poner especial atención a lo que estamos haciendo, para que cuando el contexto político y económico no sea favorable, no terminen pagando justos por pecadores.
Mag. (c) Pablo Menese Camargo
Profesor asistente con dedicación total
Centro de Estudio de Políticas Educativas
Universidad de la República