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    La elección del Papa (II)

    La institución Sumo Pontífice es motivo principal del periodismo mundial. O sea, la gran prensa internacional juega sus cartas en función de los intereses políticos que representa. Incluyendo nuestro país que, es obvio, no escapa a esas influencias económicas e imperiales. En buen romance, el “macaneo” en aras de bajos intereses es libre. La Iglesia maneja una realidad de casi 1.500 millones de feligreses —para los que dicen que somos menos— cubriendo el orbe en todas sus dimensiones pobladas. Semejante responsabilidad, espiritual y trascendente ético vital en el mundo, da lugar a que otras fuerzas representadas en logias unas, naciones racistas otras e incluso, claro está, diversos dogmas religiosos que tratan de competir por las hegemonías respectivas. Entre las muchas características que hoy se representan ante semejante competencia, está el enfrentamiento con los imperios y sus ambiciones desenfrenadas por las riquezas y su poder, aplastando al mundo subdesarrollado con pueblos que sufren con la proliferación de guerras. Particularmente la EEUU, su círculo íntimo y asociados en la ocasión dedicados a la rapiña del petróleo árabe e iraní, si pudieran con estos últimos. La única institución que sin ejércitos, poder atómico, misiones económicas originadas en Wall Street y similares, capitales despóticos y feroces al fin, simplemente “poniendo la otra mejilla” como nos mandató Jesús, se opone a esos crímenes, es la Iglesia Católica. Esta realidad vuelca la opinión de 1.500 millones de almas que desaprueban y condenan de la manera moral más contundente a los imperios depredatorios. Hay una opinión mundial que tiene un peso específico gravitante. Ante la impotencia de “meterse” dentro de la religión, su estructura administrativa, con defectos y errores que cualquier administración por religiosa que sea tiene, ya que es manejada por seres humanos y, no obstante, ante ello existe un “muro” infinitamente más poderoso que el entonces de Berlín o el actual similar de Gaza, impidiendo que fuerzas oscurantistas puedan influir en las estructuras vaticanas. Los cálculos y presiones que quieren influir en la elección del futuro pontífice, quedan siempre del lado de afuera de las lacradas puertas del Concilio Elector. Se habla del Papa negro, del asiático, del ruso, del hispanoamericano y por supuesto con mayor énfasis de cardenales yanquis y etcéteras. Sin tener en cuenta que cuando salga el humo blanco respectivo, el que mandó encender el “chesquero” es el Patrón de Arriba. Alguna vez lo dije, tengo la más absoluta seguridad que no será un Dios yanqui, ni sajón, ni judío, ni criollo adepto a logias masónicas y demás; quien lo mandata es el Dios de todos. Particularmente defensor de los pobres, de los más necesitados, hambrientos y sedientos, o sea el de los subdesarrollados. Que yo sepa no existen dioses de la banca y menos de Wall Street, ni depredadores del petróleo ni de las guerras o genocidios. Ese será el Dios del amor, del perdón, de la misericordia. Vendrá sin duda de la mano del auténtico Mesías o sea de Jesús.

    Leopoldo Amondarain

    CI 950.556-0