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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace unas semanas se publicó en esta seccion de Cartas al Director un texto elaborado por el Dr. Cajarville sobre el proyecto de ley de urgente consideración. Si bien mi opinión no agrega autoridad a su prolija argumentación, me adelanto a afirmar que estoy de acuerdo con sus conclusiones. En todo caso, más allá de los debates que esta cuestion suscite en el terreno de la doctrina jurídica sobre las prerrogativas de la rama legislativa y los debidos equilibrios que deben respetarse para preservar dichas prerrogativas, entiendo que esa iniciativa de la rama ejecutiva, por la multiplicidad de los asuntos que abarca y por los términos perentorios en que deben ser procesados, constituye una modalidad de ejercicio de la autoridad que violenta al pluralismo politico en la medida en que no permite a la ciudadanía disponer de los tiempos y las oportunidades apara atender a todas las voces y testimonios disidentes. En efecto, los tiempos prestablecidos para el trámite no solo limitan los aportes provenientes de las minorías legislativas que ya han adelantado su discrepancia con la iniciativa, sino que, además, imposibilitan auscultar a los elementos de juicio acumulados por distintos núcleos de ciudadanos familiarizados, así como los testimonios de los involucrados de múltiples maneras en los distintos asuntos abarcados por el proyecto en cuestión (aquí debe entenderse “involucrados” en el sentido más amplio que incluye hasta aquel delincuente procesado que llega a identificar lagunas e inconsistencias en los procedimientos que se le aplicaron para enjuiciar su delito). En particular, resulta inapropiado recurrir a ese trámite abreviado cuando se pretende revisar disposiciones sancionadas a lo largo de sucesivos períodos e introducir modificaciones en sistemas codificados de leyes, el Código Civil y el Código del Proceso Penal. Un parlamento legislando al barrer y a las apuradas, reduciendo los tiempos para la escucha recíproca, ofrece una mala señal y un mal ejemplo para la ciudadanía uruguaya, a la vez que ayuda a confirmar una imagen devaluada de nuestra democracia y de nuestros dirigentes políticos.
Ahora bien, el motivo que me ha inducido a escribir la presente carta no es dejar constancia de mi opinión sobre el recurso al trámite legislativo de urgente consideración. Lo que me preocupa y me parece tanto o más dañino para nuestra cultura cívica es que las principales voces que se han adelantado a proclamar su agravio por el atropello al pluralismo político provengan del seno del Frente Amplio, del PIT-CNT y de la Universidad de la República. Y es que en esos tres ámbitos, y a lo largo de los ultimos 25 años, nunca ha habido una condena oficial para los múltiples casos en los que algunos de sus voceros autorizados han incurrido en todas las formas imaginables de acoso, escrache y patoterismo sobre posiciones y personas discrepantes con las consignas oficialmente proclamadas. Con el añadido de que el universo de las víctimas de esos atropellos y descalificaciones públicas ha abarcado también a integrantes de esos tres colectivos, es decir, a docentes, dirigentes políticos, militantes sindicales, actores teatrales, periodistas, etc. Quienes, a pesar de su condicion de adherentes, tuvieron la mala fortuna de despertar las iras de los celosos custodios jacobinos del pensamiento políticamente correcto. Y a lo anterior hay que añadir los daños colaterales que provocan esas cruzadas represivas en la vida interna de tales ámbitos, sus deterioros medibles en términos de amordazamientos y de ostracismos autodecretados para evitar ser objeto de acosos y de postergaciones. Algunos no han soportado vivir en esa atmósfera y se han apartado abiertamente. Otros, responsables de los principales y más valiosos aportes a los gobiernos del Frente Amplio, así como al desarrollo de la investigación y docencia universitaria, han aceptado el precio de soportar el griterío de los energúmenos a cambio de que estos renuncien a poner en ejecución sus despistadas consignas y reivindicaciones.
La comprobación de tal inconsistencia flagrante entre la encendida defensa del pluralismo avasallado por el trámite legislativo de urgente consideración, por un lado y, por el otro, el silencio cómplice o la comisión directa de actos reñidos con las exigencias más elementales del pluralismo era lo único que faltaba para terminar de convencer a amplios sectores de la ciudadanía uruguaya que los discursos elogiosos a tales exigencias no son más que tributos hipócritas a una disposicion que nadie aplica y cuya reivindicación solo opera como un arma arrojadiza para descalificar a los adversarios.
A continuación, menciono algunos episodios que ilustran hasta qué punto han frecuentado los peores extremos de intolerancia cívica los integrantes de aquellos colectivos que ahora aparecen como denunciantes indignados del atentado al pluralismo asociado al trámite legislativo de urgencia. Empiezo por la desgremialización de Ricardo Vilaró, dirigente sindical de los docentes de secundaria y militante frenteamplista, por colaborar, junto con otros distinguidos profesores también alineados a ese partido, en la reforma propuesta por Germán Rama en el marco de un gobierno presidido por el Dr. Sanguinetti. Vale la pena recordar la consigna que manejaban en ese entonces los dirigentes frenteamplistas de ese sindicato: “No podemos permitir que el gobierno de otro partido haga la reforma que nosotros queremos hacer cuando nuestro partido asuma al gobierno”. A pesar de que no discrepaban con los lineamientos de la reforma de Rama, no tuvieron empacho en denunciarla como un instrumento al servicio de las transnacionales y de las recetas provenientes de los organismos internacionales de crédito.
Un trato igualmente falaz y aberrante recibieron muchos años después los jerarcas que el propio Frente Amplio había designado para encabezar la reforma de la enseñanza en el segundo gobierno de Tabaré Vázquez. Me refiero a Juan Pedro Mir y a Fernando Filgueira, sacrificados para no enfrentar a una dirigencia sindical que de nuevo recurrió a la descalificación fraudulenta de las propuestas reformadoras. Al igual que Ricardo Vilaró eran frenteamplistas y nunca renegaron de esa condición, pese a lo cual, y a sus destacadas trayectorias profesionales, ningún dirigente de esa colectividad ni sus colegas docentes alzaron su voz para defenderlos cuando fueron acusados de promover la mercantilización y la privatización de la enseñanza. La propia ministra de Educación de esa época, María Julia Muñoz, convalidó ese tratamiento hostil cuando señaló que “Mir es un simple maestro de escuela”.
Dentro del mismo rubro, la más reciente muestra de antipluralismo fue protagonizada por los integrantes del instituto de evaluacion educativa al negarse sistemáticamente a publicar los informes elaborados. En este caso, la víctima también fue un docente frenteamplista —Pablo Cayota—, que terminó renunciando y sobre el que también se descargaron las iras de los barrabravas. Pero el principal blanco de sus ataques fue Eduy 21, en la que partipan especialistas en enseñanza de todos los partidos y cuyas orientaciones fueron denunciadas por los dirigentes gremiales de los docentes como inspiradas por el modelo mercantilizador recomendado por la Ocde y el Banco Mundial.
Las hostilidades y descalificaciones que recibió Un Solo Uruguay constituyeron una nueva y ejemplarizante muestra de las disposiciones prevalecientes en el Frente Amplio y en el PIT-CNT con respecto a aquellas movilizaciones sociales que no controlan y que se atreven a demandar revisiones de algunas políticas públicas. El punto culminante de ese trato discriminatorio fue la utilización de la página de la Presidencia de la República para escrachar a un colono que había tenido un altercado con el propio Tabaré Vázquez. A su vez, el propio vazquezeste ha incursionado en un terreno que hasta ahora no había sido frecuentado por nuestros dirigentes políticos: promovió el desprecio hacia sus adversarios políticos ridiculizándolos mediante una imitación caricatural de la voz gangosa de Jorge Larrañaga y adjudicándole a Luis Lacalle Pou el mote de “pompitas”.
Con todo, los desempeños del Frente Amplio más reñidos con el pluralismo se ubicaron en el propio terreno legislativo, en el que ahora reivindica sus fueros. Por lo pronto, rechazó sistemáticamente los pedidos de la oposición de designar comisiones investigadoras y, en el único caso en que se avino, las denuncias sobre irregularidades en Ancap, no tuvo empacho en aprobar un informe que declaraba infundadas tales denuncias. Muy poco tiempo después fue necesario aprobar una recapitalización del ente en cuestión para sanear una situación financiera insostenible, en la que ya no estaba en condiciones de hacer frente a sus compromisos.
Los casos mencionados no agotan el repertorio de gestos y conductas violatorias del pluralismo protagonizados por quienes ahora figuran en la primera fila de los agraviados por el trámite legislativo de urgente consideación. Confieso que, algunos de los episodios sintomáticos de una sistemáticamente cultivada intolerancia con respecto a las minorías disidentes, me retorcieron las tripas y estoy seguro de que algo parecido les pasó a muchísimos frenteamplistas. En particular recuerdo con amargura como la tribu frenteamplista cerró filas para defender a Raúl Sendic y para atribuir toda clase infamias a los denunciantes y a los medios de comunicación que recogían tales denuncias. A nivel personal, me sentí atropellado cuando académicos —de notoria filiación frenteamplista—, a quienes aprecio personalmente y valoro por su integridad moral e intelectual, han sido y son sometidos a acosos y amenazas porque tienen la osadía de marcar matices y establecer distinciones en los debates sobre políticas públicas, por tratar de mantener un nivel de calidad en los recursos argumentales.
Por último, un episodio reciente ilustra a la perfección el tipo de mentalidad tribal y falaciosa que gran parte de los uruguayos —de las más diversas afiliaciones— se han dedicado a entrenar y pulir. En ocasión de una conferencia de prensa, el presidente Lacalle confirmó su disposición a mantener y aplicar la ley de interrupción voluntaria del embarazo, señalando que había sido sancionada por una amplia mayoría legislativa y que la iniciativa de su revocación solo había reclutado una minoría de respaldos. Una vez aclarado el punto central, se adelantó a aclarar su posición personal al respecto, así como su disposición a facilitar los trámites de adopción y a tratar de ampliar las opciones y los recursos puestos a disposición de las mujeres embarazadas. Este agregado final, en el que el presidente no ocultó cuál era su posición a título estrictamente personal sobre el aborto y dejó bien claro que la misma no entraba en conflicto con sus decisión como mandatario de ajustarse al marco legal previamente sancionado, fue utilizado por la senadora Carolina Cosse y por la diputada Cristina Lustemberg como excusa para denunciar al presidente como responsable de una maniobra destinada a desconocer los derechos de las mujeres a optar por la interrupción de su embarazo. Los tonos de indignación que acompañaron a esa denuncia no ocultan que ambas legisldoras incurrieron en una deliberada distorsión de las declaraciones del mandatario, que se trató de una patraña burda y patética, de esas que terminan dando vergüenza ajena.
Tanto el PIT-CNT como el Frente Amplio deben reaccionar, porque la ciudadanía uruguaya los necesita a ambos en su mejor versión. El Frente Amplio debe llamar a silencio a los soberbios y a los matones, elegir a sus voceros entre quienes asumen compromisos y conductas genuinamente pluralistas, como Yamandú Orsi y Daniel Martínez. El PIT-CNT debe encontrar dirigentes que prolonguen el legado de Juan José Ramos y de Richard Read y de ese modo hacer que todos los uruguayos nos sintamos orgullosos de ser interpelados por un sindicalismo responsable e independiente. El matonismo y la soberbia del PIT-CNT han provocado una reacción mayoritaria de condena a sus desempeños, la que hoy se refleja en las encuestas de opinión. A su vez, el Frente Amplio ha conseguido que por primera vez en nuestro medio ciertas convocatorias inequívocamente derechistas y “antisistema” hayan reclutado respaldos masivos. En ese sentido, los rencores y agravios que despertó el Frente Amplio en ciertos sectores de la población tienen un cierto parntesco con los que impulsaron a los Trump, Bolsonaro, Boris Johnson, Marine Le Pen, Vox, etc.
Charly