N° 1995 - 15 al 21 de Noviembre de 2018
N° 1995 - 15 al 21 de Noviembre de 2018
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCaminar con el celular en la oreja fingiendo que hablamos con alguien, como si fuéramos Perciavalle en el sketch del teléfono; andar con lentes negros y usar auriculares; elegir la ropa que nos vamos a poner según los lugares por los que vamos a pasar y la hora a la que vamos a volver; tomarnos un taxi aunque sea por unas cuadras; salir acompañadas. Estas son solo algunas de las estrategias que las mujeres usamos cotidianamente para poder habitar el espacio público, para evitar la violencia sistemática que implica el acoso sexual callejero (ASC).
La semana pasada se presentó el Diagnóstico sobre la violencia hacia las mujeres en espacios públicos de Montevideo, realizado por la Facultad de Ciencias Sociales, en el marco del programa Ciudades y Espacios Públicos Seguros para Mujeres y Niñas que lleva adelante ONU Mujeres junto con la Intendencia de Montevideo. A partir de la evidencia empírica recabada, el documento afirma que el acoso sexual es el principal problema que las mujeres enfrentan diariamente en el espacio público.
El ASC tiene cinco características centrales: es unidireccional (se ejerce desde los hombres hacia mujeres y niñas); el agresor es desconocido para las mujeres (y el anonimato otorga impunidad); sucede sin el consentimiento de estas; alude siempre a la sexualidad (lo que refleja y refuerza el sistema de valoración de niñas y mujeres en nuestra cultura); y es una práctica tan habitual que la violencia termina resultando invisible. Quien comete la agresión es casi siempre identificado como un hombre adulto, o como un grupo de hombres jóvenes, mientras que las principales víctimas son mujeres jóvenes y adolescentes (las entrevistadas señalan que vivieron su primera experiencia de ASC en el entorno de los 12 años).
Es importante entender que este tipo de acoso sexual, que ha sido históricamente minimizado y naturalizado, constituye para las mujeres una problemática que limita nuestro derecho al uso y disfrute de la ciudad, e impacta negativamente en nuestro transitar cotidiano. Según el estudio sobre ASC presentado en octubre por el Colectivo Catalejo: “Las emociones experimentadas con relación al acoso callejero son displacenteras. Esto se aplica a todos los casos, indistintamente del tipo de acoso vivido”. Los relatos muestran que las mujeres se sienten incómodas, intimidadas y angustiadas en forma cotidiana debido al acoso, incluso cuando es del tipo “verbal halagador”.
Este miedo “silencioso” impacta sobre nuestra calidad de vida y genera una situación de desventaja: el espacio público no puede entenderse como un espacio “neutro” sino como un espacio desigual para hombres y mujeres. Como plantea el diagnóstico, en el ámbito público la mujer es construida como “objeto del deseo”, como cuerpo sexualizado sobre el que los hombres tienen derecho a pronunciarse. Esta situación de vulnerabilidad se potencia cuando se trata, por ejemplo, de mujeres afro o mujeres trans.
Para poder circular de noche, muchas recurren a taxis o Uber: eso genera un sobrecosto económico que no experimentan los varones (mientras que 81% de las mujeres usa con frecuencia los servicios de taxi, solo 19% de los varones lo hace, según datos de PNUD Uruguay). La intersección con el nivel socioeconómico podría estar generando situaciones específicas de desigualdad: aquellas mujeres que no pueden acceder a un servicio de taxi, podrían ver aún más limitado su transitar por la ciudad.
Sin dudas, la forma de abordar este problema ha cambiado positivamente en los últimos años: pasó de entenderse como “piropo” a enmarcarse en términos de acoso y violencia de género. Sin embargo, queda mucho camino por recorrer para que la ciudad se convierta en un espacio que todos y todas podamos disfrutar sin restricciones. Contar con la complicidad de los varones en esta lucha sigue siendo fundamental.