N° 1893 - 17 al 23 de Noviembre de 2016
N° 1893 - 17 al 23 de Noviembre de 2016
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPocas veces un ex presidente de un pequeño país como Uruguay ha tenido el reconocimiento internacional que ha logrado José Mujica, tanto que en el exterior suele identificarse y asociarse al país con el ex mandatario. Un reconocimiento que a muchos uruguayos nos parece desproporcionado e inexplicable sobre todo cuando contrastamos los compromisos de su discurso inaugural con el resultado de su gestión, con la escasa o nula concreción de las iniciativas que pretendió llevar a cabo.
Su fama se asienta en una historia de vida que refiere a su actividad en la guerrilla del MLN, sus 12 años de dura prisión y un discurso posterior superador del pasado violentista y desprovisto de espíritu de venganza. Una historia recreada para justificar y reivindicar las ideas de los “años de plomo” y presentar a los tupamaros como víctimas de la dictadura, que supo cautivar a quienes se sentían insatisfechos con las políticas de los gobiernos pos-dictadura. Cautivó también a periodistas de medios extranjeros siempre a la caza de historias diferentes o fantásticas, de excentricidades con las que sorprender a sus jefes y a su público.
Trazaron un paralelo entre las vidas de Mujica y Mandela, presentando al presidente uruguayo como “el más pobre del mundo”, que vivía en una casa modesta, se desplazaba en un “escarabajo” de los años 60 y donaba su salario a un fondo destinado a construir viviendas para los pobres. Así se fue construyendo un mito: el “político distinto”, carismático, de respuestas “frescas”, inesperadas, casi siempre improvisadas sobre la marcha, cambiantes según la ocasión o las necesidades políticas del momento.
En un mundo atormentado por escándalos de corrupción, por gobiernos que privilegiaban los intereses financieros, por contraste, Mujica fue presentado como una mosca blanca. Un gobernante prescindente de bienes materiales y cuestionador de un sistema de vida que arrastra al consumismo. Rara avis que, por otra parte, se distanciaba del discurso y la retórica tradicional de la izquierda al cuestionar la burocracia estatal, el corporativismo sindical, etc. Durante años los medios presentaron a ese presidente diferente como un viejo sabio, una profeta de los nuevos tiempos.
El mito Mujica fue levantado también gracias a una exitosa campaña de marketing impulsada por fieles escuderos que, durante su mandato, tuvieron a su disposición el andamiaje del Estado. Solo así se explica que Gorbachov lo propusiera para el Premio Nobel y Kusturica se interesara en realizar un filme sobre la vida, las ideas políticas y sociales de un presidente de un pequeño rincón del planeta.
Fama basada en información superficial de grandes medios que destacan lo anecdótico, los titulares, pero desentendidos de profundizar sobre la gestión gubernativa. Total, nada de lo que difundían afectaba sus vidas.
Veinte meses después de haber dejado la presidencia, los resultados de su gestión van quedando a la vista de los uruguayos. Aun cuando muchos siguen encandilados por los fuegos de artificio y los pases de magia de su retórica, el tiempo va ubicando las cosas en su lugar.
Si mejorar la educación, la seguridad pública, la prestación de los servicios de salud, la infraestructura física y la inserción internacional del país eran los compromisos políticos relevantes, los resultados obtenidos en estos campos han sido extremadamente pobres, cuando no nulos. Prueba de ello es que esos mismos objetivos son parte esencial de la agenda del actual gobierno. Y no ha sido así por falta de recursos. En la última década el país se benefició de la mayor bonanza económica de la actual generación.
Salvo cuestionamientos públicos a la burocracia estatal y al corporativismo sindical, su gobierno poco hizo para reformar el Estado. Por el contrario, extendió el dominio de lo público mediante el establecimiento de un Estado paralelo —fuera del control del Parlamento y del Tribunal de Cuentas— y dio vía libre a desbordes sindicales tanto en el sector público como en el privado.
El comportamiento fiscal de su gobierno tampoco ha sido ejemplar, como lo han dejado en claro quienes debieron hacerse cargo de la “herencia” recibida. No solo por dicho reconocimiento, sino por las medidas adoptadas: ajuste de tarifas y mayor imposición sobre las personas y las empresas.
Los grandes proyectos enunciados —como el puerto de aguas profundas y la regasificadora— tal como fueron planteados siempre estuvieron fuera de la realidad. El país carece de cargas que justifiquen una inversión de tal cuantía del puerto proyectado y pensar que Brasil y/o Argentina podrían acompañar la idea no era más que un sueño. Ni uno ni otro irían contra sus propios intereses portuarios. Tampoco interesó seriamente a inversores chinos o rusos.
La regasificadora fue también otro proyecto fuera de la realidad. Requería un compromiso argentino que el “gobierno K” difícilmente daría. Tampoco luce muy promisorio hoy pese a la mejoría de las relaciones bilaterales.
Iniciada la obra pronto fue paralizada ante el incumplimiento de la empresa brasileña contratada, cuyos principales ejecutivos están en prisión o son investigados por corrupción en su país. En la instancia judicial surgieron testimonios de jerarcas de la concesionaria (OAS) de que la decisión uruguaya fue lograda por la presión política de las autoridades brasileñas. ¿Solo presión política?
El cierre y la liquidación de Pluna fueron tan desprolijos como poco transparentes. Las pérdidas de Ancap (U$S 800 millones) hablan de una pésima gestión, y de inversiones de proyectos desmedidos y fuera de control. La asistencia del Fondes a proyectos cooperativos que demostraron ser inviables son, más que una “velita prendida al socialismo”, consecuencia del voluntarismo con trasfondo clientelístico. El diputado frentista Gonzalo Mujica ha reconocido que de los U$S 70 millones que prestó dicho fondo, 65 no van a ser recuperados.
Mujica, “el rebelde”, resolvió salirse del ruedo y votar con la oposición para investigar los millonarios negocios de intermediación comercial con Venezuela concretados por tres sociedades integradas por correligionarios del ex presidente Mujica. Operaciones que solo podían concretarse si se tenía acceso directo a quienes decidían las compras en Caracas.
Ha sido tal el descontrol, la mala administración de los recursos públicos y los privilegios otorgados a amigos, que la oposición quiere desnudar tales comportamientos. El Frente Amplio considera que no existen fundamentos serios para acceder a los planteos opositores, aunque no podrá impedir que la Justicia investigue las denuncias.
Quizás porque no hay forma hoy de sepultar las denuncias o porque creen que hay hechos oscuros que deben aclararse, la Liga Federal y el Partido por la Victoria del Pueblo abrieron una nueva fisura en la bancada oficialista al expresar su disposición a habilitar la investigadora por la regasificadora. “El que tiene el traste limpio no debe temer nada. Es verdad que la oposición hace su juego, pero nosotros no tenemos por qué sembrar dudas”, dijo el diputado Darío Pérez.
Mientras, el ex presidente recorre el mundo, disfrutando su fama y recibiendo reconocimientos y honores. Los uruguayos, todos, lidiamos aquí con las hipotecas que nos legara.