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    La formación de los ingenieros

    Sr. Director:

    Habiendo pasado yo por distintos papeles en la profesión, desde hijo de ingeniero, estudiante, delegado estudiantil, preso político, profesional joven, investigador, consultor internacional, asesor de la ANII y hasta profesor en la facultad, pocos me han influido tanto como el arquitecto Duffau, en ese entonces decano de Arquitectura. Era nuestro profesor de dibujo, y en unas clases nocturnas memorables, donde mientras dibujábamos él pedía un cigarrillo (tenía prohibido fumar), detenía con un ademán los coros polifónicos con que nos entretenía la barra de Jorge y dejaba volar su voz grave. No volaba una mosca.

    “Ustedes recién comienzan la carrera y desde ya deben pensar qué clase de ingeniero quieren ser.

    Si es lo que llamo un ‘señor ingeniero’, entraron en la carrera más difícil porque les gusta resolver problemas.

    Si se les presenta un inconveniente en una estructura especial de hormigón, se meten a fondo, estudian, desarrollan soluciones, prueban teorías y, al final, puede que haya un profesor alemán que es el especialista mundial en ese tema, ¡pero que ni sabe dónde queda Uruguay!

    Piensen esto, si lo tomas en serio, nadie en el mundo sabrá tanto como tú de ese problema.

    Y con una sana formación profesional, buscarás la mejor solución, encontrarás los medios para instrumentarla y deberás convencer a tu jefe y al propietario primero, después al dibujante, al capataz, a los obreros, al electricista que trabajen como un equipo y lo resuelvan como tú les dices. Disfrutarás de un trabajo bien hecho, y en cada problema resuelto crecerás como profesional y como persona.

    Pero hay también lo que llamo el ingeniero ‘sí, señor ministro’.

    Cuando alguien le trae un problema, lo primero que le viene a la mente es “¿qué querrá el ministro en este caso?”. Y si no tiene acceso, se desespera con colegas, secretarias, porteros, para tratar de averiguar lo que quiere el ministro, y en un rato hacer un informe para darle el gusto y pasarle el problema a otro. Como para hacer una carrera en el Ministerio como hombre de confianza, trabajar poco y jubilarse temprano sin conflictos.

    Yo les voy a dar un consejo, ¡no pierdan tiempo con seis u ocho años de facultad, para ser después un ‘sí, señor ministro’! Se arruinarían la vida, y les dará más resultado y ganarán más sin estudiar tanto, en otras cosas. ¡Váyanse corriendo de acá y dedíquense a la política! Allí les enseñarán los maestros en adular y quedar bien parados siempre, y hasta ganarán mucho más que si pierden el tiempo acá con las matemáticas y las físicas”, terminaba Duffau.

    La primera parte, el “señor ingeniero”, me entusiasmó siempre. Lo vi en el ejemplo de mi padre, en el ejemplo de Dieste, Ponce, Viera, Ricaldoni. Para el que tiene vocación, es la más interesante profesión, el domador de estructuras es el domador de fieras de la ingeniería civil. Si te descuidas, o te haces el oso, se muere la gente.

    La segunda parte, el ingeniero “sí, señor ministro”, la vimos cada vez más en una profesión que se ha vuelto más mercenaria, donde hay muchos ingenieros “sí, señor jefe”. Esto parece un mal chiste, pero lo hemos vivido. Y no solamente funcionarios públicos, la misma decana de Facultad y uno tras otro hasta siete colegas docentes dijeron que sí y luego se negaron a hacer un peritaje, donde claramente yo tenía la razón, para no quedar mal con un político (la política y los intereses por sobre la ingeniería) que mandó pararme y asfixiarme porque no entraba en los negociados sucios de 2010. Sin hablar de agremiados de la Cámara y hasta antiguos amigos que se dieron vuelta como una media antes de provocar las iras de los nuevos amos.

    La Facultad de Ingeniería deberá revisar el plan de estudios, salir a buscar a los liceos jóvenes talentos, a motivar para seguir la carrera, colocar en el plan de estudio la ética de la buena práctica de la profesión con la Asociación de Ingenieros y desarrollar el Colegio de Ingenieros para imponer el código de las buenas prácticas.

    También sacar a los chicos a las obras y embarrarse, para aprender a aplicar la teoría allí donde más hace falta y disfrutar de eso.

    Y por favor, colocar Dibujo en primer año como fue siempre.

    Desarrollar en un dibujo el concepto obliga a repensar en términos globales, aclara la mente y permite explicar mejor las ideas. Como Leonardo da Vinci, el primer ingeniero moderno, y como yo, un hijo de María.

    Me lo enseñó el gran Duffau.

    Ing. José M. Zorrilla

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