Sr. Director:
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáBrillante la carta al director del doctor Amonte sobre la imprescindible formación profesional en maniobras salvadoras de vida, como la entubación. Le debo la vida a usted, al doctor Carriquiry y al equipo del Hospital Evangélico que la peleó por mí como por uno de ellos.
Agradezco todos los días a Dios haber vuelto de la muerte, a María, que siempre estuvo cerca, y a tantos amigos que rezaron por mí, hasta que escuché que alguien dijo: “Si lo quieren tanto, aguántelo ustedes otro poco”. Y volví.
Es imposible poner en palabras qué pasa al morir, escribiré un día lo que pasé. Allí entendí el porqué de la parábola de Lázaro y el joven rico. Si no creyeron a los profetas, ¿por qué me van a creer a mí porque digan que estuve muerto cinco minutos y volví a vivir? Pero atiendan bien que la vida no termina con la muerte, cuídense y busquen el camino, la verdad y la vida.
La entubación.
Recién sacado por los bomberos de la ruina del auto, cuando me fueron a entubar en la emergencia en San José, con un pulmón colapsado después del accidente donde murió mi amigo, yo casi no respiraba.
La doctora de guardia se equivocó al entubarme y la sonda se iba por el esófago en vez de por la tráquea. ¡No me entraba oxígeno a los pulmones, y se inflaba el estómago! Seguro moría asfixiado.
Aun grogi, recordé, de la formación en primeros auxilios, que esa es una causa de muerte al entubar por error de conducto.
Desesperado la empujé con toda las fuerzas que me quedaban, tiré todo por el suelo, hasta la doctora. Desde el piso, me gritó enojada: “¡No querés que te entube, morite entonces!”.
Pero me sujetaron, y la segunda vez sí entró bien. Aliviado, respiré y perdí el conocimiento.
Escuchen al doctor Amonte, formen mejores médicos y salven vidas.
Ing. José M. Zorrilla