• Cotizaciones
    domingo 14 de julio de 2024

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    La frazada y la foto

    N° 1970 - 24 al 30 de Mayo de 2018

    Alguien dijo alguna vez que cuando tu única herramienta es un martillo, es normal que todo te parezcan clavos. Este parece ser el caso de lo que comento en esta columna: si en nuestra movida de símbolos no aparecen aquellos que consideramos relevantes, todo lo demás es descartado en el acto. Desplazándose, en ese mismo acto, el centro del problema.

    Algo así pasó la semana pasada, cuando el grupo de trabajo Eduy21 presentó su propuesta para la educación en Uruguay. A una semana de presentada, solo se ha hablado de que en la foto del lanzamiento eran todos hombres. Eso bastó para que casi nadie, empezando por quienes son responsables de la educación en el país, se dignara a hablar (salvo excepciones) del contenido de la propuesta. ¿Para qué, si alcanza con denostar los símbolos y reducir la realidad a estos? Si solo hay hombres en la foto, ¿qué sentido tiene leer esa porquería machista y patriarcal? No sea cosa que nos contamine o, peor aun, que llegue a decir algo interesante y atendible.

    “Uruguay presenta tasas de egreso de la educación media básica y superior muy inferiores a otros países latinoamericanos con similares o peores resultados en las pruebas PISA. El carácter marcadamente excluyente de nuestra educación media lo es con independencia relativa de los niveles promedio de aprendizajes comparados en la región”, dice el documento de Eduy21. Y yo agrego: todos aquellos jóvenes que no terminan y que además son pobres, quedan condenados de por vida a realizar trabajos que tienden a desaparecer, a cambio de salarios miserables. Y eso si tienen los recursos simbólicos como para mantenerse integrados a un sistema que los expulsa mientras discute sobre quiénes salen en la foto. Claro, también tienen la “opción” de vivir de ahí en más en los márgenes del sistema: transando, robando, golpeando, matando y muriendo. Pero el problema es que en la foto solo salían hombres.

    La idea de hacer política pensando exclusivamente sobre la base de gestos simbólicos (y dentro de estos, apelando solo a los símbolos que al poder le da la gana) termina haciendo olvidar que, al tiempo que vivimos entre símbolos que quieren decir cosas, vivimos entre cosas materiales, tangibles, reales, a las que se accede con la inmediatez con que se accede a una trompada que nos pega en la nariz. Y esas cosas tangibles, esos hechos, vienen confirmando de manera consistente que quienes son excluidos del universo simbólico no son las mujeres que podrían haber salido en la foto, son los jóvenes pobres expulsados por el sistema, que quedan a la intemperie.

    El tema no es quiénes salen en la foto. No lo es porque todos los que podrían haber salido en la foto, sin excepción, mujeres, hombres, trans, pelirrojos o petisas, están lejísimos de ser el centro del problema real. Están lejos en el sentido de que todos ellos podrían dedicarse a intercambiar bochazos simbólicos durante media vida sin que eso los deje en una calle sin pavimento, agua, luz ni saneamiento. Es decir, lejos de los hechos que constituyen el centro de la preocupación de Eduy21. Y que debería ser centro de la preocupación de cualquiera que se interese por vivir en este país en los próximos años.

    Unos hechos que, como bien apunta el prólogo del documento de Eduy21, indican que “es difícil que Uruguay construya una sociedad de oportunidades sin un proceso de transformación de su educación”. O que “el carácter marcadamente excluyente de nuestra educación media lo es con independencia relativa de los niveles promedio de aprendizajes comparados en la región”. Es decir que vamos mal, peor de lo que deberíamos ir o de lo esperable.

    Tengo para mí que el mundo se divide entre personas multicausales y unicausales. Es decir, entre quienes, a veces hasta sin haber pensado demasiado en el asunto, entienden que las cosas complejas (la educación pública es una de ellas sin duda) requieren soluciones complejas que implican un montón de factores y variables dentro del análisis. También que es necesario asumir límites y contradicciones. Esa es justo la perspectiva que asume el texto de Eduy21 cuando señala: “Quienes participamos en la elaboración de este documento tenemos diferencias de opinión, trabajamos en distintos ámbitos del quehacer educativo y estamos vinculados a diversos partidos políticos”.

    Por otro lado están los unicausales, el grupo de aquellos que entienden que toda la lógica del universo puede resumirse en dicotomías y que estas dicotomías pueden jerarquizarse: la convicción mágica (en el sentido de no contrastable) de que todo puede reducirse finalmente a una gran contradicción fundamental, una que sirve como llave para resolver todos los conflictos en cascada. Una vez asumido que X es la contradicción fundamental, todo lo demás quedará resuelto por obra de la voluntad, derramando mágicamente la solución sobre el resto de las contradicciones.

    Hasta hace unas décadas, entre muchos de los unicausales dominaba la convicción de que todos los conflictos de nuestra época se podían resolver solucionando la contradicción entre burguesía y proletariado. Y que todo lo demás venía después, incluida la lucha de las mujeres por la igualdad. Ahora, siempre en la búsqueda de esa herramienta única que resuelva todos los conflictos, todo se subordina a esa gran frazada que resulta el enfoque de género: todo lo cubre, todo lo define y todo lo explica. Todo debe pasar por su tamiz previo, de lo contrario ni se considera el asunto.

    El problema es que subordinar las soluciones específicas y urgentes que tienen temas como la educación en la situación cuasicatastrófica actual (no digo catastrófica, porque en Níger seguro están peor) a esa llave mágica que abrirá todas las voluntades, es la receta perfecta para la ruina. Entre quienes levantaron la voz contra Eduy21, calculo que la mayoría lo hizo de buena fe, creyendo que si aparecían mujeres en la foto, eso era señal de algo bueno y que si no aparecían, el trabajo de Eduy21 era el resumen de todo lo que está mal en nuestra cultura. Las llaves maestras no existen en los problemas sociales, por más que insistamos en tapar todo con la frazada que se lleva estos días.

    Mi impresión es que no vamos sobrados de reflexiones, no como para andar tirando al tacho la reflexión seria de un montón de gente que se dedica, con la mejor de las voluntades, a intentar pensar cómo salir del pozo educativo en que está el país hoy. Casi la mitad de esa gente son mujeres que tuvieron que salir a recordarles a sus supuestas y supuestos defensores que ellas han estado ahí, no atrás ni adelante, ahí, como cualquiera de sus compañeros, trabajando, pensando, asumiendo lo complejo de la tarea. La de intentar impedir que la educación pública siga siendo una máquina de potenciar diferencias sociales en vez de contribuir a diluirlas. Porque esa, y no la de empujarse unos a otros para ver quién sale en la foto, es la tarea.

    ?? De Paul Kersey al Juez Dredd