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    La gente perdió la “vergüenza” de decir que es “de derecha” y los que así se identifican van en aumento, según estudios de Equipos

    Cuando un dirigente del Frente Amplio quiere descalificar a alguien del Partido Nacional o del Partido Colorado apela con frecuencia a un mismo recurso: afirma que es “de derecha”. El adjetivo no es aceptado por los representantes de los dos partidos fundacionales del país, que defienden sus tradiciones y rechazan la idea de dividir la discusión en torno al eje izquierda-derecha.

    “No conozco a nadie que diga que es de derecha”, planteó un empresario que el miércoles 6 participó en un almuerzo organizado por el Club de Lunch Uruguayo-Británico, donde disertó el director de Opinión Pública de Equipos-Mori, Ignacio Zuasnábar. 

    El tema generó durante varios minutos comentarios de los asistentes. Zuasnábar planteó que si bien a la salida de la dictadura reconocer que se era de derecha podía aparecer como algo vergonzante, eso cambió en la última década y en la actualidad, en los estudios de opinión pública —ya sea en grupos de discusión o en encuestas— se concluye que más gente se autoidentifica como de centro derecha o derecha. Según Equipos, ahora hay casi un 30% que admite esa orientación y por eso para Zuasnábar es “discutible” que haya políticos que no quieran admitir que son de derecha por “temor” a perder electorado.

    El experto en opinión pública y sociólogo señaló que el debate en torno al eje izquierda-derecha se instaló con la concreción del Frente Amplio y se dio especialmente con el retorno de la democracia en 1985.

    Pero el debate, históricamente, se desarrolla desde antes. Los investigadores plantean que el origen de esta división está en la Revolución Francesa, al instalarse la Asamblea Constituyente: a la derecha del presidente se ubicaron los girondinos que querían restaurar el orden monárquico y se los veía como los conservadores, y a la izquierda estaban los “montagnards” que propugnaban un Estado revolucionario.

    A lo largo del tiempo la idea de qué es de izquierda y qué de derecha fue cambiando, por lo que para los investigadores en opinión pública aparece como más adecuado referirse a este eje por su distribución en el espacio. 

    “Sirve simplemente como una discusión espacial respecto a una escala. No podemos definir lo que es de izquierda o derecha, y por eso es que le pedimos que sea la propia gente la que defina”, explicó Zuasnábar. Por esa razón, al momento de consultar a un entrevistado sobre este tema se le presenta una regla que va del uno al diez, donde uno es “izquierda” y diez “derecha”. 

    Zuasnábar dijo que en los últimos años entre 25% y 30% de los consultados se define de centro-derecha o derecha”.

    En el informe de Latinobarómetro, una organización que realiza estudios de América Latina en 18 países, se indicó que en 2008 en Uruguay un 21% se definía de derecha. De esta manera se ubicaba en el lugar 11 de la escala. En tanto, un 28% se definía de izquierda, lo que ubicaba al país en el primer lugar en ese punto; 41% se definía de centro.

    Ser de derecha hoy.

    “Se puede discutir horas sobre qué es izquierda y qué es derecha. Son categorías móviles a lo largo del tiempo. En las encuestas hay preguntas más difíciles, que la gente no entiende, pero con la pregunta izquierda o derecha la gente entiende lo que le estás preguntando”, comentó Zuasnábar en la charla ante empresarios y señaló que un alto número de consultados se ubica en algún lugar de la escala.

    Recordó que tras la salida de la dictadura, “autodefinirse de derecha en Uruguay, en ciertos contextos, era una vergüenza”. “Eso cambió fuertemente en los últimos diez años, donde cada vez encontrás más gente en los grupos de discusión y encuestas que se autodefine de derecha. Hay algunas generaciones que probablemente tienen comportamientos más autovergonzantes para definirse de derecha. Pero los conceptos van cambiando. Ser de derecha hoy en Uruguay —añadió Zuasnábar— no tiene nada que ver con ser de derecha en los 70, como ser de izquierda en Uruguay hoy no tiene nada que ver con ser de izquierda en Uruguay en los 70; los conceptos van mutando”.

    Consultado por Búsqueda, Zuasnábar dijo que “es claro que en los últimos años, y quizás vinculado a los reemplazos generacionales, el concepto de derecha viene mucho menos cargado para las nuevas generaciones que para las anteriores. Hay un uso más natural del término”.

    “En las encuestas de ciudadanía hay un montón de gente que se autodefine con naturalidad como de derecha, pero esto es menos frecuente en las encuestas de las elites políticas. En estas, cuando se les aplica la identificación ideológica hay una tendencia a no definirse de derecha”, apuntó.

    Sobre ese tema, el director de Equipos explicó: las elites toman esta decisión “bajo el supuesto de que eso tiene costos en el electorado y que en éste persisten ciertos temores con la palabra. Esa idea me parece, a mi juicio, discutible, porque hoy se están viendo cambios en el electorado”.

    Zuasnábar señaló además que, a grandes rasgos, mientras en Montevideo los pobres se inclinan hacia la izquierda, en el interior es al revés. Recordó que en un momento de la historia del país, fundamentalmente durante el gobierno de Jorge Pacheco Areco a fines de la década de 1960, los sectores de menos ingresos respaldaban al dirigente colorado que ha sido calificado como de derecha. Sin embargo, señaló, en ese momento no había un debate instalado en torno a la derecha y la izquierda.

    Corrimiento detenido.

    Luis Eduardo González, de la consultora Cifra, realizó un trabajo para la Universidad Católica y la Fundación Konrad Adenauer —publicado en 2011— en el que analizó la evolución de la autodefinición de las personas en las últimas tres elecciones según investigaciones de la encuestadora.

    “Los datos muestran que entre 1999 y 2004 el electorado uruguayo efectivamente se corrió a la izquierda: la media para todos los votantes pasó de 5,8 en 1999 a 5,1 en 2004. Ese corrimiento se frenó entre 2004 y 2009: la media pasó de 5,1 a 5,2”, escribió.

    González agregó que “desde el punto de vista de la izquierda, estos resultados implican que, salvo que el electorado reanude su ‘corrimiento hacia la izquierda’ (el de 1999-2004), su posición ahora es tan incómoda (políticamente) como lo fue la de los partidos fundacionales en 1999. Desde el punto de vista del sistema y de su ‘centro de gravedad’ ideológico la situación en 2009 es, nuevamente, muy similar a la de 1999”.

    El experto también pregunta si se puede entender “qué empujó a qué” en el corrimiento a la izquierda de los votantes. “En la tradición intelectual de la izquierda clásica” el proceso “dominante” es que el “cambio ideológico sería el motor del crecimiento electoral, y por esa razón el proceso político central es la lucha ideológica. Los resultados electorales serían consecuencia de la lucha ideológica: los votantes de alguna manera ‘eligen ideología’ primero, y luego votarían de acuerdo con esta”.

    Sin embargo, en el caso de Uruguay se puede tener una “interpretación al menos parcialmente diferente”. 

    Indicó que de los datos surge que en las tres campañas electorales previas a las elecciones de 1999, 2004 y 2009 los “votantes del FA que ya lo habían votado antes se ubican siempre a la izquierda en el conjunto de todos los que piensan votar al FA. A la inversa, los nuevos votantes del FA sin experiencia electoral previa, y en mayor medida aún los ex votantes blancos y colorados que piensan votar al FA, se ubican siempre a la derecha del promedio de todos los que piensan votar al FA”.