Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa primera vez que supe algo sobre el concepto de propiedad emergente fue en el libro de Carl Sagan El mundo y sus demonios en el cual se decía que la mente es una propiedad emergente del cosmos. Sagan quería decir que las leyes del universo están de alguna manera dirigidas a que con el tiempo surja en él una entidad capaz de pensar y razonar. En nuestro caso esto llevó unos 13.500 millones de años, pero debe reconocerse que no se trata de una empresa fácil. Entre las muchas cosas sobre las que la mente puede pensar están justamente las propiedades emergentes, y el primero que sabemos que lo hizo fue Aristóteles que dijo que el todo es más que las partes que lo componen.
Para entender esto basta pensar en un ser humano (o cualquier bicho o planta, que para el caso son lo mismo). Estando él o ella compuestos de átomos, utilizando el mismo conjunto de átomos agrupado de otra manera por más que lo intentemos no logramos componer un ser humano ni de lejos. La vida, y por tanto la mente humana son consecuencia de una organización muy particular y específica de los átomos en cuestión y de las interacciones que se producen entre ellos. Incluso en casos más sencillos como el de un Boeing 747 por ejemplo, por más que arrojemos al aire los átomos que lo componen no aparece luego volando alegremente la citada aeronave. Esta sí aparece cuando subyace todo un conjunto de procesos que ordenan los átomos de cierta manera. Y si pudiésemos ver los átomos no serían como minúsculos avioncitos sino átomos comunes y corrientes de carbono, oxígeno, hidrógeno, aluminio y los que sea que se utilicen para construir un Boeing. Si ordenásemos los mismos átomos de otra forma podríamos tener un yate de lujo, o un edificio vanguardista hecho con materiales no convencionales, o tal vez 50 coches Mercedes Benz último modelo. O, casi seguramente, una masa informe de átomos.
Volviendo al principio: ¿existe una gran voluntad creadora en el universo a causa de cuya acción se produjo una entidad consciente y autorreflexiva como la mente humana? Chi lo sa. Es un tema para filósofos y científicos consumados, por no decir para teólogos, que discuten hace décadas sobre el “diseño inteligente” del cosmos, habiendo sobre esto opiniones para todos los gustos.
Pero mi tema es algo más concreto: la globalización. En mi opinión se trata de una propiedad emergente de la sociedad humana dado un grado de desarrollo y evolución determinados. Los seres humanos a través de su prehistoria e historia han ido formando entidades cada vez más grandes y complejas. Empezando con tribus dispersas, luego pequeñas ciudades, luego ciudades más grandes, los imperios antiguos, los más cercanos como el romano o el chino, el Leviatán de Hobbes, y hoy incluso organismos supranacionales como la Unión Europea, tratados de libre comercio, la ONU, la OEA, etc.
Yuval Harari en su libro Homo Deus sostiene que por primera vez, y en gran parte gracias a la globalización existe la posibilidad de que los tres principales males de la humanidad, la pobreza, las enfermedades y las guerras sean derrotados aunque como consecuencia de él se han ido generando otros males como el cambio climático, o el mal uso de capacidades enormes como la biotecnología o la robótica por ejemplo, que pueden llevarnos a distopías terribles.
Posibilidad no significa certeza, y esto resulta claro a partir de la detonación de la bomba atómica en Hiroshima; en ese momento adquirimos la capacidad de autodestruirnos. La libertad conlleva muchos riesgos. Pero si logramos trascender estos obstáculos podría abrirse una nueva etapa histórica.
Es inútil oponerse a la globalización que además implica fenómenos muy positivos como la capacidad de contener a una pandemia, o la mejora continuada en los últimos 70 años de los índices de mortalidad infantil, pobreza, acceso a bienes, ingresos per cápita, muertes por enfermedades curables, promedio de vida, educación, etc. Cierto que aún hay nada menos que 800 millones de pobres, y otros muchos y graves problemas como el calentamiento global, la pérdida de culturas locales, guerras focalizadas pero que amenazan extenderse, nacionalismos desbocados. Aún así se puede abrir una esperanza de solución también para ellos si no metemos demasiado la pata.
Se suele decir que la globalización está planeada y dirigida por gobiernos y otros poderes como las multinacionales para aprovecharse de nosotros teniéndonos hipnotizados con el consumo, los medios masivos, el Mundial de fútbol y un arsenal de cosas. Esto me parece bastante insostenible. Voy a referirme a dos ejemplos, entre muchos otros posibles.
El del avance de las comunicaciones es el primero, y creo evidente que es algo muy beneficioso para la gran mayoría. Hay unos 6000 millones de personas conectadas a Internet (cierto que con una calidad de conexión bastante variable), cerca de un 70% de la población mundial.
Cuando yo era un niño vivía en Bella Unión, donde había dos tipos de aparatos telefónicos. El primero consistía de una gran caja de madera pegada a una pared, con una especie de bocina para hablar y un auricular. El otro era un aparato negro como de bakelita y que pesaba cerca de un kilo. Ninguno de ellos tenía disco de marcado numérico, sino una manivela, que al darle vuelta nos comunicaba con una operadora. La señora preguntaba: “¿Número?” y nosotros le decíamos la cifra correspondiente, la que en el caso de Bella Unión podía estar entre el uno y el 300 más o menos. El aserradero de mi padre tenía el número 11.
Se complicaba la cosa cuando había que hablar con otro lugar como Montevideo, pongamos por caso. Había dos opciones, normal o urgente (bastante más cara), lo que significaba una hora o 20 minutos de espera respectivamente, y bastante más tiempo si había mucho tráfico telefónico ?para las cifras de hoy, un número de conexiones minúsculo?, si llovía o se caía algún poste de la línea. Y durante la gran inundación de 1959 directamente se perdió el contacto por varios días.
Ni pensar en el siglo XIX, o en la Edad Media donde no habría ni correo. Y, yendo más atrás, en el 490 a.C. el soldado griego Filípides se desplomó muerto al llegar a Esparta desde Atenas luego de correr 213 kilómetros para pedir refuerzos con el fin de luchar contra los persas. Esta historia tal vez exagerada se modificó con el tiempo y la distancia quedó reducida a los más realistas 42 km que separan Maratón de Atenas, que es la que se corre en las maratones.
En contraposición actualmente tocando la pantalla del celular Filípides podría pedirle refuerzos a cualquiera de las 6000 millones de personas conectadas (si tuviera su número telefónico).
También y hablando de refuerzos podría pedir comida a un delivery. Los romanos ya usaban carritos de comida que se llamaban termopolios, supongo que por lo de la comida caliente. Pero el primer servicio delivery de que se tiene noticia tuvo lugar en 1889 cuando la reina Margarita de Italia pidió a palacio una pizza que luego fue universalmente conocida con su nombre.
Un segundo invento muy bueno para la mayoría fue el GPS, aunque inicialmente lo usaban solamente las fuerzas militares de Estados Unidos, que implementaron una versión buena para ellos y otra trucha para la gente común. Luego del derribo por la URSS de un avión de Korean Airlines en 1983 cuando el aparato se introdujo inadvertidamente en territorio soviético (murieron 269 personas), y también por grandes problemas de comunicación entre las fuerzas armadas de Estados Unidos en 1990, durante la guerra del Golfo. Muchos soldados se habían hecho con la versión más inexacta, y como el comando usaba la buena había grandes discrepancias y nadie sabía para dónde agarrar. Como resulta murió mucha gente de ambos bandos y al fin el presidente Reagan universalizó la versión que ahora usamos todos.
Valgan estos ejemplos, aunque hay muchos otros.
Saludos cordiales.
Alberto Magnone