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    jueves 06 de junio de 2024

    La guerra en Medio Oriente

    Sr. Director:

    Cuando la guerra toma sus más fieros rasgos, se lastiman y mueren inocentes y muchos más pierden oportunidades de superarse y desarrollarse como personas, volvemos a los orígenes de una tragedia que puede evitarse si retrocedemos en el tiempo para buscar las causas raíces y las arrancamos para siempre, como quien arranca las malas hierbas del sembrado.

    Cuando en 1953 John Foster Dulles, el secretario de Estado del presidente Eisenhower, negociaba con israelíes y egipcios la forma de evitar más conflictos, los llamaba a sentarse a la mesa a conversar: “Juntémonos y busquemos soluciones, lo mejor para todos, ¿Por qué no nos sentamos a la mesa como cristianos, como buenos vecinos?”. Me asombró entonces que llamara a comportarse como cristianos a los hebreos y a los musulmanes, ¿de qué estaba hablando? Pero, repasando la historia, tal vez sí tenía razón.

    Por un lado, si los hebreos reconocen en Jesucristo el mesías prometido, como Paulo de Tarso en el año 30 a la entrada de Damasco y como más tarde en 1945 el gran rabino de Roma Eugenio Zolli, perito en Escritura, cuando impresionado por el papa Pío XII, que puso todo lo que tenía para pagar el rescate de familias judías a los nazis, escudriñó la Escritura y reconoció a Jesús como el mesías, el pueblo de Dios será entonces otra vez reunido como hermanos en una sola fe en el hijo de Dios, judíos y cristianos.

    Por otro lado, cuando en 1219, en plena guerra de las cruzadas, san Francisco en su peregrinación a Tierra Santa visitó al sultán de Egipto, desafiando una muerte segura, asombró a todos con sus conversaciones con el sobrino de Saladino. Al fin, los maestros de Mahoma eran nabateos, una secta cristiana antigua ya extinguida, y muchos santos cristianos como el gran mártir san Jorge son mártires para los musulmanes. El mensaje de paz y de bien de san Francisco le llegó al sultán, que todo hombre es mi hermano. Al despedirse, cuenta Leonhard, el sultán dijo a san Francisco: “Ruega por mí, para que Dios se digne revelarme la ley y la fe que más le agrada”.

    Volvamos a la raíz común, que es la raíz que tenemos que cuidar, arrancando las malas hierbas: somos todos hermanos que descendemos de los mismos abuelos y que desde África hemos conquistado el planeta. Cuidemos a los hermanos más necesitados y disfrutemos de la vida, no a la muerte. Los cristianos tenemos que permanecer en el camino de la verdad y la vida para pasar la voz y convencer a todos.

    Ing. José M. Zorrilla

    Cartas al director
    2024-05-01T21:39:18