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    La guerra y la paz en el mundo

    Sr. Director:

    Cómo se mide la paz mundial. Existen personas que le dirán que es negativo enfocarse en “las cosas malas” y concluir así que el mundo es un lugar cada vez más violento, peligroso y despiadado. Le dirán que ese estado de las cosas se trata de una mera percepción, que lo que pasa, en realidad, es que ahora, en el mundo de la Internet, todos “padecemos” la conectividad, que antes las mismas cosas pasaban alrededor de nosotros pero no lo sabíamos. O sea —le dirán—, no es que vivimos en un mundo cada vez más belicoso, sino que la mayor conectividad con los hechos nos da esa falsa impresión.

    ¿Tendrán razón estos eternos optimistas? ¿Será que los demás somos meros alarmistas que miramos el mundo a través de un ojo cínico y negativo?

    La respuesta, según el Global Peace Index (Índice Global de la Paz o GPI), es un rotundo “no”. Datos publicados en el informe anual del GPI demuestran objetivamente que, aunque haya habido mejoras en el nivel de paz en ciertos rincones del planeta, el estado global de la paz va en constante deterioro desde hace más de seis años, justamente en una etapa en que los líderes políticos, diplomáticos, militares y de negocios deberían estar tomando conciencia del hecho de que la supervivencia de la especie humana depende, literal e inmediatamente, de la paz y la cooperación universales.

    Elaborado por el Institute for Economics and Peace (Instituto para la Economía y la Paz, IEP), con sede en Sidney, Australia, el Índice Global de la Paz se ha concebido como una herramienta objetiva para la medición de la paz y la justicia social en todo el mundo. El IEP es una organización sin fines de lucro cuya misión es investigar los vínculos entre el mundo de los negocios, la paz y el desarrollo económico y dar difusión mundial a los resultados de sus estudios. Opera sobre la base de la paz como requisito crucial para la supervivencia de la especie humana. Su objetivo más amplio es la difusión de materiales educacionales para promover la paz universal.

    El GPI, por su parte, es considerado como el índice de referencia para medir el nivel de paz en el mundo. Su informe anual se presenta en eventos especiales organizados en Londres, en Washington DC y en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Los datos para dicho informe son recopilados y editados bajo estrictas normas por la renombrada Economist Intelligence Unit (EUI), brazo internacional de investigación e inteligencia del Economist Group (grupo editor de la revista The Economist, entre muchas otras publicaciones especializadas). El GPI ha merecido el reconocimiento de famosos defensores de la paz como el Dalai Lama, el arzobispo anglicano Desmond Tutu, el Premio Nobel Muhammad Yunus, el ex secretario general de la ONU Kofi Annan, el ex presidente norteamericano Jimmy Carter y el mundialmente renombrado economista Jeffrey Sachs, entre otros.

    Actualmente, el estudio anual clasifica según su nivel de paz a 162 de los 196 países en el mundo bajo tres categorías esenciales: nivel de seguridad dentro de la sociedad; alcance del involucramiento de cada país en conflictos tanto internos como externos, y grado general de militarización de cada país. Pero dentro de estas tres líneas de estudio, el GPI investiga más de una veintena de factores que incluyen datos sobre niveles internos de crimen y violencia, e impactos tales como relaciones exteriores, gasto militar, participación en acciones bélicas y tráfico de armas. Una decena de indicadores se aplican a la evaluación de cuestiones de seguridad. Por lo tanto, bajos niveles de actividad criminal, un mínimo de actividad terrorista, buenas relaciones con países vecinos, falta de refugiados o desplazados entre la población nacional y un escenario político estable son todos aspectos que clasifican a una sociedad como pacífica. Pero existen siete factores más que entran en la balanza y que incluyen, entre otros, el crecimiento armamentista, el nivel de acceso a las armas y militarización de la sociedad en general, la proporción de gasto militar al producto bruto interno y la tenencia por parte de cada país de armas pesadas y/o nucleares.

    Sobre la base de tales cálculos, el Informe Anual del GPI para 2014 concluye que los tres países más pacíficos del planeta son Islandia, Dinamarca y Austria, mientras que los tres más violentos son, en orden descendiente, Sudán del Sur, Afganistán y Siria. Según los criterios del GPI, Estados Unidos, por ejemplo, se clasifica bien bajo, como 101º en el ranking —entre Benín y Angola—, mientras que su vecino norteño, Canadá, ocupa un lugar de privilegio como séptimo entre los más pacíficos. Pese a combates entre tropas ucranianas y rebeldes pro rusos, Europa sigue siendo la región más pacífica del mundo, mientras que el sur de Asia, aunque con una leve mejora desde el año pasado, sigue siendo la zona menos pacífica.

    Argentina figura como tercera entre los países donde se anticipa un deterioro en el nivel de paz dentro de los próximos dos años, acompañada en esa lista por Zambia, Haití, Chad, Bosnia y Herzegovina, Nepal, Burundi, Georgia, Liberia y Qatar.

    El GPI cuantifica, además, el costo de la violencia para la economía mundial (y, por lo tanto, para la resolución de las necesidades humanas y ambientales en el mundo entero), cifra que suma unos 9,8 billones de dólares, o el 11,3 por ciento del producto bruto mundial (o sea, una cifra superior al 11 por ciento de todo lo que la humanidad produce en el planeta entero). En términos más gráficos, y según cifras de la ONU, lo que la violencia quita a la economía mundial sería suficiente para dar de comer ampliamente durante más de dos siglos a los 900 millones de personas que hoy padecen de desnutrición crónica, sin contar lo que esa enorme cantidad de dinero significaría para la humanidad si se aplicara a la educación universal, a los avances en medicina y ciencias humanas o a la solución de urgentes problemas ambientales que siguen siendo postergados mientras se prioriza la expansión militar en todo el mundo.

    Quizá sea hora de preguntarnos si este solo hecho no constituye incentivo suficiente para que los pueblos del mundo se unan para demandar de sus líderes el fin de las guerras y el comienzo de un movimiento global y efectivo hacia la construcción de una paz universal positiva, colaborativa y duradera para la supervivencia de la humanidad.

    Roberto Vivo