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    La historia económica de la era frentista: “prudencia” macro, reformas estructurales parciales y un Estado que “engordó”

    Reedición revisada y actualizada del reconocido libro de Ramón Díaz

    Haciendo una “descripción objetiva de indicadores y resultados económicos, dada la dificultad natural de juzgar con precisión la época contemporánea sin la distancia crítica deseable al escribir sobre la historia”, el economista Hernán Bonilla sostiene que los gobiernos del Frente Amplio han hecho una gestión macroeconómica “prudente”, sobre todo el primero. También que fueron ejecutadas algunas reformas estructurales, pero otras, como la del Estado, quedaron en palabras. De hecho, dice que en ese plano ocurrió lo contrario ya que el aparato público “engordó”.

    Bonilla, director del Centro de Estudios para el Desarrollo —un think tank independiente de corriente liberal­—, da actualidad en un capítulo de la reedición de Historia económica de Uruguay, de Ramón Díaz, que desde hoy jueves 8 estará a la venta en librerías. Originalmente publicado en 2003 por Taurus, el libro es considerado una referencia para comprender al país, en una perspectiva no exclusivamente económica. La gran demanda que ha tenido hace difícil conseguirlo, por lo que la familia de Díaz —abogado, economista, docente, presidente del Banco Central entre 1990 y 1993, además de fundador de Búsqueda, fallecido en enero de 2017— resolvió reeditarlo para facilitar su acceso en ámbitos académicos. En el prólogo, el presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, Alberto Benegas Lynch, destaca que la edición original de Historia económica de Uruguay, con “meticulosa cronología” desde la época colonial, así como “ajustados y muy jugosos análisis de asuntos monetarios, laborales, fiscales” y del comercio exterior, fue un “acontecimiento singular”, puesto que aportó una “perspectiva distinta” e incorporó aspectos originales que no solo interesaron a los uruguayos, sino que alimentaron a muchos estudiosos latinoamericanos. “Ahora constituye un motivo de celebración y júbilo” que aparezca una nueva edición, añade.

    Crisis y frentismo

    La actualización a cargo de Bonilla comienza con la crisis en que se sumergió el país en 2002, durante la administración de Jorge Batlle, a raíz de factores externos pero también domésticos, señala. Hubo “errores de política económica” —la fragilidad fiscal y bancaria que “heredó”—, afirma, y cuestiona el “abandono de la agenda liberal, que quedó por el camino como consecuencia de la oposición, las dificultades económicas y la estrategia establecida”.

    Elogia la forma en que el gobierno de Batlle logró cortar la corrida bancaria, manteniendo el sistema de pagos y luego con el canje de la deuda pública. Después de eso, y favorecida por factores externos, vino una fase de recuperación económica. Y la era frentista.

    El período 2004-2014 mostró un desempeño económico excepcionalmente positivo para Uruguay (5,4% promedio anual), en un contexto de condiciones internacionales “excepcionalmente favorables” por las bajas tasas de interés en los países del pri­mer mundo y los altos precios de los productos de exportación, afirma el economista. También contribuyeron factores internos, como un manejo macro­económico “prudente, especialmente en la primera administra­ción de Vázquez”, que se fue “flexibilizando” en la administración de Mujica —cuando hubo además, “diversos problemas en las empresas públicas”—, así como un “mayor res­peto a las reglas de juego” que las experiencias vinculadas al “socialismo del siglo XXI” como Argentina con los Kirchner, agrega.

    Luego, en 2015 y 2016 el desempeño de la economía uruguaya fue “más parecido a una situación de estancamiento que de crecimiento”, si bien en 2017 se dio una recuperación, aunque a tasas menores a la de los años de bonanza, analiza. Y añade que una coyuntura externa menos benigna desnudó “problemas” internos, especialmente en materia de competitividad. Entraron en juego allí factores como la carga fiscal, aunque en una visión de más largo plazo también aparecieron como “desafíos impor­tantes la mejora de los resultados en educación, donde Uruguay ha perdido su posición de avanzada en el continente, y alcanzar una mayor inversión en infraestructura”, señala Bonilla.

    El aumento del déficit y el endeudamiento público en los gobiernos del Frente Amplio se debió, según él, a que “en una etapa de crecimiento excepcional” del Producto Bruto Interno y de los ingresos del Estado, el aumento del gasto pú­blico resultó “exponencial”.

    Para Bonilla, algunas reformas estructurales en el área económica fueron hechas en el primer gobierno de Vázquez, aunque la anunciada para el Estado “nunca llegó a tomar la forma de un planteo concreto”. Hubo, de hecho, un “nuevo impulso estatista, que analizado en perspectiva seguramente constituirá una etapa de signo distinto al ‘repliegue amortiguado’ del Esta­do de las décadas anteriores”, afirma. El aparato estatal, “que nunca dejó de ser rela­tivamente grande, engordó bajo las administraciones del Frente Amplio. Amén del peso específico, también por medio de la re­gulación o de la acción de las empresas públicas se constata esta vocación por un Estado más grande e interventor”, agrega.

    Mientras, los cambios en el sistema educativo —más específi­camente, de su forma de gobierno— dieron mayor peso a los sindicatos docentes, lo que “reforzó el sesgo conservador y dificul­tó cualquier tipo de reforma sustantiva”, añade.

    En cuanto a la inserción externa del país, Bonilla dice que en los gobiernos del Frente Amplio no hubo avances en materia de acuerdos comer­ciales. Y remata con una cita a Díaz: “Las economías pequeñas no tienen verdaderas alternativas respecto de la apertura comercial. Hasta en el mundo de hoy, plagado como se haya de proteccionismo e inesta­bilidad cíclica, la estrategia abierta luce decididamente preferible”.

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