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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCambios eclesiásticos sobre la homosexualidad. “No sabemos si alguno de los discípulos de Jesús era mariconcito, no sabemos. Tampoco si María Magdalena era lesbiana pero parece que no porque pasaron bastante por sus piernas”.
Lo anterior fue dicho el jueves 14 por el arzobispo Juan V. Córdoba, ex secretario general de la Conferencia Episcopal Colombiana y al igual que otras recientes afirmaciones (“No somos conejos”…en referencia a la reproducción humana, Francisco I dixit), se incorpora —aunque en el caso del arzobispo colombiano con un implícita desvalorización de la homosexualidad— a la serie de cambios en creencias que durante casi dos mil años han sido dogma para millones de personas.
Verdad incuestionable que ha significado la discriminación, el escarnio, la burla y, por siglos, prisión y muerte para miles de seres humanos como es harto conocido.
“Nadie escogió ser homosexual o heterosexual. Sencillamente se siente, se ama, se experimenta, se atrae. Y ninguna atracción es mala”, agregó Córdoba en un foro realizado en la Universidad de Los Andes, una de las principales universidades de Bogotá.
El arzobispo colombiano para reafirmar que su iglesia hoy no considera pecado a la homosexualidad agregó que “esto no es ganar batallas por genitalidad, por penes o vaginas. Las batallas son por la dignidad de los más pobres”.
La reacción de la Conferencia Episcopal Colombiana fue inmediata y puntualizó que las palabras de Córdoba “no han tenido la intención de controvertir o modificar la sólida e inamovible posición moral de la Iglesia”. Lo que hace pensar en un cambio de tono, mas no de posturas. El tiempo dirá.
Lo que no es extraño. Así funcionan los cambios sociales. Cuando la realidad se ha impuesto al dogma o a la legislación obsoleta, surgen personas aisladas —más o menos representativas y, por ende, más o menos efectivas— que apuntan más allá del estado de cosas, con la finalidad de movilizar al colectivo.
Lo de Córdoba es un eco del propio Jorge Bergolgio quien en julio de 2013 se preguntó: “Si una persona es gay, busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”.
Y ese proceso a veces tiene saltos cualitativos, o sea, acumulación en que la cantidad se transforma en una nueva calidad. Un ejemplo lo constituye el propio Bergoglio quien en 2010, antes de ser el jefe máximo de los católicos, cuando era cardenal argentino, había opinado muy diferente respecto al matrimonio homosexual: “No seamos ingenuos. No se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios”. Sin embargo en setiembre pasado dijo que la Iglesia debe poner fin a su obsesión con el aborto, la anticoncepción y la homosexualidad, y volverse más misericordiosa, o se arriesga a colapsar como un “castillo de naipes”.
No se trata aquí y ahora de pasar facturas, sino por el contrario, de reflexionar. Si se asumen funciones pastorales, como le gusta decir a los obispos católicos, solamente por la vía de la apertura mental, el estudio, la educación ciudadana en todos los niveles, es que se puede intentar ser “experta en humanidad”.
Nos consta que hay ámbitos, iniciativas y concreciones que abonan esa actitud llevada adelante por cristianos; pero que también hay un camino por recorrer en humanización, en erradicación de la proverbial misoginia de prelados y feligreses, es de evidencia inobjetable.
Hugo Machín
CI 1.312.624-1