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    La indignación de la diputada

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2159 - 27 de Enero al 2 de Febrero de 2022

    “¿Esto pasa en mi país?”, escribió indignada en su cuenta de Twitter una diputada de Cabildo Abierto hace algunos días. “Digan de mí lo que quieran, pero esta gente no está bien. Esto no es lo normal y no quiero que en mí país esto se haga normal”. Al leerlo fuera de contexto, alguien podría pensar que la diputada hacía referencia a algo realmente preocupante y repudiable, como por ejemplo a la violación en grupo que tuvo lugar el domingo pasado en Montevideo. Pero no.

    La representante, que cerraba su tuit con el hashtag #NoALaIdeologíaDeGénero, hacía referencia a una performance artística, de la que adjuntaba un fragmento de video de unos pocos segundos. En las imágenes, se ve a una mujer llevando de una correa a un hombre que caminaba en “cuatro patas”, o en forma de “perro” en un lugar público, que era la feria artesanal del balneario La Paloma. Según explica la dupla artística —integrada por Pata Coche y Pelo Chiriff— la obra aborda el tema de la violencia en los vínculos y está basada en sus propios textos y poemas.

    Quienes manifestaron en redes su malestar por la presentación de este trabajo en un espacio público, parecen haberla relacionado con una especie de exhibición de prácticas sexuales sadomasoquistas. “Disidentes”, les llama en su tuit la diputada. Sin embargo, según la autora de la pieza, la obra es una invitación a reflexionar en torno al sometimiento y el maltrato presentes muchas veces en las relaciones entre hombres y mujeres. De hecho, la imagen de una mujer “paseando” a un hombre como un perro, no es nueva en el campo del arte: ya en 1968, la artista austríaca de vanguardia Valie Export se paseaba por una zona comercial del centro de Viena llevando a un hombre (Peter Weibel) atado de una correa, en la performance Del archivo de la condición canina, en una irónica inversión de los roles de poder que normalmente se asocian a lo masculino y lo femenino.

    “Si es como ahora dicen que es una obra de teatro. PEOR. Las obras la gente elige verlas o no. Estos se paseaban por la calle sin ningún tipo de explicación”, insistía al día siguiente la diputada, luego de descubrir que se trataba de una actuación y no de dos “disidentes” paseando. Muchas personas le respondieron tratándola de ignorante o desinformada. Y si bien la desinformación es una posibilidad, es importante tener presente que transformar todo en una excusa para polarizar a la población en base al miedo (“¡miren a esos degenerados! ¡quieren que nuestros hijos sean gay! ¡es culpa de la ideología de género!”), es también una estrategia política.

    Es la misma diputada que ha realizado afirmaciones como “los hombres matan a las mujeres por exceso de amor”; que se ha referido al mes de la diversidad como un “circo” preguntando “¿cuándo es el mes de los heterosexuales?” y que ha declarado que “tenemos una vicepresidente vergonzosa” por darle relevancia a la agenda de género. Aunque a muchas personas estos dichos les pueden resultar disparatados o hasta “graciosos” y propios de una persona ignorante, la pregunta que es necesario hacerse es: ¿cómo es que una persona así de ignorante ocupa una banca en el Parlamento?

    Y es que hace tiempo que, en el mundo entero, son precisamente ese tipo de declaraciones las que han llevado al poder a quien las dice; hace años ya que el uso de mentiras disparatadas viene funcionando como estrategia política. E indefectiblemente, los discursos antigénero son la pieza central de estas posturas: es así que logran captar a todo ese gran margen de la población a la que no le interesa en lo más mínimo vivir en un mundo más justo y respetuoso con todas las personas históricamente discriminadas.

    Hasta ahora, la diputada no parece haberse indignado con la violación grupal del domingo 23, al menos no como para sentir la necesidad de compartir sus pensamientos en redes. Tal vez (como ha declarado en otras oportunidades), crea que es necesario hacerle una “pericia psicológica” a la mujer que denuncia violencia. O a lo mejor considera que algo de culpa tiene, por haberse ido a la cama con un “desconocido”, por estar “regalada”. O tantos otros argumentos de esos que circulan por ahí para relativizar el espanto sufrido por esa mujer, en lo que constituye una clara situación de violencia de género. O quizás, y esta es otra opción, es de esas personas que se indigna profundamente ante lo sucedido y todo le resulta “asqueante y aberrante”, aunque jamás movió un dedo para contribuir a erradicar esta cultura en la que, sin duda alguna, los hombres no son iguales a las mujeres, menos aún cuando se trata de temas relacionados a la sexualidad y el derecho al goce.

    Tal vez, este es el momento perfecto para ir a ver aquella performance de Pata y Pelo que tantas quejas generó, y reflexionar un poco sobre el sometimiento y el maltrato en las relaciones y los vínculos abusivos entre hombres y mujeres.

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