“Hay que tirar para que te respeten”. Días atrás, una vez más padecimos la atrocidad del crimen del empleado de La Pasiva.
“Hay que tirar para que te respeten”. Días atrás, una vez más padecimos la atrocidad del crimen del empleado de La Pasiva.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDe todos los ríos de tinta surgidos a raíz de ese problema que, según el fiscal Zubía, es uno más de la nueva modalidad instalada desde hace ya 2 años atrás, de “primero disparo, luego robo”, el único que a mi entender escribió algo sensato fue el reconocido ex periodista de Zona Urbana, Gabriel Pereira (el que supuestamente le hace mandados a la oposición según dichos de nuestro presidente Mujica en la entrevista que tuvo junto a él en su programa de VTV).
El mismo, en el diario “El Observador”, dijo que si alguien sale determinado a cometer un delito empuñando un arma y dispuesto a matar ya sea con el fin de cometer un hurto o una rapiña o por el simple hecho de dar muerte a alguien, únicamente que leyéramos los pensamientos de las personas, es por lo menos policialmente imposible detenerlo o hacer algo para impedirlo.
Es una verdad que duele pero es así. Por algo la Biblia dice que Dios nos dio el libre albedrío pero, como contrapartida, Jesús condenaba inclusive el pecar de pensamiento (cosa de alejarlo ya desde el vamos).
Me vienen a la mente una serie de películas de ciencia ficción donde los agentes de la Policía se adelantaban a los crímenes y lograban detenerlos antes de tiempo gracias a su visión en el futuro. Pero nuevamente me choco con la realidad: eso es imposible.
Otra opción sería conformarnos y readaptarnos a esa vida violenta, comer en los bares lo más rápido posible pidiendo la cuenta velozmente, estar alertas en nuestras idas al supermercado de tirarnos al piso en caso de que alguien con casco entre raudamente empuñando un arma a pedir el dinero de la caja y encomendar a Dios la vida de los empleados de esos lugares. ¿Pero no será que debemos rebelarnos y reaccionar luchando todos juntos?
Seamos sinceros: los homicidas del pizzero de La Pasiva no llegarán siquiera a 4 años detenidos; eran menores de 17 años de edad. Y hoy nos preguntamos qué pasaría si hubiésemos bajado la edad de inimputabilidad. La verdad, la cosa cambiaría.
Pero debemos reprimir con las consecuencias del delito a cuestas o prevenir en la medida de nuestras posibilidades.
Saco una nueva conclusión: mejor prevenir, mejor no politizar el asunto, mejor no capitalizarlo en votos; sí en experiencia social, sí en concientización.
La verdad es que esos muchachos robaron para comprarse “cosas”. O sea, no fue para cubrir necesidades básicas. Entre esas “cosas”, calzado deportivo de alta gama y prendas de vestir de reconocidas marcas. Al decir de ellos y al ser apresados, dijeron que se habían gastado el botín en esas “cosas”... bendito capitalismo. Consumimos de todo y dentro de ese todo entran las sustancias psicoactivas que crean dependencia y eliminan nuestra conciencia y capacidad de socialización, amén de destruir nuestra voluntad para trabajar y ganar el sustento honestamente.
En un país con, a mi criterio, buena permeabilidad entre los estratos sociales, con una educación gratuita a nivel terciario inclusive, donde como en todos lados hay que remarla para salir adelante, la conclusión siempre será la misma: es más fácil robar que ganarse las cosas honestamente, es más fácil pasarse el día de “transa y curtiendo” que estudiando, es más fácil vivir de otro, sea plan social estatal, padre o madre, que luchar las cosas uno mismo.
¡Qué terrible! Ya lo decía Hobbes: el hombre es el lobo del propio hombre y el Estado, un hacinamiento de poder resultante del egoísmo colectivo.
¿Dónde está pues nuestra contribución? Hace poco, en un bar céntrico donde me cobraron un sandwich y un cortado muy en precio, leí algo casi increíble para nuestros días: “sólo se expenden bebidas alcohólicas de 11 a 18 horas y sólo como acompañamiento de las comidas”. Y pensar que en un lugar de comidas de Carrasco vi cómo una señora ya entrada en años le mentía telefónicamente a un familiar preocupado por su adicción a la bebida, diciéndole que estaba en el SUAT haciéndose un chequeo de rutina. Apenas colgó, le pidió al cantinero que le sirviera otra. Y, entregada, le espetó: “qué tontos somos vos y yo; nos estamos matando, vos con el cigarro y yo con la bebida”. El cantinero en busca de su merecida plus valía accedió a servirle un trago más.
He allí dos ejemplos bien distintos de gente común, con muy distinta responsabilidad social. Allí no está metido el Estado, allí no están los políticos, hasta allí no llegó la marcha por la inseguridad, pero hay dos personas comunes de nuestro diario quehacer social y comercial que frente a la misma situación, actúan bien distinto.
Nadie habla de rechazar el ganarse el sustento diario; nadie habla de condenar el capital. Sí hablamos de educar en valores, en respeto, en dar el ejemplo, en cambiar la mentalidad y, por supuesto, no esperar que otros hagan lo que nosotros no hacemos. Probablemente descargamos nuestro odio y rencor contra los padres de ese menor homicida que le quitó a nada menos que 5 chicos la posibilidad de volver a ver a su padre. Pero, ¿y por casa cómo andamos?
Dr. Julio F. Moro
Abogado