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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáYo no lo voté....pero defiendo la institucionalidad. En mis casi 50 años de ciudadano (voté por primera vez en 1966) nunca voté al Frente Amplio, pero sí a varios partidos, dado que únicamente estoy casado con mi esposa (45 años) pero no con un partido político. No solo lo voto, sino que participo activamente, antes de la elección y ahora, durante el período inter-electoral, aportado mi granito de arena al partido que hoy considero representa los ideales y valores que más quiero para mi país.
No voté al presidente Vázquez pero como demócrata-republicano desde la cuna, por historia, por estudio y sobre todo, por convicción, solo considero válido un sistema de este tipo, tal como lo mandata la Constitución de la República. Este régimen, “el peor de todos excepto todos los demás” dijera Sir Winston Churchill, debe ser defendido apoyando a las autoridades legítimamente electas y responsables por el gobierno del país.
Por este motivo, el presidente gobierna, el Parlamento controla y legisla, el Poder Judicial hace cumplir la Constitución y las leyes, y las demás entidades, grupos, partidos, sindicatos, etc., solo tienen que acatar sus decisiones, les gusten o no.
El enfrentamiento de “poderes” entre el presidente y los sindicatos de la enseñanza fue una puja anti democrática porque los segundos intentaron gobernar en lugar del presidente, anteponiendo sus intereses sectarios y corporativistas en sus huelgas.
Coincido plenamente con las columnas de Claudio Paolillo y Tomás Linn del jueves 3 del corriente en sus apreciaciones y agrego mi apoyo a la exigencia de mejorar la educación a los que más la necesitan: alumnos de la escuela y secundaria públicas, especialmente aquellos provenientes de los entornos menos favorecidos, más vulnerables.
Darles las herramientas para enfrentar la vida, poder a través de sus conocimientos, tesón y trabajo, cambiar sus actuales entornos por otros mejores, es darles la oportunidad de empezar a igualarse con aquellos con entornos más favorables, tanto económicos como familiares. Esto es igualar, pero para arriba, no para abajo como pretenden los sindicatos actuales.
Don Pepe D’Elía debe estarse revolviendo en la tumba, al ver que la última carta a jugar por un sindicato (la huelga y como súper último la ocupación) ahora se usa de primera, con la inexperiencia de vida y la mentalidad de la guerra fría (no al FMI, fuera yanquis de Cuba, viva la URSS) que impera hoy en los líderes sindicales.
Es hora de cambiar en serio, de exigir obligaciones aparte de los derechos a quienes les pagamos de nuestros bolsillos y confiamos en la educación de nuestras nuevas generaciones. ¿Para cuándo pagar por objetivos cumplidos? ¿Para cuándo demostrar que se puede hacer como algunos liceos públicos del interior: poca inasistencia, menos repetición, buenas notas, hecho con los mismos profesores y directores formados como los que tienen resultados pésimos?
La democracia se fortalece día a día, pero también se la destruye en pocos minutos. Es tarea de todos apoyarla y defenderla.
Lic. Juan Carlos Perusso Rodríguez
CI 1.032.781-0