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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSi hay una palabra muy utilizada en estos tiempos, ella es institucionalidad. Y de tanto usarla le vamos cambiando su significado, de a ratos es la razón de nuestra supervivencia o nos lleva a caer al vacío. Hay dos tribunas bien definidas, la oposición a través de muchos de sus dirigentes (no todos) dice que hoy el Uruguay está amenazado con perder la “institucionalidad”. Del otro lado están los dirigentes de la coalición, que manifiestan todo lo contrario y festejan la fortaleza de nuestras instituciones. ¿Quién tiene razón? Que el lector evalúe.
Tenemos dos escenarios: por un lado, el caso Astesiano y, por otro, el “relato del caso Astesiano”. El primero dio comienzo en la noche del 27 de setiembre cuando el custodio personal del presidente fue detenido en la mismísima residencia de Suárez acusado de los delitos de suposición de estado civil y asociación para delinquir. En criollo, falsificación de partidas de nacimiento a ciudadanos rusos para obtener documentación uruguaya. De inmediato comenzó a actuar el Poder Judicial bajo la fiscalía de la sra. Gabriela Fossati. El primer hecho que ocurre es una clara separación de poderes, ni siendo custodio del presidente se evita que la Justicia actué. Astesiano cumple prisión preventiva junto con un ciudadano ruso y un escribano, involucrados ambos en los mismos delitos. Los antecedentes de Astesiano no favorecían para nada haberlo designado en el cargo que tenía y al presidente Luis Lacalle Pou no le quedó ninguna duda al reconocer su error y sentirse traicionado por quien se encargaba de su seguridad y la de su familia. Entre otras pruebas, la Fiscalía recibe el celular de Astesiano y ahí comienzan a aparecer una serie de chats que se prestan a que aparezca en escena el segundo relato.
Quienes tienen acceso a la carpeta investigativa son la Fiscalía, obvio, y la defensa, que cuenta con varios abogados y adscriptos. No se sabe cómo se han ido filtrando los chats del celular, si hay una investigación al respecto aún nada sabemos. Un medio de prensa va largando a cuenta gotas copia de los chats y se asemejan a cucharadas de miel, ya que la oposición se relame con ellos y da cuenta de “su relato”. De las primeras fábulas que tuvimos fue que de aquí salió el pasaporte de Marset, la institucionalidad está en peligro debido a vaya a saber qué cantidad de pasaportes truchos hay. Y ni siquiera se acallaron esas voces cuando se procesó el exvicecónsul en Moscú Stefano Di Conza, persona de confianza del expresidente Mujica, designado en 2013 y que permaneció en el cargo hasta 2018. Lo primero que se debería tomar como un hecho es que el tráfico de influencias, como mínimo, comenzó en 2013, cuando la oposición actual era gobierno. La prudencia debería llevar a silencio a más de uno, pero la verborragia continuó y las instituciones seguían en peligro. Por supuesto que Fernando Pereira no podía estar ausente “del relato”. Trajo a la mesa temas antiguos y calificó al gobierno de acostumbrarse a vivir en la mentira, se preguntó si ante estos hechos el FA debía mantenerse callado y que ellos no daban manija. Es bueno recordar que fue el presidente del FA quien no hace mucho tiempo llamó a bajar la pelota y los decibeles de las declaraciones. Lástima que sus compañeros no le hicieron caso, pues todos los días sale algún legislador, sindicalista o dirigente político a embarrar la cancha. El más grave, sin lugar a dudas, fue el publicista Esteban Valenti, que, “asustado” por el peligro que corre “la institucionalidad”, salió a pedirle al presidente que dé un paso al costado. Esto sí afecta el orden democrático y es una barbaridad que hacía muchos años no se escuchaba. Y volviendo a Pereira y sus dichos sobre si la oposición debería mantenerse callada, es evidente que sería lo mejor y dejar que la Justicia actué, investigue, analice y cuando falle salir a dar opinión. Decir que el gobierno no “protege su propio edificio” es más una declaración de barrabrava que del presidente del mayor partido político del país. Él no ha sabido aún aprender cuál es la diferencia entre presidir el PIT-CNT, donde a cada rato se desubican con declaraciones radicales sin representación ninguna, y presidir el Frente Amplio, que agrupa a varios partidos, varias ideologías (ultras, socialistas, comunistas, etc.) y representa al 40% del electorado nacional. Hay que tener bastante más altura para hablar desde esa posición, y Pereira no la tiene y dudamos que la alcance.
Y para no aburrir con tanto tema que en definitiva son todos tientos del mismo cuero, lo último fue el desplante de los senadores Bergara y Carrera a la fiscal Fossati. Dentro de la serie “chats Astesiano” se reveló que uno de ellos habla de “hacerle una ficha” a ambos senadores, solicitud hecha no se sabe por quién a una empresa de seguridad radicada en Miami. La fiscal citó en forma particular a los senadores para hoy jueves, Carrera se excusó y Bergara le dijo en forma telefónica que no había más que lo que declaró en prensa. Si bien no fue una citación formal al juzgado, una vez conocida la noticia de los chats se acusó de espionaje, de ir contra los fueros, de peligro institucional (otra vez), de que son investigados por presentar una denuncia por los temas del puerto (archivada ya) y salieron presurosos ellos a denunciar. La fiscal, actuando en forma totalmente independiente, dijo que de la información que se tiene es imprudente hablar de espionaje. Incluso Bergara pidió que la denuncia fuera a otro fiscal, como si él pudiera decirle a la Justicia quién debe llevar a cabo las investigaciones.
A todo esto, quienes siguen las noticias que van apareciendo y el condimento que algunos agitadores le van poniendo terminan sacando sus conclusiones que con seguridad serán más acertadas que la de muchos conciudadanos que se quedan con la cáscara y no ven lo que después hay dentro. Tenemos expertos en desinformar, en darle la vuelta a la cosa para que todo lo blanco quede negro y lo negro quede gris. Esto sí puede llevar a desestabilizar cualquier andamio cívico que levantemos. Nosotros no vemos ningún peligro institucional en el horizonte, vemos varias aves de rapiña al acecho y que siguen creyendo que lo mejor es que al gobierno le vaya mal para volver al poder. Si al gobierno le va mal, al país también. Ya supimos tener varios hechos en el pasado, protagonizados por la oposición de hoy, que podían llevar a confusiones y al final todo quedó en la nada. En algunos actuó la Justicia, como debe ser, y se condenó a un vicepresidente (caso Ancap) y también al presidente del Banco República y a un ministro por el caso Pluna, bajo el gobierno de Mujica. Hubo más, algunos se siguen investigando y otros son muy amigos del olvido como las licitaciones en el Instituto de Oncología, los negocios con Venezuela (donde incluimos el genial negocio de venta de libros), regasificadora, Antel Arenas, etc., etc.
A esta altura que cada uno saque sus conclusiones, pero lo más importante es dejar de mentir o especular con las cosas que salen de Fiscalía por parte de los dirigentes políticos y también de algunos medios de prensa. El último hecho analizado en forma errónea fue el regalo de casi media tonelada de pescado por parte de un jeque árabe al presidente de la República. Fue una periodista de probada experiencia quien insinuó si en ese cargamento no habría droga y resulta que todo terminó en donaciones ya efectuadas y comprobadas.
Los hechos ocurridos hasta ahora no solo no ponen en peligro la institucionalidad del país, sino que la robustecen. Todo dependerá de la Justicia en forma independiente, nadie está presionando a la fiscal y así debe continuar. Veremos si una vez acallados los gritos y los chats de Astesiano quienes han hablado sin ninguna prueba salen a pedir disculpas. Lo dudamos mucho, esta película ya la vimos, y varias veces.
Sergio Barrenechea Grimaldi
Egresado de la Escuela de Periodismo de Búsqueda,
primera generación (2017)