• Cotizaciones
    jueves 25 de junio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    La izquierda, la Iglesia y el capital

    En un libro de curso sobre historia europea moderna que me tocó estudiar, había una caricatura de comienzos del siglo XX. En ella se veía a un monarca nórdico dispuesto a abordar un tren a Côte d’Azur. Con un pie en el estribo, el rey se dirigía a los distinguidos amigos que lo habían ido a despedir diciendo: “Me voy tranquilo de vacaciones. Ahora que tengo un primer ministro socialista sé que no habrá disturbios”.

    Para malestar de la derecha política, los gobiernos socialistas escandinavos fueron la carta preferida por los industriales, el gran comercio y el mundo de las finanzas durante muchas décadas. Era una opción que no amenazaba al sistema reinante, que garantizaba estabilidad y que, además, se erigía en el mejor freno a cualquier tipo de conflictos sociales o laborales.

    Convencidos de que sólo el capitalismo era capaz de crear riquezas, la socialdemocracia del norte europeo apostó desde temprano por un sistema que conjugaba la economía de mercado con una legislación tendiente a crear mayor justicia social. Esta estrategia resultó tan exitosa que los países en donde fue aplicada se encuentran desde hace décadas en la delantera del bienestar social mundial.

    En la otra vereda, la izquierda del sur europeo y la de “las filiales americanas” repetía sin cesar un violento discurso de lucha de clases y dictadura del proletariado. Cualquier intento de colaborar con el enemigo era para esta izquierda truculenta y desaforada un acto de traición que merecía no sólo el desprecio sino que también la muerte.

    Enmarcarse debajo de las banderas del “socialismo o muerte”, “patria para todos o para nadie”, “muerte al capital” y demás consignas extremistas, no era una casualidad o un acto simbólico, propio de un desfile de 1º de mayo, sino que representaba el sentir intestinal de gentes que no aceptaban ser compatriotas de los “enemigos del pueblo”.

    Por eso, el programa de la izquierda latinoamericana, plenamente compartido por la uruguaya, se basaba en cosas tales como el repudio a los organismos financieros internacionales, la exigencia de nacionalizar la banca y de llevar a cabo una radical reforma agraria, la estatización de la producción de bienes y servicios y otros pasos que inevitablemente llevarían a que “el pueblo” y su vanguardia política le diesen una estocada mortal al sistema de explotación capitalista e instaurasen la dictadura proletaria, primera fase en el camino a la sociedad modelo del futuro.

    “Decime una cosa”, me preguntaba hace un par de semanas un compatriota que lleva más de 30 años en Suecia. “Vos que te mantenés al tanto de lo que pasa allá (“allá” significa Uruguay en el idioma de los uruguayos del Departamento XX), ¿cómo puede ser que el Frente todavía no empezó a concretar el programa?”.

    Veinte años no es nada, dice el tango, y diez es la mitad, pero a estas alturas ya nadie en su sano juicio piensa que el Frente Amplio alguna vez dará un paso serio (es decir un paso que trascienda el discurso para la hinchada) para expulsar al FMI del país, para nacionalizar la banca, para repudiar la deuda o para repartir la tierra entre “quienes la trabajan”.

    Es más: desde que el Frente Amplio es gobierno ha hecho todo lo contrario. Por eso, para el FMI Uruguay es uno de los mejores clientes y Astori es uno de los alumnos más aplicados. La reforma agraria se está haciendo, pero al revés, con una concentración galopante de la propiedad rural y en clave extranjera, además. La idea de los monopolios estatales les da vergüenza nombrarla y lo de nacionalizar la banca ya no se dice ni en los comités de base, ese mundo en donde rige el idealismo platónico.

    Consecuentes con esta marcha atrás, los dos presidentes frenteamplistas y sus comitivas de tupamaros, comunistas, socialistas y trotsquistas dejaron de gritar “yankis go home” y pasaron a decir “yankis we come”.

    Para los representantes del Imperio, Vázquez y Mujica son una garantía. Al igual que el rey nórdico de la caricatura de hace 90 años, el Frente Amplio es la mejor carta que tiene el capital internacional en Uruguay, pues permite y protege sus inversiones al mismo tiempo que les garantiza orden social. Algún paro simbólico o la suspensión del recogido de basura durante unos días es pura cosmética: un gesto para los hinchas. ¿Pero hace cuánto no hay una huelga bancaria?

    El viaje de Mujica a Estados Unidos tuvo un simbolismo inmenso y cristalizó, también, la formación de una trilogía inaudita. Es la trilogía formada por la izquierda, la Iglesia y el capital internacional contra la propuesta blanca y colorada de bajar la edad de imputabilidad.

    ¿Quién hubiera dicho que la izquierda uruguaya, tan combativa, iba a encarar su oposición a esta propuesta con el apoyo moral de la Iglesia y los dólares de Wall Street?

    Del otro lado de la barricada, blancos y colorados, esos “cipayos del imperialismo”, gastan las suelas de los zapatos juntando firmas de puerta en puerta. Las puertas del pueblo.

    Así de rara y caprichosa es la historia.