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‘El día de la revelación’: la nueva película de Steven Spielberg y el otro significado de la palabra ‘alien’
El director estrena su filme número 36, un suspenso de acción sobre el contacto interestelar, en el mismo año en que el gobierno de Estados Unidos se apropia de la terminología extraterrestre para hablar de sus inmigrantes
Emily Blunt y Josh O’Connor en El día de revelación.
Sobre fines de mayo, la Casa Blanca lanzó un sitio web llamado aliens.gov. El portal, con una estética de thriller espacial de los años 90 y aún en funcionamiento, incluye animaciones creadas por inteligencia artificial donde figuras humanas son abducidas por platillos voladores. Las figuras representan inmigrantes siendo detenidos por el ICE, la policía migratoria de Estados Unidos impulsada por el presidente Donald Trump.
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La web declara que los aliens que invadieron el país “bajo el amparo de la oscuridad” no eran hombrecitos verdes, sino los millones de personas que cruzaron la frontera sin documentos. En los textos del sitio aparece el pronombre it, el neutro del inglés reservado para objetos y animales, para referirse a los detenidos.
Ese mismo mes, el Pentágono habilitó un portal con archivos “nunca antes vistos” sobre fenómenos anómalos no identificados. Al respecto, Trump, quien calificó la liberación de archivos como una “promesa cumplida”, publicó en la red social Truth Social lo siguiente: “Mientras que las administraciones anteriores han fallado en ser transparentes sobre este tema, con estos nuevos documentos y videos, el pueblo puede decidir por sí mismo: ¿qué diablos está pasando?”.
Por su parte, el expresidente Barack Obama, que semanas atrás había afirmado en un podcast que los extraterrestres “son reales”, respondió en el programa de Stephen Colbert que una de las cosas que se aprende como mandatario es que “el gobierno es terrible guardando secretos”. Tiempo después, moderó sus palabras y aseguró que no hay evidencias de contacto alienígena.
Mientras tanto, el cineasta Steven Spielberg, uno de los directores más consagrados de Estados Unidos, estrenó en junio El día de la revelación, una película sobre la misión de anunciar globalmente la existencia de extraterrestres.
Embed - El Día de la Revelación | Tráiler Oficial (Universal Pictures) - HD
Durante la promoción del estreno, Spielberg afirmó con contundencia lo que nunca había dicho con tanta claridad: cree que no estamos solos en este planeta. Durante 50 años construyó su fascinación por los extraterrestres desde el asombro y la especulación, pero nunca con esta certeza. El detonante, según explicó, fueron las audiencias del Congreso de 2023, donde exoficiales de inteligencia y pilotos militares testificaron bajo juramento sobre programas secretos de recuperación de naves no humanas.
El día de la revelación es la película número 36 de Spielberg y, según el director, representa la culminación de su carrera en la ciencia ficción. Desde Encuentros cercanos del tercer tipo (1977) hasta este filme, ha utilizado a los extraterrestres para radiografiar el estado emocional de Estados Unidos con una consistencia y un sentido del espectáculo que pocos de su generación pueden presumir.
En aquella película de 1977, estrenada tras el escándalo de Watergate, el extraterrestre era una entidad benigna con la que establecer comunicación, mientras el gobierno fingía, dentro de la ficción, derrames de gas nervioso para ocultar el contacto. En 1982, con E.T., el extraterrestre era el amigo vulnerable al que los agentes federales perseguían sin descanso con fines hostiles. En 2005, con La guerra de los mundos, Spielberg los convirtió en una fuerza de destrucción masiva y repentina, apenas unos años después del 11 de setiembre. En cada película y con cada alien, hay un miedo diferente, y cada uno refleja una ansiedad distinta de su tiempo.
En 2026, ese miedo se ubica en otro terreno. Por un lado, está la ansiedad de una sociedad que ha perdido la fe en las instituciones y busca en la revelación cósmica lo que antes encontraba en otra parte. La psicóloga Brooke Laufer publicó en febrero un artículo en Skeptic Magazine en el que disecciona este fenómeno. Su tesis es que el auge del interés por los ovnis no responde a una oleada de avistamientos reales, sino a un vacío espiritual y una crisis de confianza que convierten a los extraterrestres en el nuevo recipiente de nuestras ansiedades colectivas. Lo resume con precisión: “No solo estamos presenciando informes de lo inexplicable; estamos presenciando la temperatura psíquica de un país, sus ansiedades, su hambre conspirativa y su imaginación colectiva hecha visible”.
Por el otro está la palabra alien en su acepción más brutal, la de la Alien Enemies Act de 1798, una ley que todavía permite al gobierno de Estados Unidos detener y deportar a personas consideradas “extranjeras enemigas”. Es la misma palabra que encabeza aliens.gov y también la etiqueta que, sin pronombres ni matices, convierte a una persona en un expediente.
Mientras el gobierno de Estados Unidos aplica esta segunda terminología, la que deshumaniza, la que borra rostros para convertirlos en categorías administrativas, Spielberg ha preferido mirar hacia la otra. La que fantasea con el otro cósmico y que, como sugiere Laufer, quizá dice más de nuestras propias ansiedades que de los habitantes de ningún planeta.
La película surge bajo este clima de ansiedad y conspiración; es un suspenso de acción que arranca en plena persecución. Esa apuesta por el ritmo vertiginoso inmediato de El día de la revelación revela también uno de sus primeros riesgos y convierte a sus personajes principales en portadores de una misión antes de que el espectador haya podido establecer un vínculo emocional con ellos.
Los protagonistas en cuestión son Josh O’Connor y Emily Blunt, y ambos cargan con ese peso de maneras distintas, pero con el mismo efecto. Ella es Margaret Fairchild, una meteoróloga de Kansas City que descubre tener una conexión profunda con secretos capaces de cambiar el mundo. Él es Daniel Kellner, un genio de la ciberseguridad y exconvicto por piratería informática que se rebela contra sus superiores para filtrar la verdad sobre los fenómenos no identificados.
Cuanto más los eleva el guion de David Koepp, sugiriendo en ellos una suerte de destino mesiánico o la condición de elegidos para el contacto interestelar, menos margen tienen para su humanidad. Es un problema que Spielberg resolvió mejor con Tom Cruise en La guerra de los mundos, donde la épica llegaba después de presentar al hombre común. Aquí, en cambio, aparece invertido. La épica llega primero, y el hombre común trata de alcanzarla.
Donde no hay fisuras es en la dirección. Las secuencias de persecución, los interrogatorios y otras escenas concentradas en lo alienígena tienen la precisión de alguien que lleva décadas sabiendo exactamente dónde poner la cámara. En todos esos tramos, la película no necesita argumentarse, simplemente ocurre y se convierte, de a ratos, en un entretenimiento estupendo. Es ahí donde parece vivir el Spielberg más motivado, en el movimiento y en el pulso más que en el andamiaje narrativo que los envuelve.
El director ha dicho que no cree que su película sea política. Que Encuentros cercanos lo era mucho más. Que esta es una historia sobre personajes, sobre la injusticia de que un grupo pequeño posea verdades que pertenecen a todos. También dijo que si le preguntaran a los votantes de Harris y a los de Trump si creen en vida extraterrestre, la respuesta sería 50 y 50 . Que el alien une donde todo lo demás divide.
Puede que tenga razón. Puede que, ante la posibilidad de un visitante cósmico, las grietas domésticas se desvanezcan. Pero mientras Spielberg invita a mirar al cielo, el gobierno de su país usa la misma palabra para señalar a quienes ya están aquí y no han venido de ningún planeta. La distancia entre esas dos miradas es también la distancia entre lo que el cine puede soñar y lo que la política se permite ignorar. Spielberg sigue siendo un artesano insuperable del asombro. Pero el asombro, en 2026, tiene un competidor feroz: la indiferencia.