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    La muerte de un adolescente y la cuarentena

    Sr. Director:

    Como es de pública notoriedad, desde el 13 de marzo cuando los primeros 4 casos de coronavirus se detectaron en Uruguay, se adoptaron diversas medidas de confinamiento y aislamiento social tendientes a contener la pandemia.

    Trágicamente, como daño colateral de dichas medidas, mi hijo de 13 años falleció. Mi hijo era un chico feliz, sano, vibrante y lleno de energía. Su sueño era convertirse en atleta profesional. Era un atleta federado que competía en la pista de atletismo de Montevideo y un apasionado golfista. Estaba entrenando para competir en el Campeonato Sudamericano Prejuvenil de Golf que se jugaría este año en la cancha de Punta Carretas. De repente, todas sus pasiones y su descarga mental y física fueron cortadas por el cierre de la cancha de golf y la pista de atletismo debido a la cuarentena.

    Él estaba siguiendo el liceo vía remota, a través de sesiones en la aplicación Zoom y realizando deberes en casa debido al cierre del liceo. Durante ese período recibí algunos correos de parte del liceo diciendo que mi hijo no se había conectado a un par de sesiones de Zoom, pero ya se había adaptado a su dinámica e intentaba no perderse ninguna sesión. En un trágico domingo, 26 de abril de 2020, su profesora principal envió otro correo diciendo que mi hijo Luciano no hacía los deberes con regularidad en algunas materias. Hablé con mi hijo de manera calmada y sin ningún tipo de discusiones sobre el mail en el cual su profesora insistía que tenía que hacer todos los deberes. Le envié a la profesora una captura de pantalla con el detalle de todos los deberes que el niño estaba haciendo.

    Mi hijo empezó a llorar, diciendo que estaba intentando hacer lo mejor que podía y se encerró en su cuarto. No me abrió la puerta a pesar de todos mis ruegos. En su dolor y desesperación, en un impulso, quizás no sintiéndose a la altura de las elevadas exigencias académicas de su liceo y privado de la posibilidad de disfrutar de su pasión, el deporte, saltó desde un piso 9 hacia su muerte.

    Además de escribir como una madre destrozada que perdió a su único hijo, quiero llamar la atención sobre circunstancias que nos afectan a todos en este momento en el mundo entero.

    Uruguay es un país pequeño, de poco más de 3 millones de habitantes, donde la mitad vive en Montevideo y la otra mitad desperdigada en el resto del país. Las medidas de cuarentena adoptadas en Uruguay para contener la pandemia han sido de algún modo copiadas de aquellas adoptadas en China, Europa y Estados Unidos. Probablemente, en densamente poblados países, con cientos de millones de habitantes, la cuarentena de su población fue la única solución posible para contener el Covid-19.

    Pero quizás la misma estrategia no es aplicable a todos los países. Irónicamente, aquí se cerraron cientos de kilómetros de playas desiertas mientras que la gente seguía viajando apiñada en el transporte público. Muchas personas en Uruguay son pobres, habitan en viviendas que apenas pueden ser llamadas así, no pueden lavarse las manos y si están todo el día encerrados en su casa mueren de hambre porque no tienen los medios para sostener a sus familias. Estas situaciones las conozco de primera mano, puesto que supervisé el ingreso a la base de datos del relevamiento exhaustivo realizado de las condiciones de vida de 1 millón de habitantes, los más pobres de nuestro país.

    La trágica muerte de mi hijo expuso varios errores y medidas no bien pensadas y adaptadas a la realidad de nuestro país para contener la pandemia.  Mi hijo fue víctima colateral de ello.

    En cuanto a la institución educativa a la cual concurría mi hijo, se deben una reflexión profunda sobre si están dando la mejor educación a los chicos, si el foco no debería estar puesto en formar chicos felices y no presionados a alcanzar un elevado estándar académico. Yo fui alumna de esa institución, seguramente no tenga más hijos, pero si los tuviera jamás los enviaría a ese liceo y además no se lo recomendaría a ningún padre para sus hijos. Se deben una autocrítica y una reforma de un sistema educativo que no prepara a los niños para la vida y en el cual cada chico pueda desarrollarse feliz en la medida de sus posibilidades.

    Como detalle personal, me fue otorgada una beca por Sytacuse University (NY), en Estados Unidos, para estudiar una maestría en Administración y Políticas Públicas, y recibí una beca del gobierno británico, donde me gradué de máster en Economía de la Regulación y Competencia, en la City University de Londres.

    Esto es simplemente para decirles que puedo pensar con mi propia cabeza y darme cuenta de que muchas cosas en Uruguay y en otros países se podrían haber hecho de una forma diferente, para proteger a los más vulnerables, frágiles y el futuro de la humanidad, nuestros hijos.

    Daniela Richino

    CI 1.537.238-7