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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas propuestas de reforma del sistema de seguridad social promovidas por el PIT-CNT y demás dirigentes socialistas no deberían ser aisladas de lo que realmente es un sindicato, lo que implica analizar su naturaleza.
En primera instancia, el objetivo de los sindicatos es asegurar condiciones laborales que garanticen una calidad de vida “digna”. El sindicalismo se apoya en la tesis marxista de la lucha de clases, más específicamente, las diferencias “injustas” entre empleadores y empleados. El sindicalismo busca una influencia considerable sobre el factor trabajo a través de la promoción de medidas como las leyes de salario mínimo.
No obstante, habrá que enfocarse únicamente en el análisis cataléctico antes que en el ideológico. En una sociedad libre, el trabajo no puede ser monopolizado debido a que todo individuo es dueño de sí mismo y de su accionar. Sin embargo, la asociación en sindicatos puede darse libremente si existen trabajadores que valoran más el desempleo voluntario que el empleo actual, en lo que comúnmente se conoce como huelgas. Esto se debe a que restringir la oferta de un bien genera que aumente su precio.
Ahora, cuando un sindicato logra que sus afiliados obtengan salarios más altos que los usuales, causa que algunos trabajadores queden desempleados, por lo general aquellos menos productivos, ya que las empresas buscarán a otros dispuestos a trabajar en las condiciones actuales o desistirán de contratar por los altos costos. Hay una parte de la oferta laboral existente que queda desempleada junto con nueva oferta laboral atraída por los salarios altos que queda excluida a la par.
De este modo, se condiciona a algunos trabajadores a desplazarse desde la industria sindicalizada a otras industrias, en donde son menos productivos al estar menos capacitados, además de provocar que los salarios en dichas industrias caigan por un aumento de la oferta laboral. La sindicalización general de las industrias causa desempleo masivo fruto de las restricciones que los salarios mínimos excesivos generan.
Asimismo, otras medidas, como seguros de desempleo y cuotas laborales fijadas legalmente, agravan la situación en materia de desempleo y pérdidas empresariales. Pues es evidente que el objetivo del sindicalismo en conjunto con la acción estatal es maximizar el rédito de los burócratas sindicales y políticos, a costa de restringir la oferta laboral y causar desempleo.
Quedaría analizar aquellos casos en donde el sindicalismo sí ha sido justificado. Por un lado, algunos autores lo han defendido en contextos de indeterminación salarial. Carece de sentido, ya que el salario siempre va a corresponderse con el valor descontado del producto marginal del trabajo. Es decir, se paga al trabajador en función de sus aportes al proceso productivo. A la vez, la demanda laboral tenderá a empujar al alza los salarios en aquellas industrias en donde se necesiten trabajadores.
Por otro lado, el argumento de la existencia de estructuras monopólicas o de competencia imperfecta en la demanda laboral carece de sentido por la razón de que es ilógico hablar de estas, como ya he comentado en cartas anteriores (véase Monopolio y competencia).
Por último, se sostiene que mayores salarios incrementan la productividad del trabajador. Pero el sindicalismo sería innecesario si los empresarios los aumentan voluntariamente. Esto implica mayor inversión de capital por trabajador, algo posible solo a través del ahorro previo, dándose traslados de capital desde otras industrias a aquellas de salarios altos. Esto es beneficioso para el crecimiento económico en la medida que se dé libremente, ya que el hacerlo de manera forzada supone asignaciones ineficientes de factores productivos.
Se concluye que, en teoría, los sindicatos no son incompatibles con los mercados libres, salvo en los casos donde se aplica coacción o coerción a través de actos directos de violencia, como piquetes, o actos indirectos de intervencionismo, como leyes y demás normativas estatales. Sin embargo, la evidencia empírica lleva a cuestionarse la magnitud del campo de acción de los sindicatos, su benevolencia y sus efectos sobre el bienestar social y económico.
Santiago Pérez