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    La operación “Pilar Defensivo“ apunta al colapso y derrocamiento de Hamás

    Israel lanzó una operación destinada a debilitar la capacidad militar de Hamás, la organización radical que controla Gaza, apuntando además a facilitar su derrocamiento. Tras nueve días de ataques cruzados entre ambas partes, unos dos mil misiles han caído en territorio hebreo y la aviación israelí realizó cientos de ataques aéreos. Si bien al momento de escribir estas líneas fue anunciado un cese del fuego de largo alcance, el ejército israelí está listo para invadir y ocupar rápidamente la franja si ese acuerdo no es respetado.

    La estructura militar de Hamás ha sido reducida al mínimo y las organizaciones sociales de la organización islámica seriamente afectadas. El martes 20, un F-16 destruyó el Banco Nacional Islámico, desde el cual se financia la obra social del grupo pero también sus compras de armamento. Las lujosas residencias de los hombres fuertes de Hamás y la Jihad Islámica han sido arrasadas. Pero la mayoría de ellos no se encontraban allí, sino escondidos en búnkers con sus familias, y en las mismas solo permanecen guardias y personal de servicio. Los ataques se han concentrado en edificios oficiales como la sede presidencial, el Ministerio del Interior y la Inteligencia Militar.

    De todos modos el Tzahal (“Ejército de Defensa de Israel”) ha eliminado a varios de los principales responsables militares palestinos. El jefe de las brigadas Al Kassam, brazo armado de Hamás, Ajmed Jabari, fue muerto cuando viajaba en su camioneta 4 x 4 junto a sus guardaespaldas. La televisión israelí mostró la filmación donde aparece en la mira desde la cual se lo apuntaba desde el aire, así como la siguiente explosión del automóvil. En otra operación, coordinada con el Shabak —rama del servicio secreto— fue destruido el edificio donde estaban reunidos Ramiz Harb, Abu Alta, Tayasir Abarrí y Kalil Batín, quienes eran los responsables de operaciones de la Jihad Islámica. Dichas operaciones consisten básicamente en el lanzamiento de misiles a las escuelas y pueblos israelíes cercanos a Gaza y el intento de secuestrar soldados. Si bien ambos grupos terroristas son autónomos, Hamás es quien da la autorización para las acciones de la Jihad y otras organizaciones menores.

    Las víctimas palestinas de los ataques suman, al día miércoles 21, 97 personas, aunque Israel y Hamás discrepan en cuanto a quiénes eran “combatientes” y quiénes civiles. Un factor que ha provocado críticas en organismos defensores de los derechos humanos es que Hamás ubica sus lanzaderas y arsenales en escuelas, hospitales y edificios particulares, escudándose de hecho en su propia población.

    Del lado israelí la zona limítrofe con la franja, en un radio de 40 kilómetros, ha suspendido las clases y limitado la actividad económica. Muchas familias han viajado al centro y norte del país, a casas de familiares y amigos. La capital del sureño desierto del Neguev, Beersheva, junto a otras importantes urbes costeras como Ashkelón y Ashdod han sido los principales objetivos de los disparos de cohetes Grad y Kassam. De los 1.630 disparados hasta ayer miércoles, solo 54 explotaron en zonas pobladas. De todos modos, varias decenas impactaron en viviendas y escuelas, produciendo la muerte de seis israelíes y numerosos heridos. Desde 2007, año en que Hamás asumió el poder en Gaza, se han lanzado unos 15.000 misiles a las zonas del sur israelí. La novedad en este enfrentamiento es que también fueron disparados varios contra Belén y Jerusalén, ciudades sagradas para las tres religiones monoteístas y con un alto porcentaje de población musulmana y cristiana.

    La “estrella” del sistema defensivo judío lo constituye el complejo “Cúpula de Hierro”, un conjunto “inteligente” de baterías anti-misiles. El mismo interceptó y destruyó en el aire al 85% de los proyectiles dirigidos a ciudades, ignorando aquellos que se desviaban hacia zonas rurales. Es el único sistema operativo en el mundo capaz de interceptar proyectiles de corto alcance. Está en funciones desde 2011. En este momento existen cinco baterías ubicadas en lugares estratégicos y en 2013 se alcanzará el número de 13, las cuales se espera protejan la totalidad del territorio israelí. “Cúpula de Hierro” adquirió una importancia capital en el esquema defensivo del estado hebreo, y si bien es muy caro —cada cartucho cuesta unos 50.000 dólares—, la protección que representa es incalculable. En estos días de enfrentamiento ha salvado miles de vidas y los ciudadanos la llaman “Cúpula de Oro”.

    Gaza ayer y hoy bajo Hamás.

    Con apenas 360 kilómetros cuadrados (dos tercios de Montevideo), Gaza posee una población algo superior a la capital uruguaya (un millón y medio de habitantes). Larga y angosta, tiene 40 km. de costa mediterránea —con las mejores playas de la zona—, 11 km de frontera con Egipto y 51 km limitan con Israel. Situada en un lugar privilegiado, estratégico, en la época bíblica estuvo habitada por los filisteos, tradicionales adversarios de las tribus hebreas. Las luchas de Sansón, el rey Saúl o David y Goliat parecen repetirse 3.000 años después.

    La franja integró el Mandato Británico de Palestina entre 1917 y 1948. Si bien el plan de partición votado por la ONU en 1947 la incluía en el Estado árabe-palestino, tras la guerra de 1948 fue ocupada militarmente por Egipto. En 1967, durante la “Guerra de los 6 días”, fue conquistada por Israel, hasta que en 1994 —tras los acuerdos de Oslo— la nueva administración palestina (ANP) presidida por Yasser Arafat recibió el control del 82% del territorio. En 2005, el premier israelí Ariel Sharón ordenó la evacuación total de Gaza, tanto civil como militar, abandonando sus viviendas allí 8.000 israelíes que fueron compensados por el gobierno. El estratégico “pasillo de Filadelfia”, que marca la frontera con Egipto, fue también evacuado en lo que se considera un grave error de cálculo de Sharón. Es por dicha frontera que las armas entran hace años en la franja, sea por tierra o a través de túneles subterráneos.

    Hoy en día Gaza es un territorio que pertenece “de jure” a la “Autoridad Nacional Palestina” que tiene su sede en Ramala, pero “de facto” está gobernada por Hamás. Este movimiento tiene una ideología islámica radical, niega la legitimidad de Israel y reivindica para los musulmanes todos los territorios que gobernaron durante su período de mayor expansión, España incluida. Cuenta con una gran red de escuelas coránicas y mantiene a las familias de aquellos que han caído en combates o atentados. Su filosofía es el nacionalismo religioso. Es abiertamente antisemita; su Carta Fundamental acusa a los judíos de estar detrás de la Revolución Francesa, de la Revolución Rusa y de las dos guerras mundiales. Es decir que en este aspecto se inspira en las teorías conspirativas nazis.

    Triunfantes en las elecciones de 2006, en 2007 expulsaron a las fuerzas leales al presidente palestino Abbas y asumieron el control total de Gaza. Decenas de miembros del oficialista movimiento Al Fataj fueron ejecutados y varios miles huyeron a las zonas autónomas de Cisjordania, en manos de su gente.

    La popularidad de Hamás se fue construyendo gracias a sus actividades de ayuda a los necesitados en temas de alimentos, salud y educación. La amplia red de beneficencia que controla, así como su ala militar, reciben ayuda económica de Qatar, Irán, Arabia Saudita y varias ONG pro-palestinas como Interpal de Gran Bretaña, CBSP en Francia y ASP de Suiza. El rígido adoctrinamiento religioso le aporta abundancia de fanáticos dispuestos a “morir matando infieles”, convencidos de que este es un camino sin escalas al paraíso.

    Desde su llegada al poder, Canadá, Europa y Estados Unidos han interrumpido su ayuda a Gaza, condicionándola a un cambio en su postura frente al proceso de paz. A pesar de considerar a la franja un territorio enemigo, curiosamente es a través de los cruces fronterizos con Israel por donde entran los alimentos, ropa y medicinas provenientes del exterior. Incluso la electricidad depende de la red eléctrica israelí y varios políticos han sugerido cortar el suministro como modo de presión adicional en estos días. El bloqueo por mar, sin embargo, es total, y las mercaderías que se dirigen hacia allí deben pasar primero por controles en el puerto sureño de Ashdod.

    Las metas de Israel.

    Egipto viene jugando un papel clave en la búsqueda de una solución política. El nuevo gobierno de El Cairo, más allá de su cercanía ideológica con el fundamentalismo islámico, necesita desesperadamente la ayuda económica de Europa y Estados Unidos. Y el precio para mantenerla —Washington contribuye anualmente al país del Nilo con 2.600 millones de dólares— es demostrar moderación y respetar el acuerdo de paz con Israel. Jerusalén exige como condiciones para un cese del fuego que el mismo sea de largo alcance y que Egipto impida el contrabando de armas que ingresan desde su frontera hacia la franja. Hamás por su parte pide el cese del bloqueo israelí.

    El respetado especialista en asuntos árabes Ari Bor se burló de esta pretensión palestina en una conferencia sobre seguridad: “El bloqueo israelí no existe, desde Israel entra absolutamente todo lo que permite la vida en Gaza, el bloqueo nuestro es sobre las armas. ¿Como alguien puede creerle a Hamás que no tiene para alimentar a su gente cuando reconoce que siguen comprando armas ?”.

    Biniamín Netaniahu, enfrentado además a elecciones generales a fines de enero, apunta a varios objetivos con su actual campaña contra Hamás. La primera y más obvia es detener el lanzamiento de misiles contra su nación, el cual se desarrolla con altibajos desde que Israel desocupó totalmente Gaza en 2005. Si bien los lanzamientos han tenido efectos limitados en cuanto a su capacidad de destrucción, impiden llevar adelante una vida normal para el millón de israelíes que vive a distancias relativamente cortas de Gaza. La frecuente suspensión de clases, el enojo de la población, la distorsión de la actividad económica y el riesgo de que suceda una tragedia —Hamás reconoce que apunta a centros educativos e intenta disparar sus misiles en horario escolar— son suficientes para que una tregua de largo alcance sea la meta principal. Sin embargo no es la única.

    Las informaciones que circulan entre los especialistas en Gaza indican un malestar creciente de la población. La gente se queja de que gran parte de las cuantiosas ayudas internacionales no llegan a destino, que se utilizan en armamentos y no en los temas de salud y vivienda para los cuales están destinadas. El hartazgo con la cúpula de Hamás se ve además en los comentarios acerca de la vida opulenta de sus dirigentes —antes con fama de austeros y honrados— y la percepción de que luchar contra los israelíes no tiene sentido. Muchos palestinos anhelan convertir la franja en un paraíso turístico, dada su ubicación frente al Mediterráneo y sus bellezas naturales. Conocedor de esta situación, el gobierno hebreo vislumbra que este descontento provoque —junto a la actual humillación militar— un debilitamiento del poder de la organización terrorista y su posible caída. El grupo político Al Fataj, que gobierna las zonas autónomas de Cisjordania, comparte calladamente este objetivo. Su líder, Majmud Abbas, es internacionalmente reconocido como el legítimo presidente palestino y tiene en Ramala su sede política. Hamás controla autoritariamente la franja desde 2007 y sus enfrentamientos con Al Fataj produjeron en su momento decenas de asesinatos. La rivalidad y el rencor entre ambos movimientos es muy fuerte. En la práctica, en los territorios que Israel entregó en el marco de sucesivos acuerdos, existen dos semi-estados rivales: uno presidido por Abbas y otro por Ismail Aniya.

    El cálculo del premier Netaniahu, de concretarse, puede cambiar radicalmente el futuro de las relaciones con los palestinos. Israel considera posible un acuerdo de paz definitivo con la ANP de Ramala. De hecho han existido importantes avances en el pasado y los temas por definir —fronteras y Jerusalén— son complejos pero hay mucho camino ya recorrido. Si la autoridad árabe se unifica en manos de Al Fataj y el régimen extremista de Gaza colapsa, se abrirá una oportunidad real de paz entre Israel y Palestina.