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En la edición de Búsqueda del pasado 13 de setiembre, leí con atención una carta publicada por el Dr. Miguel Manzi, titulada “La oposición y Montevideo” que arranca diciendo algo que comparto plenamente: “peligramos ganar”. La nota se refiere a la situación en la que se encuentra actualmente la ciudad de Montevideo luego de 23 años de administración del Frente Amplio (“FA”), su mala gestión (pésima, diría yo) y la coyuntura histórica en la que nos encontramos los montevideanos para hacer algo al respecto. La carta del Dr. Manzi despertó en mí un gran entusiasmo, porque manifiesta algo que es una realidad que rompe los ojos. Solo un ciego no lo ve; pero no hay peor ciego que el que, viendo, no quiere ver.
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Las gestiones municipales del FA en la comuna de Montevideo han sido un desastre desde que el Dr. Tabaré Vázquez asumió la Intendencia en 1989. Habiendo heredado de la última administración colorada un superávit presupuestal y una gestión ordenada, las sucesivas administraciones frentistas de Vázquez, Arana, Ehrlich y Olivera han dejado como resultado déficit y caos. La Intendencia Municipal de Montevideo (“IMM”) gasta más de lo que percibe, pero, además, gasta muy mal. Pese al fiscalazo de las desmesuradas contribuciones inmobiliarias y disparatadas patentes de rodados, la gestión municipal del FA no logra equilibrar el presupuesto de la Intendencia capitalina. Pero tampoco ha hecho nada. Cuesta pensar y encontrar, si las hay, obras municipales de trascendencia en la ciudad de Montevideo, desde que el Dr. Vázquez asumió el cargo 23 años atrás. No se ha hecho nada de envergadura, comparable, por ejemplo, con la rambla Sur del intendente Rachetti. Al día de hoy, la ciudad es una mugre, para alegría de las ratas y desesperación de los ciudadanos. El tráfico es caótico, manteniendo sin reparar una estructura vial vieja y perimida, para un parque automotriz que ha cambiado y crecido. Para ser más claro: son más autos y más nuevos, en las mismas calles, pero más viejas. Los carros a caballo siguen circulando libre e impunemente por las calles de la ciudad, atascando el tránsito, cuando no generando accidentes y cuando no causando fatalidades. La inseguridad ciudadana es rampante, porque con la complicidad de la oscuridad, la mugre y la desidia, los delincuentes se sienten en casa y más seguros para asaltar a aquellos pobres montevideanos honestos y trabajadores, que no tienen una IMM que vele por ellos. El 55% de los montevideanos desaprueba hoy la gestión de la intendenta Olivera. Una gestión municipal sin ideas, sin liderazgo, donde los directores responden a sus partidos políticos (de distintas orientaciones filosóficas y políticas) y no a la intendenta, como bien dijo alguna vez el senador Gandini. Una gestión municipal que ha recibido críticas hasta de los propios frentistas, siendo tal vez la más destacable la del Dr. Breccia, nada más ni nada menos que el secretario de la Presidencia de la República.
Ahora bien, hecho el diagnóstico, con el cual deben coincidir todos aquellos de buena fe que piensen desapasionadamente en el tema, corresponde pensar qué se puede hacer al respecto. Para cambiar Montevideo y que la ciudad vuelva a ser como fue, hay que ganar. Los ciudadanos de Montevideo tienen que desalojar de la Intendencia a los actuales administradores y darle el mandato a otro. Para pensar en ganar, hay que empezar por no improvisar. Para ganar la Intendencia de Montevideo hay que planear con tiempo. Hay que conocer la ciudad, hay que saber qué es lo que quieren sus habitantes, hay que crear un gabinete sombra que trabaje desde ya en aquellos aspectos de la administración municipal que más importan a los residentes de Montevideo. Y, fundamentalmente, hay que encontrar un candidato que tenga ganas, que sea conocido, que tenga coraje y ganas de trabajar. No podemos seguir inventando. Las circunstancias demandan algo distinto, planificado, meditado, a conciencia; no un manotazo de último momento al correligionario de turno para ver si hace la pierna y nos da una mano.
Sin embargo, no alcanza con eso. Es claro que hoy, el FA, como coalición de izquierda que aglutina a comunistas, socialistas, tupamaros y astoristas (entre otros), le gana individualmente a cualquiera de los partidos tradicionales. La Constitución de la República no admite el balotage municipal, con lo cual no puede utilizarse ese recurso, que existe para la elección nacional. Por lo tanto, la única forma de hacerle partido al FA y pelear la posibilidad de recuperar Montevideo para los montevideanos y transformar la ciudad, es votando juntos. Y, afortunadamente, existe la posibilidad de hacerlo, sin renunciar a nada, a través del lema accidental. La ley permite la creación de un lema accidental que permita a blancos, colorados e independientes votar juntos, sin que nadie tenga que traicionar sus sentimientos políticos y partidarios. El lema accidental, llámese como se llame para el noble propósito de reconquistar Montevideo, permite que cada partido pueda tener su candidato y que blancos, colorados e independientes puedan votar por su candidato, acumulando los votos. En caso que el lema accidental resulte vencedor, el candidato que tenga más votos dentro del lema será el intendente. El principal beneficio de esta opción es que a nadie se le pide que vote por un candidato que no sea de su partido. Pero, más importante aún, se crea bajo el lema accidental una coalición de partidos que piensan de manera similar, para oponerse a otra coalición de partidos y grupos que piensan de manera bien distinta. Coalición contra coalición. ¿Por qué comunistas, socialistas, tupamaros, astoristas y demás pueden votar juntos, si piensan tan distinto? ¿Y por qué no podemos hacerlo entonces blancos y colorados, al menos, que construimos el país juntos, que compartimos las mismas tradiciones orientales, que siempre respetamos la ley y la Constitución, que nunca conspiramos ni actuamos contra ellas, ni fuimos insuflados desde el exterior por tiranías extranjeras? ¿Por qué ellos pueden y nosotros no? Alguien podría pensar que, por selección natural, los votantes montevideanos podrían, llegada la hora, volcarse masivamente por un candidato de uno de los partidos tradicionales, en desmedro del otro, para tratar así de derrotar al FA. Sería una utopía. La realidad es que, por más débil que sea el candidato del otro partido tradicional, nunca llevará menos del 5% de las adhesiones, con lo cual el FA continuaría imponiéndose, con todo lo que ello conlleva.
Comparto que no es fácil lograr el lema accidental, pero no es imposible. Es mucho más lo que nos acerca que lo que nos separa. Pero, fundamentalmente, no podemos dejar de hacer algo posible solo porque es difícil. Si es posible, hay que trabajar, pensar y hacerlo. La dificultad en lograrlo no puede ser excusa para no hacerlo, porque acá está en juego el futuro de la ciudad de Montevideo y sus habitantes. Hay que dejar de lado el egoísmo y la mezquindad. Está en juego el país, porque, dadas las circunstancial actuales, sin un cambio radical en Montevideo es muy difícil pensar en un cambio radical en el Uruguay. Las circunstancias demandan hombres y mujeres con valor, coraje y entrega para una causa que es mucho más grande que cualquiera de ellos individualmente y que cualquiera de sus partidos.
Por favor, meditemos y reflexionemos. Como dijo Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos, esa es la ley primera, porque si pelean los hermanos, se los comen los de afuera”.