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    La pérdida de confianza puede llevar a golfistas de alto rendimiento a poner en riesgo su continuidad en el golf

    El golf es el más psicológico de los deportes. A lo largo de las casi cinco horas promedio que dura una vuelta de 18 hoyos, el golfista debe atravesar por marcados momentos de euforia, de tranquilidad y de depresión. El maestro Roberto De Vicenzo afirmaba que “los campeonatos de golf los ganan los que cometen menos errores, no los que juegan mejor”. Una máxima pronunciada por uno de los más grandes golfistas de todos los tiempos y que pone en claro el enorme peso psicológico que encierra este deporte, el cual va más allá de las condiciones propias de cada golfista.

    Es así que en el golf de alto nivel, en esos momentos de crisis, los procesos de pérdida de confianza tienen puntos en común en la mayoría de los casos. Comienza con una cadena de cambios, en la que un jugador puede sustituir a su caddie, a su profesor o a su agente, o quizás sufrir algunos movimientos en su vida personal.

    En cuanto a búsqueda de las razones de las crisis, para unos pudo haber comenzado con algunos cambios en el swing, con los que buscaban, por ejemplo, alcanzar mayores distancias en sus golpes; otros, por no poder soportar los nervios del putting, por un mal cierre de campeonato o sencillamente por no poder controlar la presión de la alta competencia.

    Los ejemplos abundan en la historia del golf. El español Severiano Ballesteros a mediados de la década de 1990 pasó por una sequía de siete años sin ganar un torneo. O el inglés Nick Faldo, ganador de seis majors, quien a raíz de algunos cambios en su swing terminó dejando de jugar por “no poder colocar la pelota en el fairway”, de acuerdo a sus propias declaraciones. Uno de los casos más dramáticos en cuanto a la pérdida de confianza es sin duda el del francés Jean Van de Velde en el British Open de 1999, en Carnoustie, siendo el líder de la competencia con una ventaja de tres golpes. Una serie de errores lo llevaron a terminar con un triple bogey en el hoyo 18, con lo cual tuvo que ir a un desempate con Justin Leonard y Paul Lawrie. Tras los cuatro hoyos del playoff, el escocés Lawrie finalmente se quedó con la famosa jarra de plata.

    El ocaso de Van de Velde, conocido en el golf uruguayo por su participación en la copa José G. Artigas del Cantegril Country Club, fue terrible. Su última y única victoria como profesional llegó en el 2006, luego pasó a jugar en el Senior Tour de Europa para finalmente recaer como comentarista de golf en televisión.

    En la actual temporada, se han dado algunos triunfos de golfistas que atravesaron largos períodos de frustraciones, pérdida de confianza, pérdida de auspiciantes y hasta en algún momento manejaron la posibilidad cierta de abandonar la práctica del golf.

    “El joven maravilla”

    Con apenas 24 años, en julio del 2017 el estadounidense Jordan Spieth ganó el British Open en Royal Birkdale, el tercer major de su carrera. Los medios lo pasaron a llamar “el joven maravilla” y lo proyectaban como el sucesor de Tiger Woods. Eran tiempos felices, pero aunque cueste creerlo su victoria en ese British fue la última en un período de crisis de más de cuatro años. Fueron 82 campeonatos jugados sin triunfos, en una caída libre que lo llevó a ocupar el puesto 92º del ranking mundial. Muchos encuentran la principal causa del declive de Spieth en los segundos nueve hoyos del Masters de Augusta del 2016 cuando el norteamericano, con una ventaja de cinco golpes a falta de nueve hoyos, terminó en un verdadero desastre con 43 golpes en la vuelta que incluyeron un cuádruple bogey en el par tres del hoyo 12. El saco verde fue para un sorpresivo ganador: el inglés Danny Willet. Y ahí comenzó el “derrumbe” en la carrera de Spieth. Para fortuna del propio jugador y del ambiente del golf, por tratarse de un extraordinario golfista, el final del calvario llegó a comienzos de abril de este año con su victoria en el Valero Texas Open.

    Otra resonante victoria de la actual temporada fue la de Stewart Cink, a mediados de abril, en el Heritage Classic, torneo oficial del PGA Tour. Dicha victoria le permitió a Cink, de 47 años, cortar una racha de 11 años sin triunfos, en una nueva primavera de su larga carrera.

    En tanto, en el circuito femenino de Estados Unidos (LPGA), la neozelandesa Lydia Ko cortó una racha de más de tres años sin victoria al imponerse, a finales de marzo, en el Lotte Championship de Hawái. Ganadora de 15 títulos además de tres majors y ex número uno, Ko enfrentó una crisis de más de tres años con una última victoria en el 2018. “Hubo momentos en los cuales pensé que no volvería al círculo de ganadoras, fue terrible por lo que pasé”, señaló Ko.

    Agustín Tarigo

    Agustín Tarigo es uno de los mejores golfistas aficionados en la historia de nuestro país, con registros impactantes como los 59 golpes que realizó en la segunda ronda del Abierto Las Piedras en febrero de este año, además de haber obtenido infinidad de títulos.

    Sin embargo, Tarigo también pasó por una crisis de casi dos años, en los que “tenía ganas por momentos de romper todos los palos”, según sus propias manifestaciones a Búsqueda.

    “Hoy con el paso del tiempo creo que el inicio fue la Copa Los Andes de Bolivia, donde terminamos últimos y me sentí muy lejos de la alta competencia, sin coach, sin objetivos claros”, aseguró Tarigo. “Eso fue en noviembre del 2018, llegó el verano y jugué muy poco, había ingresado en la Facultad de Medicina, por lo cual para mí era más fácil estudiar que pasarla mal jugando al golf”.

    “Ahí comienza una verdadera catarata de acontecimientos, todos negativos, como la poca práctica, falta de confianza, problemas graves, con el juego corto especialmente, hasta el abandono de torneos”, relató. “Cuando uno llega a cierto nivel se hace difícil aceptar una ronda de 84 golpes, por ejemplo, no tenía ninguna tolerancia ante los malos resultados. Todo ese proceso duró casi dos años, fue terrible. Pensé en algún momento dejar de jugar, pero también con el paso del tiempo me doy cuenta de que eso es imposible cuando llegaste a un cierto nivel de juego”.

    “Creo que es todo un tema mental, por ello estoy trabajando con un profesional desde hace más de un año, buscando fortalecer los pensamientos en la cancha durante un torneo, buscando jugar más por sensaciones, dejando en ese momento de preocuparme por la técnica”, describió el golfista uruguayo. “A fines del 2019 fui a jugar el Campeonato Nacional Argentino Mid Amateur en Buenos Aires Golf y luego de dos rondas estaba líder, en la tercera vuelta no jugué bien, pero terminé quinto, lo que me dejó muy contento, con buenas sensaciones. Pienso también que ayudó el entrenamiento físico que empecé y estaba dando resultados”.

    “Como puede ver, es una cadena con varios puntos que se van alineando en forma positiva: lo físico, lo mental y la competencia”, valoró. “En el 2020 gané el Campeonato Nacional en La Barra, luego el Abierto de Carmelo y el Abierto Ciudad de Montevideo, la Copa de Oro en el Cantegril y el Abierto de Las Piedras. Hoy me parece realmente increíble a qué punto había caído”, señaló Tarigo con gran sinceridad.