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    La plaza Zabala

    Sr. Director:

    Mucho se ha hablado de la plaza Zabala en el último mes, y de su valor histórico, patrimonial y cultural, pero no sé si se ha hablado de la plaza como rasgo identitario de la ciudad.

    No es una plaza famosa como, por ejemplo, la plaza Roja de Moscú, y decir Moscú nos trae de inmediato la imagen de esa plaza con la catedral de San Nicolás de fondo, esa que parece irreal y hecha de chupetines multicolores y que fueran vistas por millones de televidentes en vivo y en directo durante el último Mundial de fútbol; ni sale en famosas series policiales de televisión como la plaza San Marcos de Venecia, con sus miles de palomas que casi impiden caminar a los turistas; tampoco tiene la prosapia de la place Vendôme de París ni la compacta elegancia de las fachadas que la circundan, pero está emplazada nada más ni nada menos que en el lugar donde se fundó la ciudad y este solo elemento debería bastar para preservarla y cuidarla como a una joya. Eso es lo que nos enseñan las ciudades que han sabido cimentar su fama en sus plazas —edificios y monumentos— convirtiéndolas en íconos de la ciudad, y basta nombrar cualquiera de ellas para que se asocie de inmediato una de esas plazas a la ciudad y sin necesidad de haber viajado nunca, son parte del imaginario colectivo mundial, están en cada postal, cada foto y en toda página web en la que se mencione dicha ciudad. En cada una de esas plazas, plaza y entorno edilicio son una unidad y así debe considerarse y se considera y lo han expresado todas las autoridades en materia de historia, urbanismo, paisajismo, arte y patrimonio.

    Nuestra plaza, más modesta pero de enorme contenido histórico y cultural, es también parte del imaginario colectivo de la ciudad y del país. Basta mirar un poco en Internet las páginas dedicadas al turismo de Montevideo y veremos muchísimas fotos de turistas sonrientes apiñados para salir en la foto, con el monumento a don Bruno Mauricio detrás.

    Escolares y liceales acompañados de maestros y profesores visitan a menudo la plaza como parte de lecciones de historia o viajes de fin de curso para los que viven en el interior; estudiantes de Arquitectura pueden verse casi todo el tiempo haciendo croquis del monumento o edificios circundantes, también en grupos acompañados de profesores, quizás visualizando estilos arquitectónicos del pasado y muestras de edificios reciclados donde se fusionan lo antiguo con lo moderno.

    Esta plaza no ha sido declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por Unesco (si la cuidamos, preservamos y sabemos ponerla en valor, quizás pueda serlo en un futuro), pero sí es Patrimonio Histórico y Cultural del país y eso tenemos el deber de defenderlo. Es también un ícono de la ciudad para sus habitantes y visitantes y tan importante para la construcción de identidad como las reconocidas plazas mencionadas. Las identidades se construyen a partir de este tipo de sitios en donde todos pueden reconocerse y sentir la pertenencia, desarrollada a partir de una larga convivencia de los habitantes con su entorno, del tejido social que allí se ha formado, de la experiencia de haberlos vivenciado, unido al valor histórico y cultural que se les reconozca consecuentemente.

    La plaza es el corazón de la Ciudad Vieja. Es una plaza muy vivida por los vecinos porque aquí justamente termina la Ciudad Vieja financiera y oficinesca y comienza la históricamente más residencial, que va hasta la escollera por un eje y de rambla sur al puerto por el otro; aquí los vecinos se juntan a tomar mate, traen los niños a jugar, pasean el perro o alimentan a las palomas. En la plaza se da el encuentro de vecinos con turistas y cuántas veces hacemos de guías improvisados, aquí se entablan conversaciones entre residentes y trabajadores de las cercanas oficinas que vienen a hacer su almuerzo bajo las magnolias; después de las cinco de la tarde se llena de lugareños y la plaza fluye con vida propia, de pueblo, y raro será que algún residente, acostumbrado a sentarse en la plaza, lo haga fuera de ella. Las estaciones de descanso son totalmente disfuncionales a la natural vida social de la plaza y lejos de ser integradores, separarán a lugareños de visitantes.

    Pese a lo maltratada que está y a la indiferencia de las autoridades, es quizás la plaza más visitada de Montevideo y seguramente la primera que ven los miles de turistas que llegan cada año en los cruceros. Qué triste primera imagen de la ciudad ¡una plaza tan singular y en estado de casi abandono! Y como si esto fuera poco, con algo a su alrededor que se parece más a un cementerio que a cualquier otra cosa; imagino el desconcierto que tendrán ante tamaña y absurda visión. De su visita por nuestro centro histórico no recordarán ni la plaza, ni que fue el lugar donde se fundó la ciudad, ni la arquitectura de algunos de los edificios a su alrededor, ni repararán en el magnífico jardín del Taranco, sacarán, sí, fotos de los inexplicables y grotescos catafalcos como souvenirs, muestra de la falta de cultura y sensibilidad de estos pueblos del sur del mundo.

    Chichila Irazábal

    CI 1.958.760-1