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    La pobreza

    Sr. Director:

    “La enfermedad de la pobreza”

    “La importancia de la plasticidad del cerebro está subestimada” (Óscar Marín).

    i. Plasticidad neuronal

    El cerebro es el órgano del comportamiento y el repositorio de la memoria y del aprendizaje. Cuando adquirimos nuevos conocimientos, dominamos una nueva habilidad o guardamos algo en la memoria, el cerebro cambia de forma real y física para que eso ocurra (Bachrach, Estanislao, 2014, Encambio, Editorial Sudamericana Uruguaya S. A., pág. 101).Aprendizaje y memoria crean sinapsis, que son cadenas de neuronas que provocan cambios permanentes a través de la repetición. Esto determina que las diferentes profesiones modelen sus cerebros en función de las tareas que les son propias y realizan todos los días. Si tocas un instrumento muchas horas, se “formatean” determinadas áreas de tu cerebro, que controlan tus dedos, labios, lengua, etc.En definitiva, lo que pienses o hagas en forma recurrente esculpe tu cerebro. Las neurociencias descubrieron que nuestro cerebro se transforma de manera constante: la experiencia y el ambiente modifican los circuitos neuronales y regulan la expresión de nuestros genes.

    ii. Pobreza

    Se asume que la pobreza no es simplemente un déficit de dinero, centrarnos en eso es restar trascendencia a otras dimensiones esenciales para el desarrollo humano (Manes, Facundo y Niro, Mateo, 2018, El cerebro del futuro, Grupo Editorial Planeta S.A.I.C., pág. 407). Las personas más pobres están expuestas a una falta de recursos de muchos tipos: educativos, nutricionales, de ocio. Todo ello supone un obstáculo para el desarrollo cerebral, lo que es un lastre para el rendimiento cognitivo.En los últimos años, la investigación sobre el cerebro se ha dedicado a estudiar el efecto que tiene el ambiente sobre él. Se ha encontrado que la mayor estimulación social e intelectual produce cambios estructurales y funcionales en el cerebro. Lo contrario también es válido, la pobreza cambia el cerebro, las carencias socioeconómicas se reflejan en el comportamiento y en la cognición. Varios factores que actúan conjuntamente (nutrición, estrés, carencia de libros y juguetes, cantidad y calidad de la educación, toxicidad ambiental, etc.) son el obstáculo para un correcto desarrollo cognitivo. Los niños de ambientes desfavorecidos generalmente alcanzan peores desempeños en la escuela por peor alimentación, el estrés crónico del ambiente familiar o la falta de atención de sus progenitores. El cerebro infantil es más sensible a los factores externos, el desarrollo cerebral se condiciona por el bajo nivel socioeconómico. El lenguaje es una de las capacidades más relacionadas con el nivel socioeconómico en la infancia. La investigación señala menor especialización en las áreas cerebrales de estos niños. La memoria se restringe por un hipocampo más pequeño y sufre alteraciones en el procesamiento emocional, aprendizaje y motivación por menos tamaño y desarrollo de la amígdala. También se ven alteradas sus funciones ejecutivas (toma de decisiones, planificación, etc.) por un menor desarrollo de las áreas cerebrales implicadas. Lo socioeconómico impacta en los niños y se traslada a cuando llegan a adultos. También se encuentran algunos efectos que impactan en los adultos, independientemente de la infancia que tuvieron. Por ejemplo un estudio publicado en Science encontró que el estado de preocupación crónico por lo económico, afecta el rendimiento cognitivo de manera concreta en las funciones ejecutivas. Las personas con una mayor preocupación económica por restricción de dinero mostraron peor capacidad para inhibir respuestas inadecuadas, seleccionar las mejores y mantener la información relevante. Los primeros años de vida son invaluables para reducir el impacto de la pobreza en el desarrollo humano. Algunos de estos aspectos se modifican con intervenciones que tengan en cuenta al individuo y su entorno particular, y nunca se consideran tarde para ser revertidas (Manes, Facundo y Niro, Mateo, 2018, op. cit., pág. 409). Para combatir la pobreza es necesario considerar toda su complejidad. Entender esto ayuda a explicar por qué el fracaso de algunas intervenciones. Los programas de mayor éxito consideran la multidimensionalidad de la pobreza y por tanto combinan estratégicamente acciones para el desarrollo de la primera infancia, la nutrición temprana, la salud, la educación de calidad, la vivienda, la infraestructura y los servicios.

    iii. La pobreza acorta la vida más que la obesidad, el alcohol y la hipertensión

    “Un macroestudio en The Lancet critica que la OMS no incluya la pobreza como factor a combatir”. La pobreza es un factor determinante de la salud pero no se combate como tal. La evidencia científica es robusta: la pobreza perjudica seriamente la salud. Sin embargo, las autoridades sanitarias no ponen el foco sobre estos factores sociales tanto como lo hacen sobre otros cuando tratan de mejorar la salud de los ciudadanos. Un macro estudio sobre 1,7 millones de personas, que publica la revista médica The Lancet, vuelve a la carga con este problema descuidado: la pobreza acorta la vida casi tanto como el sedentarismo y mucho más que la obesidad, la hipertensión y el consumo excesivo de alcohol. El estudio supone una crítica a las políticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por no querer incluir en su agenda este factor determinante de la salud tan importante o más que otros que sí forman parte de sus objetivos y recomendaciones.

    “El bajo nivel socioeconómico es uno de los indicadores más fuertes de la morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo”, asegura el estudio.

    “Sin embargo, las estrategias de salud global no consideran las circunstancias socioeconómicas pobres como factores de riesgo modificables”, aseguran los autores del estudio que publica The Lancet, una treintena de especialistas de instituciones tan prestigiosas como la Universidad de Columbia, el King’s College de Londres, la Escuela de Salud Pública de Harvard y el Imperial College de Londres. Su trabajo se centró en los datos de 1,7 millones de personas, para analizar cómo influye el nivel socioeconómico en la salud y la mortalidad en comparación con otros factores más convencionales, como el tabaquismo o la obesidad. El resultado coincide con otros estudios previos: la pobreza es un agente que afecta a la salud de forma tan sólida y consistente como el tabaco, el alcohol, el sedentarismo, la hipertensión, la obesidad y la diabetes. Es más, la capacidad de acortar la vida es mayor que varios de estos factores. El bajo nivel socioeconómico reduce la esperanza de vida en más de 2 años (2,1) en adultos entre 40 y 85 años; el consumo de alcohol la reduce en medio año; la obesidad la acorta 0,7 años; la diabetes reduce la esperanza de vida en 3,9 años; la hipertensión en 1,6 años; el sedentarismo, 2,4 años, y el peor, reduciendo la media de vida 4,8 años, el consumo de tabaco.Del mismo modo que se puede promover el abandono del tabaco o el deporte entre la población, el artículo defiende que la pobreza también puede modificarse.La elección de estos factores no es casual: son los tomados por la OMS para combatir las enfermedades no contagiosas en su plan para reducir su incidencia en un 25% para el año 2025, el llamado objetivo 25x25. “Nuestros hallazgos sugieren que las estrategias y acciones globales definidas en el plan de salud de la OMS excluye un importante determinante de la salud de su agenda”, critican los investigadores, liderados por Silvia Stringhini, del Hospital Universitario de Lausana. Y añaden: “La adversidad socioeconómica debe ser incluida como un factor de riesgo modificable en las estrategias de salud local y global, las políticas y la vigilancia del riesgo para la salud”.Del mismo modo que se puede promover el abandono del tabaco o hacer deportes entre la población, el artículo defiende que el factor socioeconómico también puede modificarse a todos los niveles, con intervenciones como la promoción del desarrollo durante la primera infancia, las políticas de reducción de la pobreza o la mejora del acceso a una educación. Por eso, las estrategias de prevención de las enfermedades crónicas se equivocan al no abordar “poderosas soluciones estructurales”.

    iv. No es ideología, sino ciencia

    “La fuerza de la evidencia del efecto de la pobreza sobre la mortalidad es evidente y es imposible de ignorar”. “El argumento no en ideología política, sino ciencia rigurosa”. Tener bajo nivel socioeconómico “significa ser incapaz de determinar el propio destino, privado de recursos materiales y con oportunidades limitadas, que determinan tanto el estilo de vida como las posibilidades vitales”.Hay factores estructurales que perjudican la salud, pero las autoridades no quieren atacarlos, prefieren hablar solo de los factores individuales: “Haz deporte, no fumes”.

    iv. Liderazgo

    Las sociedades deben ser juzgadas por la manera que tratan a los individuos alejados del poder, ya sea por motivos raciales, religiosos, económicos, políticos, de clase, de género, etc., una gran sociedad debe sentir compasión y amor por todos ellos. ¿Habremos elegido el líder adecuado para ser una gran sociedad?

    Rafael Rubio

    CI 1.267.677-8

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