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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáJuan XXIII, mediante una conocida oración en el Concilio Vaticano II, pidió una nueva efusión del Espíritu Santo con el fin de renovar la Iglesia, como ocurrió en Pentecostés a los primeros cristianos. Éstos, respondiendo a la misión de formar discípulos, se habían reunido a orar para adquirir la fuerza del Espíritu Santo tal como Jesús les había encomendado y el Día de Pentecostés la recibieron materializada en carismas y diferentes habilidades, que les permitieron anunciar una nueva vida y constituir la Iglesia.
Juan Pablo II generó la oportunidad de ese Nuevo Pentecostés soñado por Juan XXIII y ambos Papas fueron canonizados el 27 de abril pasado.
A la luz de esa ansiada nueva vida en la Iglesia es que me permito no estar de acuerdo con recientes y continuas actitudes del novel arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla.
Desde febrero hasta ahora, el arzobispo Sturla ha emitido diferentes mensajes en forma reiterada sobre los proyectos de baja de la edad de imputabilidad penal a los dieciséis años y despenalización de la compra y venta de marihuana.
Manifestó su posición contraria a la baja de la edad de imputabilidad penal porque no cree que sea el camino ni una señal positiva, pues —según él— tiende a estigmatizar a los jóvenes y puede criminalizar a la juventud; cayendo en el supuesto de que la ley y quienes la proponen estigmatizan y criminalizan a los jóvenes como si serlo fuese un delito.
En cuanto a la despenalización de la compra y venta de marihuana, declaró que no sabe la mejor solución y, con muchas dudas acerca de la ley, no tiene una posición contraria a ella. Entiende que el proyecto al menos intenta un cambio, ya que de algún modo se deben hacer intentos para quebrar el narcotráfico por su paso hacia drogas de mayor daño como la pasta base.
Habiendo incursionado en el tema y advirtiendo la peligrosidad de la adicción a drogas peores, hubiera sido razonable su pronunciamiento con respecto a la propuesta del Dr. Tabaré Vázquez de legalizar el consumo de la cocaína.
El arzobispo se aferra al pretendido fundamento de la prueba social.
También visitó la sede del Plenario Intersindical de Trabajadores-Convención Nacional de Trabajdores (PIT-CNT) a quien expuso su coincidencia en el rechazo a la baja de la edad imputabilidad y acordó coordinar el trabajo que realizan el PIT-CNT y la Iglesia con jóvenes privados de libertad o en situaciones vulnerables.
Luego concurrió a rezar públicamente por los fallecidos el 17 de abril de 1972 en la Seccional 20 del Partido Comunista a instancias de las Fuerzas Conjuntas, compartiendo un acto político.
Hay quien sostiene que al arzobispo —como a cualquier ciudadano— le asiste el derecho a opinar pero estas expresiones frecuentes ya dejaron de ser meras opiniones y permiten deducir que se está metiendo en política incidiendo en el pensamiento ciudadano durante la campaña electoral.
Mientras Uruguay es el país con menos católicos y más ateos de América Latina, al arzobispo le preocupan estos asuntos.
Un relato bíblico describe la situación que requiere su prioridad solidaria: en el Mar de Galilea, Jesús caminaba sobre las aguas e invitó a Pedro llegar a él de la misma forma. Éste se le acercó caminando algunos pasos, pero se hundía; así que Jesús lo miró fijamente, le extendió la mano, lo salvó y observó por su fe vacilante.
La población uruguaya necesita encontrarse con Jesús y corre el peligro de hundirse, pero el arzobispo dirige su vista a quienes hoy detentan el poder cultural, dejando en segundo lugar la fe que debería incentivar y la Iglesia a preparar para su tarea evangelizadora.
Conocida es la frase de Jesús diferenciando actividades políticas de religiosas: “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Sin embargo, las señales parecen dirigidas más a lo del César que a lo de Dios.
La palabra Iglesia proviene del vocablo griego “ekklesia”, significando asamblea destinada a tratar cuestiones políticas. Pero fue aplicada cuando se convocaban personas con ciertos propósitos como los cristianos para la recepción del poder del Espíritu Santo, a fin de que en la calle cuenten con las herramientas necesarias para su tarea.
La Iglesia no se agota en las jerarquías eclesiásticas, crece entre gente reunida que recibe aquel poder como el recibido por los discípulos de Jesús en Pentecostés.
Deseo que esta Fiesta de Pentecostés próxima a celebrar —no en la ficción, sí en la realidad— por la Iglesia termine iluminando al arzobispo y entonces podrá ocuparse de la evangelización.
Fernando Patrón
CI 1.445.998-2