• Cotizaciones
    domingo 15 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    La presencia invisible… e inevitable

    “Amour”, de Michael Haneke

    Cuando los bomberos llegan, tienen que romper la puerta del lujoso apartamento parisino donde alguien, un vecino seguramente, ha denunciado que algo anormal estaba pasando. La puerta del dormitorio está sellada, pero aún así los pañuelos que cubren la nariz y las ventanas que hay que abrir apresuradamente indican que el ambiente está viciado del olor penetrante que despide esa anciana rodeada de flores marchitas, cuyo cadáver acostado pulcramente espera desde hace varios días esa intromisión impostergable. El espectador es testigo entonces, desde la primera escena, del destino que le espera a la protagonista. Es, ni más ni menos, que el mismo que le espera a cada uno de quienes están contemplando ese tal vez impúdico comienzo, esa invasión a la privacidad para constatar solamente un hecho inevitable: la presencia invisible de la muerte, la única cosa segura que todos sabemos que nos llegará tarde o temprano.

    Ahora: ¿qué interés puede tener alguien en enfrentarse a ese fantasma tan temido? ¿Por qué una película que se llama Amour empieza así, con esa nota luctuosa que debería, a lo sumo, esperar hasta el final? A fin de cuentas, el filme acaba de ser laureado con la Palma de Oro de Cannes y con el Oscar de Hollywood. Su director es el alemán Michael Haneke, que supo intrigar al público y entusiasmar a la crítica con “Caché” (“Escondido”, 2005), una película muy francesa con Daniel Auteuil y Juliette Binoche, y posteriormente con “La cinta blanca” (2009) que era austríaca pero de espíritu muy alemán. Ambas, detrás de su apariencia sobria, casi ascética, y su lenguaje visual crudo y muy expresivo, sabían transmitir mensajes bastante duros y cuestionadores sobre realidades muy concretas del siglo XX. ¿Cómo ahora ese director de 70 años, heredero de aquellos dos creadores más genuinos e incorruptibles del cine, el danés Carl Theodor Dreyer y el francés Robert Bresson, se decide a enfocar este asunto crepuscular, con apenas dos ancianos protagonistas, un tema mínimo y una unidad de acción concentrada y claustrofóbica?

    Hay que esperar a la escena siguiente, donde la cámara se enfoca desde el escenario de un teatro atestado de gente y no se mueve de allí durante un rato. Se percibe que es el auditorio de un concierto, y entre el público que va ocupando las últimas butacas libres, nítidamente pero sin ningún énfasis especial, vemos a una pareja conocida. Son ellos, pero su actual apariencia es la de dos octogenarios ya jubilados que concurren a uno de esos eventos musicales reservados para gente culta y refinada. ¿Cómo los reconocemos tan fácilmente, luego de observar esa nutrida platea donde son apenas dos más entre cientos de personas? Bueno, en primer lugar porque esos dos ancianos no son cualquier cosa. Son nada menos que Emmanuelle Riva (1927) y Jean-Louis Trintignant (1930), eminencias del cine francés que se hicieron notar por primera vez en un mismo año (1959) al aparecer en dos filmes memorables. Ella en “Hiroshima, mon amour” de Alain Resnais, que estableció un quiebre en el lenguaje tradicional del cine y fue un hito de la nouvelle vague. Él en “Verano violento” de Valerio Zurlini, uno de los mejores ejemplos de la aclamada terza generazione de neorrealistas italianos. Luego apareció en “Il sorpasso”, en “Z”, en “Un hombre y una mujer”, etc., etc.

    Qué placer entonces poder reencontrarse con esos rostros queridos que siguen manteniendo su magnetismo personal por encima de sus arrugas y sus dificultades motrices. Componen una pareja burguesa vinculada a la música, y ese concierto que van a escuchar es ejecutado por un pianista que ha sido su alumno. Ya en la ancianidad, esos pequeños disfrutes son las recompensas que da la vida, sobre todo a dos personas que se quieren entrañablemente, comparten todo y son uno para el otro. Eso se respira en el ambiente, en la forma como se hablan, en la ternura de sus miradas, en el placer de desayunar juntos y planificar una nueva jornada. Entonces allí aparece la primera señal. Ella queda con la mirada perdida durante un largo rato, no responde a las preguntas del marido, su mente se ha ido quién sabe dónde. Cuando vuelve en sí, el derrame cerebral ha borrado todo recuerdo de ese instante, pero ya nada será como antes.

    Haneke se ahorra todo detalle morboso de la enfermedad. Todo el mundo sabe lo que es eso, y es dudoso que alguien no lo haya experimentado en padres o parientes cercanos. La hija (Isabelle Huppert) es una presencia esporádica, preocupada por su madre pero también por ese viejo que la atiende abnegadamente y que arriesga su propia salud. ¿Hasta cuándo? La decadencia física y la decrepitud que avanza no son en cambio tan importantes como la fortaleza espiritual que mantiene a esa pareja unida y la profunda emoción que surge de todo ello, sin énfasis ni palabras de más. Escena tras escena, mientras algunas elipsis narrativas ahorran al espectador los detalles del deterioro de la anciana, se va palpando el final inevitable que ya se conoce desde la primera escena.

    Lo que no se había visto sin embargo era el proceso que condujo a ese desenlace, la razón que llevó a todo ello, la impotencia del hombre ante la desintegración física del ser amado, la patética mirada de esa anciana que sabe que se ha convertido en un peso difícil de soportar, el melancólico recuerdo de aquellas gratas veladas de música compartida, el sentimiento de piedad que lleva a desear que todo ese padecimiento se termine de una buena vez. Que nadie piense ni por un momento en que Amour es un filme deprimente que más vale evitar. Todo lo contrario. Es una lección de humanidad hecha por un realizador notable que ha sabido extraer de su tema, mórbido de por sí, una bellísima historia de amor, maravillosamente interpretada, que desde ahora habrá que considerar como una de las mejores películas del año. Porque además, es un impacto emocional difícil de olvidar por largo tiempo.

    “Amour”. Francia-Alemania-Austria, 2012. Dirigida y escrita por Michael Haneke. Con Emmanuelle Riva, Jean-Louis Trintignant, Isabelle Huppert. Duración: 127 minutos.

    // Leer el objeto desde localStorage