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    La presencia militar uruguaya en Haití

    Sr. Director:

    Hace algunos días, nuestro presidente, el Dr. Tabaré Vázquez, recibió en la residencia de Suárez y Reyes a una delegación de políticos haitianos, representantes de una de las tantas facciones opositoras al gobierno establecido en su país.

    Es de destacar que estos líderes políticos expresaron una posición favorable al retiro de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (Minustah), de la que nuestro país forma parte desde su instalación en el año 2005.

    Uno de los visitantes, el Sr. Moïse en particular (fundador del Partido Pitit Dessalines), integró un grupo de ocho presidenciables haitianos que se opusieron a avalar los comicios del 25 de octubre del año pasado, los que luego fueron anulados por una Comisión de Verificación que comprobó serias irregularidades.  Es de destacar que cerca de 30 tendencias se presentaron a los comicios.

    No por ser optimista, sino por tratar de ver más allá de las críticas y contradicciones aparentes, al releer algunas notas de prensa de los últimos días, me sentí personalmente reconfortado, al relacionar algunas que presuponían una visión muy negativa sobre la presencia de nuestros efectivos  en la República de Haití y otra bastante anterior que desconocía y trataba con menosprecio las razones y motivaciones por las que nuestros compatriotas militares concurrían a prestar servicios en el exterior del país. Lo que obviamente hacen por su propia voluntad manifiesta, en cumplimiento de los dictados de la política exterior del Estado, según impone la Ley Marco de Defensa vigente.

    Realmente es gratificante para todos los que sentimos al sistema democrático como algo consustancial en nuestra esencia y nos enorgullecemos de vivir en un país que ha sido modelo de convivencia pacífica y respeto cívico a las instituciones democráticamente electas  y del ejercicio de las libertades y los derechos que le son inherentes, que estos representantes genuinos de una parte del electorado haitiano, hayan  podido visitarnos y hacernos llegar a través de nuestra máxima autoridad sus ponencias y aspiraciones.

    Fuera de todo juicio de valor de nuestra parte, en respeto al principio de “No intervención” en los asuntos internos de otros países, esta visita es muy bienvenida y debería enorgullecernos independientemente de los efectos buscados o a las circunstancias internas que motivan sus posturas.

    En lo personal (como creo que también muchos otros viejos servidores de Minustah que hemos tratado de aportar de diversas formas y desde distintos puestos de trabajo, de acuerdo a nuestras capacidades y conocimientos profesionales al proceso de estabilización de Haití), el hecho de poder apreciar y más aún en nuestro propio país, este libérrimo ejercicio democrático, más allá de toda valoración particular o disenso, nos deja en el pecho el sentimiento de “misión cumplida”. 

    Que desde la instalación de la Misión, representantes de ese sufrido pueblo, hayan podido completar dos períodos electorales con regularidad y transparencia, al punto tal de reverse resultados irregulares, es indudablemente un éxito trascendente, al punto tal que me atrevería a denominar de una refundación nacional de la que curiosamente es la segunda democracia del hemisferio (luego de los EEUU). En la que nunca se había dado una sustitución de mandatarios democráticamente electos y que a su vez también pudieran finalizar sus períodos regulares de gobierno, para los que habían sido electos. 

    Pensar que una delegación de este cariz y nivel, hubiese visitado diferentes países de la región en el oscuro período de “Papa Doc”, en la dictadura del Gral. Raoul Cedrás, o en el caótico período de Jean B. Aristide, o si aún estuviese en posición la Misión Internacional de Intervención liderada por los EEUU. Hubiese sido una quimera o lo que sería peor, si es que alguien pudiera hacer ese ejercicio, lo sería en realidad por algún poder externo o por espurios intereses.

    Si hoy tenemos la satisfacción de que nuestras autoridades, así como diversas instituciones educativas y organizaciones sociales puedan recibir a estos representantes de una parte del pueblo de Haití, es gracias a que se instaló, se mantuvo y aún desarrolla sus actividades una misión multinacional de estabilización con mandato de ONU. Esta no solo fue el soporte que contribuyó a constituir esa institucionalidad creando los pilares que le permitieran sostenerse e ir asumiendo su propio desarrollo futuro; estableció la ley y el orden, superando la oposición de las bandas criminales dominantes;  luchó también contra las inclemencias de la naturaleza, que se ensañaron con ese país (tormentas tropicales y huracanes que superaban muy ampliamente sus capacidades propias) y para peor, el más dramático terremoto de los últimos 200 años (con costo de vidas de nuestra parte). Aún hoy en día, ingenieros militares de más de seis países y medios civiles internacionales continúan removiendo escombros y reconstituyendo infraestructura y se mitiga la consiguiente crisis humanitaria ocurrida en este lapso. 

    Visto desde esa óptica, bienvenido el disenso, bienvenidos aquellos que gracias a la estabilidad ganada pueden expresarse libremente en su deseo de tomar en sus manos las riendas de su futuro, aun sea en desacuerdo por lo que, con la más altruista intención desarrolla de consenso la comunidad internacional y los gobiernos de la región en particular y piden el retiro de la misión, ello ya es de por sí una señal de éxito.

    Pero más aún que lo anterior, nos enorgullece que haya habido también contactos recíprocos entre académicos de universidades de ambos países. ¡Si habrá caminos diversos a transitar juntos por la senda del bien común, por distintos actores del quehacer nacional! La experiencia nos indica que son prácticamente infinitas las oportunidades de intercambio fructífero que abren estas operaciones, está en aquellos con capacidad de decisión  llevarlos adelante.

    Estas, circunstancias referidas a Minustah, no son ni han sido excepcionales, sino que ha sido un común denominador en otras tantas misiones a lo largo de las regiones más pobres y sufrientes del mundo escenarios de enfermedades endémicas, víctimas de guerras intestinas  y de terribles expoliaciones de poderes ajenos, donde el respeto de los derechos humanos era una utopía. 

    Como antes en lugares tan distantes como Camboya, Mozambique o Angola, sufridas naciones que han consolidado su paz interior y establecido formas de gobierno republicano-democrático, hoy en día nuestras tropas en la República Democrática del Congo fueron testigos de dos procesos de elecciones realmente democráticas donde nunca antes las había habido.

    Como ciudadanos de un país amante de la paz y ejemplo de respeto al ordenamiento democrático, debería enorgullecernos que gracias a la participación de nuestras mujeres y hombres, militares, policías y aun algunos civiles, integrando contingentes de las Naciones Unidas, contribuyamos a que esto se haga posible.

    Si parafraseando a una poco feliz nota reciente de un periodista local, estos hitos logrados no pueden considerarse “gloriosos”, ¿qué más es lo que podemos esperar entonces de nuestros servidores?

    Cnel. (r) Fernando O. Rocca

    Socio fundador de la Asociación de

    Veteranos de Operaciones de Paz de Uruguay

    CI 1.587.437-9