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    La “reacción visceral” de algunos mandatarios “hace pensar” que “temen” por “su propia supervivencia”

    “En el golpe fallido” de Chávez en 1992 o en “un fútbol de fin de semana” en Argentina “hay más muertos” que “en el gran golpe de Paraguay”, dijo el embajador en Montevideo

    La destitución de Fernando Lugo como presidente de Paraguay que realizó el Parlamento de ese país el viernes 22 desafió a los representantes diplomáticos paraguayos, que debieron defender la legitimidad del nuevo gobierno de Federico Franco, ante la condena de todos los países de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y en particular del Mercosur.

    Es el caso del embajador interino y encargado de negocios de la Embajada paraguaya en Montevideo, Ricardo Caballero, un funcionario de carrera de familia liberal, ex periodista e historiador.

    “No entendemos esta reacción visceral, emocional y tan dolorosa de parte de los vecinos de la Unasur. Nos hace pensar que el problema no es Paraguay, sino otro tipo de temores. Tal vez su propia supervivencia”, dijo al ser entrevistado por Búsqueda el martes 26, en alusión a los presidentes de la región.

    Caballero opinó que en Paraguay no hubo “crisis” y que “en el golpe fallido” de Hugo Chávez de 1992 o en “un fútbol de fin de semana” en Argentina, “hay más muertos”.

    El diplomático agregó que la región debe entender que la Constitución de su país es “parlamentarista” y que lo que hubo no fue un juicio político sino “un voto de no confianza”.

    Según Caballero, como “outsider” de la política, Lugo “creyó que podía gobernar sin apoyo parlamentario”, pero eso en Paraguay “no se puede”.

    —¿Cree que desde los países de la región se comprende la política paraguaya?

    —Por nuestra historia, nosotros tomamos muy en serio lo regional. Pero en Paraguay políticamente tenemos una tradición que es que las masacres siempre terminan con la vida del presidente. Una en la cárcel pública en 1877, también en 1931. En el 99 tuvimos el famoso “marzo paraguayo”, que terminó al matarse al vicepresidente (Luis María Argaña) y a siete ciudadanos que estaban protestando en la “Plaza de Armas” y entonces terminó con el gobierno de Raúl Alberto Cubas. Él prefirió renunciar antes que someterse a un juicio político.

    El siguiente es esta masacre de 17 personas en Curuguaty. Al presidente Fernando Lugo se le dio un ultimátum, y él creyó que era un “penultimátum”. Pero el asunto es que la Constitución paraguaya de 1992 es parlamentarista. Lo digo después de estudiar la Constitución, como historiador. Cuando se tienen dos tercios de la Cámara de Diputados y del Senado se puede remover al presidente de manera legal.

    —¿Dice usted que es una Constitución parlamentarista en un régimen que es presidencialista?

    —Que dice, en forma casi travestida, que es presidencialista. Pero el presidente es de fácil remoción. De hecho a todos los presidentes desde la caída de (Alfredo) Stroessner se les amagó con el juicio político.

    —Desde los países de la región se manifestó que el procedimiento fue legal pero fue un “juicio sumario” que no tuvo garantías.

    —Escuché la palabra legal pero ilegítimo. Pero es imposible que sea legal e ilegítimo a la vez. Lo que tiene Paraguay es lo que en las democracias europeas es un voto de no confianza, que hace que el gobierno caiga inmediatamente. Voto de no confianza y cae el gobierno. Le llaman juicio político pero es eso.

    —En Uruguay también hay previsto un juicio político, pero en la realidad eso parece una posibilidad remota...

    —Claro. Además, Uruguay tiene una tradición republicana más lejana. Por otro lado yo lo veo al presidente Fernando Lugo en un paralelo con el presidente (Salvador) Allende de Chile, que quiso hacer una profunda revolución socialista con 37% de los votos. Eso es conducir al despeñadero.

    El presidente Lugo como outsider de la política creyó que podía gobernar sin apoyo parlamentario, solo con el prestigio de la Presidencia. En Paraguay no se puede. Eso es un aviso para los otros próximos gobernantes.

    A Lugo se le dio tiempo. Se cuestiona que fue poco, pero la justificación para eso también es perfectamente atendible: la gente aliada a Lugo estaba invitando a los campesinos —algunos de ellos violentos atacadores de propiedad privada— a venir a Asunción. Prometieron traer 40.000 a la Plaza de Armas, que está ubicada a 100 metros de un lugar que es aguantadero de criminales. Ese era un polvorín muy peligroso.

    Además, Lugo cayó preso de la historia del pastor mentiroso. Le dijeron tantas veces que iba a haber juicio político, la última vez en la Cumbre del Mercosur en Montevideo, y él se atrevió a firmar el protocolo de Montevideo, “Ushuaia 2”. Le avisaron que si firmaba eso y entraba Venezuela le hacían juicio político. Entonces no se animó a hacer entrar a Venezuela.

    —Venezuela fue de los que tuvo una reacción más dura ahora, al cortar el suministro de petróleo...

    —La historia de que Venezuela suspendía todo el embarque de petróleo es una declaración retórica. No compramos petróleo de Venezuela. Si compramos es ínfimo.

    Estamos aguantando estoicamente que nos den lecciones de democracia de gente que no está en condiciones de enseñarnos. La población está pacífica. El golpe del comandante Chávez de 1992 que fue fallido, tuvo decenas de muertos. En Paraguay no hubo ninguno. Y en algún partido de fútbol de Argentina hay más muertos que en el gran golpe de Paraguay.

    —¿Cómo evalúa la respuesta uruguaya?

    —Nosotros tenemos solo palabras de agradecimiento para las palabras del presidente José Mujica. Es muy doloroso lo que está ocurriendo, pero la promesa de que jamás se va a hacer un bloqueo que lastime a la población se debe agradecer.

    —¿Por qué cree que los países de la región reaccionaron como lo hicieron?

    —El problema es que más que una defensa de la región a la democracia como institución parece haber una defensa de los presidentes en sus cargos.

    También creemos que se puede tratar del “mal ejemplo”. Algunos presidentes no se sienten lo suficientemente sólidos, entonces temen que el mal ejemplo cunda. Incluso donde no tienen por qué temer, por el poderío de su victoria electoral.

    —¿Van a asistir a la Cumbre del Mercosur en Mendoza?

    —Mandamos a dos embajadores como miembros de la delegación preparatoria, se reunieron con la delegación argentina pero les dijeron que tenían órdenes de no permitir la participación de Paraguay.

    Pero no nos consideramos suspendidos porque nunca nos informaron. Lo que se recibió por correo electrónico no tiene una firma.

    Esta declaración sin firma, nosotros la ignoramos. De todas maneras no vamos a ir para no exponer a la delegación a desaires.

    Ahora, no entendemos esta reacción visceral, emocional y tan dolorosa de parte de los vecinos de Unasur. Nos hace pensar que el problema no es Paraguay sino otro tipo de temores. Tal vez su propia supervivencia.

    Los gobiernos de la región se metieron a una crisis que para nosotros no existió.