• Cotizaciones
    miércoles 15 de julio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    La sanción a Manini Ríos (I)

    Sr. Director:

    Cruenta condecoración al comandante en jefe del Ejército. Por contar con la confianza del gobierno, el 1º de febrero de 2015 fue designado comandante en jefe el Sr. General de Ejército Guido Manini Ríos y, en un caso inédito en la política nacional, el fallecimiento dieciocho meses después de su superior inmediato en el Ministerio de Defensa Nacional (MDN), destacado por su carácter, bonhomía y empatía con los subordinados, inició una grosera campaña antimilitar tergiversando con medias verdades y mentiras el “gran déficit con los pasivos” y “los privilegios en el retiro de los activos”, con declaraciones de los respectivos jerarcas ministeriales: de Economía y Finanzas (MEF) y de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), el sustento del mando superior, el entusiasmo de la coalición política gobernante y el apoyo de sus corifeos.

    Para solucionar ambos problemas por afuera del conducto correspondiente del MDN, presentaron un proyecto de ley del MEF (no aprobado) para gravar inconstitucionalmente las pasividades, y otro del MTSS (en trámite) para sacar beneficios en los requisitos de calificación y bajar los haberes de retiro a los servidores con los sueldos de hambre más bajos del Estado. En su tramitación, ningunearon la opinión de los profesionales directamente afectados, y con un autoritarismo antirrepublicano sin precedente les prohibieron argumentar en las respectivas comisiones parlamentarias.

    Es un fundamento doctrinario universal que “gobernar no es imponer la propia voluntad sobre los gobernados, porque esa alteridad del organismo social es una contraparte: corresponde al gobernado la obediencia, y al saber gobernar el saber obedecer”. En el arte del buen gobierno, la sensatez indica y la experiencia confirma que la complejidad en el tratamiento de ciertas leyes restrictivas en beneficios y mesadas, provocan una gran reacción negativa de los afectados que le exige cautela, tiempo, sosiego y mucho diálogo con los respectivos gremios para aprobarlas en mediano plazo con cambios consensuados, porque “el poder abarca la habilidad para mandar (exigir obediencia a las órdenes que damos) y para tomar decisiones que afecten directamente a la vida o los actos de los demás”.

    Considerando superflua la habilidad del mando cuando afecta la vida de los soldados con estricta disciplina militar, quieren ser expeditivos e ignoran abusivamente la teoría, porque los gravemente afectados integran la única organización nacional que no tiene un gremio de puño alzado, y con soberbia afectan negativamente la regularidad del servicio militar y los derechos adquiridos. Es obvia la malquerencia y el afán de venganza, porque desprecian sin conocer los códigos de la vida militar y consideran que su legitimidad les otorga el derecho de hacer cualquier cosa con las Fuerzas Armadas. En la otra cara de la moneda, los civiles agremiados inciden permanentemente y muchas veces con ostensible prepotencia en todas las decisiones que afectan su futuro, su peculio o su trabajo, contando con la comprensión benevolente de las autoridades prestas a dialogar, respetar sus derechos y acceder a sus planteos.

    Estas mentes politizadas hasta el absurdo, asumen que la prohibición constitucional a los militares en actividad de “(…) ejecutar cualquier otro acto público o privado de carácter político (…)” (partidario, por el listado precedente) es un comodín que conlleva la indefensión de los respectivos comandantes de las Fuerzas ante el destrato de otros estamentos sociales o gubernamentales, y que los silencia vilmente en los temas de su incumbencia en la Política Militar y la estrategia correspondiente. En consecuencia, dogmatizan el dislate de que nuestra Carta Magna los concibe: sordos, ciegos, mudos, indefensos y avasallados por una disciplina de “obediencia debida”, que se prestará como una “obediencia ciega” sin examinar las consecuencias, ni los motivos y razones de quien manda, en el arquetipo de esclavo sumiso que solo debe cumplir órdenes, sin ideas propias y legalmente obligado a coincidir y complacer en silencio los deseos y eventuales dislates del superior de turno, porque expresar correctamente opinión contraria sobre cualquier tema que ese mando civil considere político, los deja al margen de la Constitución y a merced de las furiosas catilinarias de los oportunistas con la democracia republicana.

    Plenamente consciente de sus obligaciones y con la adhesión voluntaria de los subalternos, el comandante en jefe del Ejército ha intervenido respetuosamente en este contexto hostil para cohesionar y defender a su institución con sinceridad, lealtad, cautela y firmeza en la defensa del mejor destino y de los “mínimos derechos” de sus “subordinados en la fe del deber”; y lo ha hecho con un carácter, profesionalidad, hombría de bien y dignidad incuestionable, como un ejemplo para todas las jerarquías y un modelo de militar moderno para los conciudadanos civiles bien nacidos.

    Las más publicitadas intervenciones se relacionan con: la elevación al superior de un informe recibido sobre los desaparecidos que resultó negativo; el oportuno recuerdo a un Sr. Coronel salvajemente asesinado y a los soldados caídos en acto del servicio; una frase militar que alude al predominio total de los deberes cuando peligra la patria; un discurso oficial en el Día del Ejército que enumera “los privilegios del servicio militar”, pide a los subordinados no reaccionar a la provocación y afirma que el Ejército está de pie; y cuando fue consultado por la irónica afirmación de un sabio ministro disconforme con el “exceso de democracia” y con aspiración de presidente, sobre la ley en trámite que perjudica a la mayoría de sus subalternos, descartó la mentira y la consideró una equivocación, aclaró que era errónea y respaldó su opinión contraria con los cómputos de servicio que se pueden realizar fácilmente con una calculadora.

    Sin embargo, estas oportunas y moderadas opiniones para marcar posición en los grandes temas de su directa responsabilidad, causaron tanto repudio en el oficialismo que el Sr. Presidente de la República, actuando en el Consejo de Ministros, después de analizar su destitución, le ordenó una sanción de 30 días de arresto riguroso que degrada su jerarquía y que no registra antecedente en nuestra historia, porque se desconoce la esencia de las “faltas contra la disciplina” relacionada con “la determinación de sancionar”. En un lamentable ejemplo de impericia en el manejo de la temática castrense, se violaron todas las disposiciones reglamentarias formales, al faltar el respeto y someter al escarnio público al jefe del Ejército divulgando la sanción en su ausencia, lo que debió ser un acto del servicio, personal y estrictamente reservado que preservara su dignidad.

    Los militares, que están informados y no son estúpidos como muchos creen, observan que el Sr. Ministro de Defensa Nacional omite que la verdadera falta del sancionado fue la mención a su colega, que yo creo mentiroso, y que hasta el momento no agarró (ni agarrará) la calculadora para rectificarse y disculparse con hidalguía. Él explica la causa de la sanción con generalidades: por “faltas disciplinarias que se han reiterado”, aclarando que “fueron faltas de carácter administrativo”, y como “estamos en un país democrático, que se guía por normas de carácter republicano, el comandante tiene la posibilidad de explicar sus dichos” y “tiene la posibilidad de recurrir”. Por otra parte, en un gesto inesperado que parece no corresponderse con la gravedad de la situación y la medida tomada, el Sr. Presidente ratifica la total confianza del gobierno en el comandante.

    Para aplicar una sanción disciplinaria al personal superior, se entrega personalmente una orden de arresto expresando la causa de la misma y la graduación impuesta. Las declaraciones del jerarca en el MDN permiten suponer que la causa acusa a la máxima autoridad militar del Ejército por la violación de su propio Reglamento Interno: “RGS N° 21-Art 53-(c) Pretender influir o intervenir, con prescindencia de las autoridades militares correspondientes, en el estudio y sanción de proyectos de leyes, reglamentos, decretos y todo tipo de decisiones a consideración de los poderes del Estado”. Plenamente convencido de que la democracia republicana se sustenta con la autoridad civil en el mando superior de las FFAA, serví en el Ejército 42 años reconociendo al comandante como la máxima autoridad militar y titular de su reglamento interno, y nunca dudé de que todo lo dispuesto en su articulado se aplica exclusivamente en la escala jerárquica de sus subalternos, porque es absolutamente disparatado que un jefe se autorreglamente la obligación de prescindir de sí mismo y la incapacidad para intervenir en el estudio de las decisiones políticas referidas al ámbito legal de sus atribuciones.

    Como era previsible, se han publicado largas catilinarias pontificando la democracia, la Constitución, el mando y la obediencia, anunciando el final de la carrera del Sr. Comandante y degradando su cargo, con la irracional y sobreentendida teoría de que la República requiere para ocuparlo un perfil de: “fiel y sumiso con el superior y cruel y despiadado con el subalterno, que no moleste y que adorne como un florero”. Ellos valoran muy negativa la actitud del comandante y positiva la del mando superior, aunque algunos furibundos claman por su destitución.

    Por el contrario, tengo la total seguridad de que absolutamente todos sus subalternos y la enorme mayoría de los pasivos militares, apoyan su actitud y acciones al mando de la Fuerza, rechazando la grave sanción por antirreglamentaria, humillante, desproporcionada e inoportuna. Ellos reconocen su nobleza, hidalguía, firmeza, ejemplo y constancia para ejercer un mando “paternal y digno” al cumplir la misión y el principal deber de un jefe: la defensa a ultranza de la institución y la preocupación constante por el bienestar y el destino de los subordinados, en forma adecuada al interlocutor, la situación y el contexto, y al margen de cualquier adhesión partidaria, si la tiene. En su sentir más profundo ellos “condecoran” al camarada sacrificado por cumplir con su deber, y, cualquiera sea su camino, podrá seguirlo con orgullo y la íntima satisfacción de ser un soldado de carácter, honrado y leal, en un Ejército siempre de pie que sirve a la República con la más genuina vocación Artiguista, tan alejada de la infalibilidad altanera como del servilismo degradante.

    General (R) Oscar Pereira