Nº 2206 - 29 de Diciembre de 2022 al 4 de Enero de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLlegando al final del año resulta difícil esquivar los balances. Y como todo depende del cristal con que se miren las cosas, cada quien lo armará según lo que le parezca más relevante: el fútbol, la política, la economía, el cambio climático.
En Uruguay, algunas voces feministas han resaltado en estos días (en redes o en algún medio de prensa) temas que para los colectivos es importante señalar. En particular, como enfatizó Soledad González Baica en el programa Ciudad viva de TV Ciudad, que la cantidad de femicidios cometidos en 2022 fue la cifra más alta de los últimos 20 años (44) y que a pesar de esta realidad no hay políticas sólidas al respecto, mientras la Ley de Violencia hacia las Mujeres basada en Género sigue sin tener recursos para su aplicación. En la misma línea de razonamiento, Lilián Abracinskas expresó a Info24 que “el plan de violencia basada en género se presentó recién en noviembre de este año y no tiene medidas, ni indicadores, ni dinero asignado, por lo tanto, siguen siendo lo que hemos llamado siempre políticas de baja intensidad”.
Por decirlo de una manera cruda, lo que estas voces están señalando es que poco importa que se sigan matando mujeres y que en definitiva todavía está vigente la idea de que las mujeres son “ciudadanas de segunda”. La brecha salarial no ha desaparecido, tampoco la violencia sexual ni la violencia obstétrica (la ejercida por el personal de salud en el momento de embarazo, el parto y el puerperio), ni las violencias en el ámbito laboral ni educativo, así como otras tantas formas de violencia hacia las mujeres basada en género.
Pero, mirando más allá de Uruguay, hay algo en el balance de 2022 que no se puede dejar de mencionar, y son los ríos de sangre que han corrido en Irán al grito de “Mujer, vida, libertad”.
Las manifestaciones empezaron en setiembre y van más de 100 días: en el camino han perdido la vida cerca de 500 manifestantes, incluyendo más de 50 niñas y niños. “Es una revolución, no una protesta”, insisten en aclarar las activistas. Una revolución que se levanta contra el núcleo mismo de un régimen basado en la misoginia sistemática y la discriminación de género. Coinciden en afirmar que no se puede comparar con las protestas que ocurrieron en Irán en años anteriores (2017, 2018 y 2019) porque esta vez involucra a personas provenientes de todos los estratos sociales y, además (aspecto nada menor), porque son mujeres muy jóvenes las que lideran el movimiento.
Es justamente a estas mujeres iraníes a quienes la revista Time eligió como heroínas del año, en homenaje a quienes llevan adelante “la revuelta más prolongada en los 43 años de historia de la República Islámica”. Según el artículo de Time, la edad promedio de las personas arrestadas en las manifestaciones es notablemente baja: “Los funcionarios iraníes estiman que el promedio de edad es de 15 años”.
Cuando le pregunto a Shahrzad Changalvaee (artista y activista iraní radicada en Estados Unidos desde 2013) qué piensa del artículo de la revista Time, me responde: “Por supuesto que es genial tener a las mujeres de Irán en la tapa de la misma revista que una vez tuvo a uno de los hombres fundamentalistas más misóginos de nuestro tiempo, Khomeini, a quien estas mujeres todavía sufren por su teocracia militante” (Changalvaee se refiere a cuando la revista Time declaró “hombre del año” al ayatolá Jomeini, justo un año después de que este instaurara la República Islámica de Irán en 1979).
La situación en Irán en este momento es muy dura. Además de las personas asesinadas en las manifestaciones, dos detenidos fueron ya ejecutados por el gobierno, uno de ellos, ahorcado en público, con juicios relámpago y sin acceso a sus abogados. La organización Iran Human Rights publicó el 27 de diciembre una lista con datos de 100 manifestantes que corren riesgo de ejecución, pena de muerte y sentencias sin garantías (entre los que se encuentra el futbolista Amir Nasr Azadani).
“En este momento las mujeres tienen otra vez miedo de salir sin el hiyab”, me explica Kiana Malek, una activista iraní que vive en Uruguay desde 2016. Desde Irán, su hermana le cuenta que la policía de la moral volvió a mandar mensajes de texto (SMS) a las mujeres alertando sobre el uso correcto del hiyab, algo que se había suspendido en los primeros meses de la revuelta.
A pesar de esto, tanto Malek como Changalvaee coinciden en recalcar que “no hay vuelta atrás”. Changalvaee cita un tuit anónimo de una cuenta de Irán que dice: “Siento que he estado tan cerca de la libertad durante esta revolución que me es imposible volver a casa y vivir la misma vida controlada como si nada hubiera pasado”.
Tantas muertes inocentes no pueden ser en vano. Que en este balance de año toda la sangre de quienes murieron injustamente, en Uruguay o en Irán, riegue las raíces de un futuro libre de violencia hacia las mujeres en el mundo entero.