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    La situación de las mujeres mejoró pero siguen discriminadas y lejos del poder real, según informe del Ministerio de Desarrollo

    En materia de participación de la mujer en la vida política, Uruguay pasó de pionero en la región a ser uno más del montón y en cuanto al sistema de cobertura social es mejor que sus vecinos pero se parece más a la Europa mediterránea que a los modélicos países escandinavos, donde hombres y mujeres tienen oportunidades similares.

    En el pintoresco plebiscito de Cerro Chato, en 1927, cuando se decidió a cuál de los tres departamento pertenecía el pueblo, la mujer votó por primera vez en Sudamérica; en las elecciones uruguayas de 1938 se consagró el voto femenino y además en una ley de 1946 se consagraron los derechos civiles con igualdad de sexos, porque hasta ese entonces la mujer era “capitis diminutio” (cabeza disminuida) para el Código Civil.

    Sin embargo, así como Haití fue el primer país de América en lograr su independencia pero el más dependiente hoy, Uruguay mantiene una dominación masculina que se extiende no solo a los tres poderes del Estado sino también a los sindicatos, organizaciones empresariales y otras.

    Estas y otras cuestiones relacionadas con el mundo del trabajo —donde la tasa de actividad y empleo femenino mejoró pero se ubica 20% por debajo de la de los hombres— fueron planteadas el martes 24 en el Ministerio de Desarrollo Social, cuando se presentó el cuarto informe sobre estadísticas de género.

    Jefas.

    En 2006 Michelle Bachelet y Portia Simpson-Miller fueron electas presidentas de Chile y Jamaica respectivamente. Al año siguiente Cristina Fernández llegó a ocupar el sillón de Rivadavia (en el cual había estado antes María Estela Martínez de Perón) y en 2010 Laura Chinchilla y Dilma Rousseff fueron electas en Costa Rica y Brasil.

    Pero en Uruguay —descontando que Ana Olivera es intendenta de Montevideo, Patricia Ayala jefa comunal en el conservador departamento de Artigas, Mónica Xavier fue electa presidenta del Frente Amplio y Martha Montaner es secretaria general del Partido Colorado— no ha habido demasiadas noticias que indiquen un avance de las mujeres hacia lugares de decisión.

    Sin contar con el papel protagónico de la senadora y primera dama Lucía Topolansky, a tal punto las mujeres se mantienen lejos del poder, que cuando el presidente José Mujica reveló a la arquitecta Graciela Muslera al frente del Ministerio de Vivienda, si no hubiera ascendido a Liliam Kechichian de subsecretaria a ministra, la cifra de mujeres en el gabinete habría bajado a un penoso cero.

    Mujica había comenzado su gobierno con dos ministras (la mitad que su predecesor Tabaré Vázquez), pero antes de Muslera destituyó a Ana Vignoli en Desarrollo Social.

    A pesar de que ya en 2007 (Galería Nº 331) las magistradas eran el 40% de los miembros de tribunales de apelaciones, no hay ninguna ministra en la Suprema Corte de Justicia.

    En más de 100 años de actividad dentro de la Constitución solo hubo dos excepciones a esta regla no escrita que rige en el Palacio Piria. Jacinta Balbela juró como ministra de la Suprema Corte de Justicia el 15 de mayo de 1985 y se retiró el 29 de setiembre de 1989 al cumplir el límite de edad de 70 años fijado en la Constitución para el ejercicio del cargo. Sara Bosio ingresó como ministra más de 20 años después, en mayo de 2006, y se retiró en abril de 2008 al alcanzar los 70 años.

    Los nombres de las ministras de tribunales de apelaciones María Elena Martínez y Selva Klett fueron mencionados en los últimos años como candidatas a ocupar uno de los cinco puestos de la Suprema Corte, pero finalmente a esas instancias llegaron hombres, varios de ellos con el aval de la Masonería tradicional, donde solo hay hombres.

    El cargo de fiscal de Corte ha sido ocupado hasta ahora solo por hombres, salvo en los interinatos de María Elisa Martirena y Mirtha Guianze (actual presidenta del Instituto de Derechos Humanos), cuya designación fue cuestionada por el papel que jugó en los procesamientos por violaciones a los derechos humanos durante la pasada dictadura.

    El nuevo fiscal de Corte, Jorge Díaz, un ex juez, llegó a ese cargo pasando por encima de varios fiscales nacionales —mujeres y hombres— que tienen rango similar a un ministro de tribunal de apelaciones.

    En el Poder Legislativo, solamente el 13% del Senado son mujeres y apenas el 15% en Diputados.

    En el movimiento sindical el panorama es aún peor: 7% del secretariado del Pit-Cnt, mientras que en las principales cámaras empresariales, aunque hay mujeres en las gremiales, la cuenta da cero si se consideran los cargos de presidencia y vicepresidencia.

    Mujeres jóvenes y pobres.

    El informe presentado esta semana por el Instituto Nacional de las Mujeres destaca que la diferencia de 20 puntos porcentuales entre la tasa de empleo de hombres y mujeres se dispara aún más en las localidades con menos de 5.000 habitantes y zonas rurales (47,8 de ocupación en las mujeres frente a 77,5% en los hombres).

    A nivel nacional, el desempleo afecta fundamentalmente a las mujeres de hogares pobres, quienes presentan una tasa del 21%, la cual triplica a las no pobres y es el doble de la que presentan los varones pobres.

    “Resulta realmente grave la situación de desempleo de las mujeres entre 14 y 21 años, quienes presentan una tasa de desempleo de 21,3%, nueve puntos porcentuales superior a la tasa masculina para ese tramo etario”, sostiene el informe presentado por Magdalena Furtado, oficial del Fondo de Población de Naciones Unidas, la socióloga Valentina Perotta y comentado por los ministros Eduardo Brenta (Trabajo) y Daniel Olesker (Desarrollo) y la directora del Instituto, Beatriz Ramírez.

    El documento —disponible en la web del Mides— destaca también que las mujeres presentan una disminución en su participación en el mercado de trabajo a medida que aumenta el número de niños pequeños en el hogar, algo que abona la necesidad de mejorar el llamado “sistema de cuidados”.

    A la hora de las recomendaciones, el informe producido por el Sistema de Información de Género sostiene que resulta clave diseñar políticas de empleo específicas para estas poblaciones, tanto entre las jóvenes como entre las mujeres pobres, en general sobrepasadas por el trabajo doméstico.

    “Las tasas de actividad según presencia de niños en el hogar demuestran que actualmente frente a la escasa oferta pública de servicios” para el cuidado de niños pequeños o “el elevado costo en el mercado” son las mujeres quienes se encargan.

    El Instituto realiza también recomendaciones para las mujeres que se encuentran ocupadas. “Se han implementado buenas prácticas (...) en empresas públicas y privadas que están certificadas en Calidad con Equidad de Género, a partir de la visualización de las brechas y de sus motivos”.

    Sin embargo, el Ministerio de Economía tiene encajonado un proyecto presentado por el de Trabajo para equiparar —con fondos del Estado para no provocar más discriminación de las mujeres— a las empleadas públicas y a las privadas.

    Las primeras, cuando tienen un hijo reciben seis meses de licencia y luego otros seis pueden trabajar a medio horario, mientras que las del sector privado apenas tres meses distribuidos a partes iguales antes y después del parto.

    Mercado exigente con ellas.

    Otro problema confirmado por este nuevo informe es que el mercado laboral “es más exigente con las mujeres”, ya que las ocupadas presentan niveles educativos mayores que sus pares varones.

    El 23% de las mujeres tienen nivel universitario o similar y solo el 16% de los varones alcanza ese mismo nivel. Las mujeres intelectuales y científicas son más del doble que los hombres. A la hora de cobrar, en cambio, las que tienen 16 años o más de formación ganan el 74,1% de lo que perciben los varones con igual nivel educativo.

    Información General
    2012-07-26T00:00:00

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