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    La sociedad uruguaya “dice que la educación es muy importante”, pero “en la vida real los padres dejan que sus hijos abandonen”

    Diez años después de que el presidente Tabaré Vázquez entregara la primera de las computadoras portátiles —las XO— a los alumnos de Primaria de Villa Cardal (Florida), el Plan de Conectividad Educativa de Informática Básica para el Aprendizaje en Línea (Ceibal) lleva repartidas “mucho más de un millón” de laptops en escuelas y liceos del país. “Pero lo más importante es que pasó de ser una iniciativa pública cuestionada a una política de Estado casi indiscutida que acortó la brecha digital, y hoy enaltece la reputación de Uruguay y es envidiada en otras partes del mundo”, dijo a Búsqueda el presidente e ideólogo del Plan Ceibal, Miguel Brechner.

    Inspirado en el proyecto One Laptop per Child —presentado por Nicholas Negroponte en el Foro Económico Mundial de 2005—, Brechner logró convencer al presidente Vázquez para que firmara el decreto que el 18 de abril de 2007 creó el Plan Ceibal.

    “Hoy el uruguayo entiende que en una escuela pública tiene que haber agua, electricidad e Internet”, dijo el ingeniero electrónico. Pero cuando el plan fue anunciado, señaló, recién aparecía Facebook, no había Twitter, ni Whatsapp ni Uber, y no existía el Iphone. “El uruguayo no creía que se aplicaría el plan, y hoy sabe que tener una computadora forma parte de sus derechos. ¿Quién se imagina hoy el Uruguay sin Ceibal?”.

    Egresado del Kings College de Londres y máster en Ingeniería de Telecomunicaciones, Brechner no puede creer que los padres dejen que sus hijos abandonen los estudios durante su educación media. “Para la generación de mis padres, que no pudieron estudiar porque la guerra los expulsó de Europa, lo más importante era que sus hijos terminaran de estudiar”. Hoy la mentalidad es otra, lamentó.

    Aunque nació en Bolivia hace 64 años, Brechner se define “totalmente” uruguayo, frenteamplista y peñarolense, aficionado a la fotografía y a correr maratones, apasionado por la innovación.

    Durante una entrevista con Búsqueda, el ex presidente del Latu aseguró que además del chino mandarín, el Ceibal implementará la enseñanza del francés, usando el sistema que hoy permite a más de 80.000 alumnos aprender inglés a través de videoconferencias con docentes desde otras partes del país o del mundo.

    —La calidad educativa no es solo dar una computadora y clases de inglés, sino formar a ciudadanos éticos y responsables, dijo a Búsqueda el investigador chileno Humberto Maturana. ¿Qué opina?

    —En Uruguay se da una educación de calidad pública y privada. Aparte podemos hacer ciudadanos responsables sin enseñarles nada, porque hay mucha gente que no hizo escuela ni liceo y es ética y responsable. La calidad tiene muchos componentes. Hoy tenemos que formar gente con los cambios que hay en el mundo. El énfasis de la formación de los jóvenes tiene que ser “las seis ce”: ciudadanos, críticos, colaboradores, conectados, cultos y creativos. Y para eso tenemos que sintetizar distintas formas de enseñar y de aprender.

    —¿Qué significa eso?

    —Que no vale más la única forma curricular que había hace 100 años. El modelo educativo proviene de la época de la revolución industrial: todos tienen que ir a clase, todos tienen que hacer las mismas materias. Queremos formar jóvenes que sepan adaptarse al mundo. Aprender inglés es parte de eso. Enseñanza de calidad es que sepan matemática, lengua, idiomas, lógica, pensamiento computacional, robótica...

    —¿Y qué pasa con los valores para usar esos aprendizajes?

    —¡Ni que hablar! Pero eso no es solo función de la escuela. También es función de los padres y de la sociedad. La escuela es un factor fundamental. Pero el maestro no es quien tiene que hacer lo que no hacen todos los demás. Hay otra cantidad de valores que se los tiene que dar la familia y la sociedad. Si la sociedad no tiene valores, la escuela no va a resolver esa falta. Dejemos de pensar que hay mesías. Ahora, al final del día necesitamos un joven con pensamiento crítico, analítico. Y la calidad pasa también por tener jóvenes contentos.

    —¿Los niños van más motivados a clase? ¿Mejoró su autoestima?

    —Que mejoró su autoestima no me cabe la menor duda, porque en lugares donde hay más computadoras que camas… para muchos niños la computadora es lo único que tienen como pertenencia. Ahora, que los niños pasen bien en el aula depende del maestro, del entorno y de la escuela.

    —El consejero de Primaria Héctor Florit dijo a “El Observador” que el aprendizaje de estas herramientas “aún es incierto”…

    —Si el maestro utiliza las nuevas tecnologías para el aprendizaje, tiene más herramientas. Si sacamos las tecnologías y volvemos al papel, ¿qué hacemos? El problema es que antes les pedían a los docentes que se adapten a las tecnologías, cuando es la tecnología la que tiene que adaptarse a los docentes. Yo defiendo en muchos aspectos el rechazo que tenían los docentes porque les vendieron que la tecnología solucionaba la vida, y no es así. Y en ningún caso la tecnología sustituye al docente.

    —El senador del Partido Independiente, Pablo Mieres, destacó al Plan Ceibal “como una isla”, pero dijo que la educación “está mal y va mal”. ¿Qué responde?

    —Hay una parte de la sociedad que todo el día pasa diciendo que está todo mal, y no es verdad. No es verdad que esté todo mal. Hay una cantidad de cosas que se están haciendo bien. El caso de los pibes de Tala que ganaron la prueba internacional en robótica es un ejemplo (ver recuadro), y les puedo hacer una lista infinita. Hay mucha gente que sobrediagnostica y quiere resolver imponiendo. La sociedad en el pasado tenía tres pilares: la educación, la familia y las fábricas. Hoy tenemos debilitadas a las fábricas y a las familias, y le estamos pidiendo al sistema educativo que resuelva todo. ¡Y eso no puede ser! Aparte, la sociedad uruguaya declara a la educación como muy importante, pero en la vida real y práctica no es tan así…

    —¿Cree que a la sociedad uruguaya no le importa tanto la educación?

    —Ojalá fuera muy importante la educación. Para la generación de mis padres, que no pudieron estudiar porque la guerra los expulsó de Europa, lo más importante era que sus hijos terminaran de estudiar. Mi padre siempre decía: “Un pasaporte, porque a los judíos nos pueden echar, y un título para moverte de un lugar”. Era otra mentalidad. ¿Cómo podemos pretender equidad en clase si no les damos equidad en casa?

    —Cinco años atrás dijo a Búsqueda que había que ver qué sucedía con las pruebas PISA cuando toda la generación de estudiantes fueran “alumnos Ceibal”. ¿Qué pasó?

    —Las pruebas PISA mostraron que ni las élites ni en los más humildes estamos bien. No es que uno diga que hay un problema en tal sector de la población. Uruguay no rankea en las pruebas PISA en ningún lugar como el resto de la élite del mundo. Uruguay tiene bajos niveles de terminación de segundo ciclo de enseñanza media. ¿Cómo es posible que, si la educación es tan importante para todos, el 20% de los quintiles más ricos deserte? ¿Cómo los padres dejan que sus hijos abandonen? ¿Cómo puede ser eso una cosa normal? Entonces, no te puede extrañar… Tenemos un problema real. Todo el mundo dice que la educación es importante, pero después no vive una realidad en que la educación sea importante.

    —¿Cuál es el balance de los 10 años del plan?

    —Hoy el uruguayo entiende que en una escuela pública tiene que haber agua, electricidad e Internet. Pero hubo un hecho tecnológico no menor del que la gente no es consciente. Cuando el plan fue anunciado, en 2006, recién aparecía Facebook. No había Twitter ni Instagram. No existía el Iphone ni el Ipad. Ni había WhatsApp, ni Uber ni Airbnb. Y ese año Google compraba Youtube… El uruguayo no creía que se aplicaría el plan, y hoy sabe que tener una computadora forma parte de sus derechos. ¿Quién se imagina hoy el Uruguay sin el Ceibal? Diez años atrás apenas un 9% podía tener un dispositivo tecnológico, y en 2006 un tercio de los docentes tenía computadora e Internet en su casa. Hoy más del 99% tiene una portátil adicional a la del Ceibal.

    —¿Qué pasó con la enseñanza de chino mandarín?

    —Le planteamos el proyecto a la Embajada china, tenemos las plataformas y los lugares donde dar clases, pero necesitamos docentes. Lo del chino mandarín va a ser como el inglés. El francés también está en vía... No es educación a distancia, porque si el profesor está en Filipinas, en el Anglo, la Alianza o el Dickens, le habla directamente a los chiquilines, uno a uno; lo virtualizamos o “teletransportamos” por fibra óptica. ¿Qué otro país tiene 1.500 aulas de videoconferencia que den 3.500 clases diarias? En América Latina, ninguno.

    —¿El Plan Ceibal es la “revolución del sistema educativo”, como destacó la ministra de Educación María Julia Muñoz?

    —La idea original fue de Negroponte. Yo la tomé de la web, la trabajé un año y el presidente de inmediato dijo que sí. Y cuando lo anuncia dice que es el proyecto más importante de su presidencia. Pero él lo ve desde el punto de vista de la equidad, de tener el mismo derecho, seas el hijo del más rico o del más humilde. Acortamos la brecha digital, eso es equidad. Pero, claro, en Uruguay we take it for granted, lo damos por hecho, porque sí, total… Ya a nadie le sorprende que todos los niños tengan computadoras. ¡Y es increíble!

    —¿Cuál es la próxima fase del plan?

    —Trabajar la red de aprendizajes por proyectos y plataformas con toda la ANEP (Administración Nacional de Educación Pública). Otro proceso fundamental es personalizar la educación. La parte técnica hay que mantenerla: son unos 200.000 dispositivos por año entre entregas y recambios, solo para chicos, sin contar el Plan Ibirapitá (la versión para jubilados del Ceibal, que llegará este año a 175.000 tabletas entregadas). El Ceibal cuesta unos $ 200 por mes por niño y cada dispositivo dura tres años. Pasamos de entregar 150 portátiles a mucho más de un millón. Y de ser un proyecto de siete personas a uno en el que trabajan más de 300, todos jóvenes —la edad promedio es de 34 años—, 55% son mujeres, la mayoría gerentes. ¿Qué más querés? ¡El sueño del pibe!