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    La tragedia del 10 de enero de 1875

    Por Lector

    Sr. Director:

    Un día como hoy (escribo esto el martes 10 de enero de 2023) pero en 1875, se desarrollaron en la Plaza Matriz de Montevideo, tan solo en media hora, una serie de actos criminales que torcieron la historia de nuestro país. Una situación política regida por el derecho, aunque inestable, derivó hacia un régimen militar que duró varios años.

    Ese día, en la elección del cargo de alcalde ordinario de la capital, cuando iba ganando nada menos que José Pedro Varela (candidato apoyado por los principistas blancos y colorados) al grupo que encabezaba Francisco de Tezanos, que respondía al sector “candombero”, alguien dio una señal levantando un bastón y más de un centenar de embozados (“gentes de poncho y de aspecto vulgar (…) con distintivos de cintas y pañuelos colorados”, dice una declaración del sumario que transcribe la historiadora María Julia Ardao en su monumental biografía sobre Alfredo Vásquez Avevedo) tiraron al suelo las urnas (eran dos) atacando a los que faltaban sufragar, a tiempo que se desencadenó un tiroteo sobre los ciudadanos que estaban en la plaza. Resultado: 12 ciudadanos fallecidos y 52 heridos.

    Estos hechos tuvieron múltiples e importantes consecuencias lamentables, pero a los efectos de este artículo señalaremos solo dos: José Pedro Varela vio frustrada su esperanza de desempeñar un cargo electivo de innegable prestigio, debiendo exiliarse junto con su hermano Jacobo Adrián y otros ciudadanos, hacia Buenos Aires; y sobre todo, en segundo lugar, fue asesinado en medio de la plaza Francisco Caraciolo Lavandeira.

    Junto a Lavandeira cayó herido Ramón Márquez, al que se acercó un individuo emponchado y con puñal en mano, quien viéndolo caer se aproximó a él como para pretender auxiliarlo y le hundió varias veces la daga en el corazón. Consta también que en el caso de Ramón Márquez, luego de ser ultimado a puñaladas, le fueron hurtados su dinero y algunas alhajas (declaraciones del sumario judicial, reproducidas en el diario El Siglo).

    Siempre se creyó que Lavandeira había nacido en el paraje Arias, de Florida. Pero hace poco, mientras buscábamos con el genealogista Enrique Yarza en el archivo parroquial de la Catedral de Canelones, antecedentes sobre Timoteo Aparicio, se encontró la inscripción de su nacimiento, realizada por el entonces párroco Jacinto Vera, tal como se transcribe:

    (Al margen) “97. Francisco Caraciolo Lavandeira”. “El dieciséis de julio de mil ochocientos cuarenta y ocho Yo, el infrascrito cura escusador de esta Parroquia de nuestra señora de Guadalupe de Canelones bauticé solemnemte. a Francisco Caraciolo que nació el día cuatro de Junio del año actual hijo legítimo de Dn. Sisto Lavandeira argentino y de Da. Carolina Muñoz oriental; fueron padrinos el teniente Dn. Santiago Oliveira y Da. Domilisa Alonlia; les advertí el parentesco y las obligaciones y firmo. Jacinto Vera”.

    De la personalidad de Francisco Lavandeira resulta insoslayable destacar, en primer lugar, su condición de docente universitario y la profunda transformación que imprimió a su cátedra de Economía Política. Nunca se había hecho un estudio tan prolijo y detenido de las cuestiones financieras, afirmó el ilustre Carlos María de Pena. Y agregaba que jamás se había realizado un análisis científico y esmerado de nuestro sistema rentístico (…) ni se había arrojado tan vivo rayo de luz en el laberinto de nuestro sistema fiscal. Se basó en la estadística uruguaya y no en los libros europeos. Es decir, enseñó la economía como fenómeno sociológico nacional.

    Y en segundo término, deberá recordársele como mártir del sufragio libre. El editorial que escribió en su diario La Democracia, es un mensaje imperecedero, de raigambre auténticamente democrática, para la juventud del futuro:

    “Si los ciudadanos se dejan imponer hoy por la fuerza y triunfan los elementos bárbaros por medio de la agresión y de la violencia, la soberanía popular vuelve a ser una mentira escrita en nuestros códigos y quedan para los próximos comicios generales librados los destinos del país a las imposiciones de los más fuertes, de los más desalmados, de los que no tienen reparo para lograr sus fines en convertir el sufragio en lucha sangrienta, en innoble pugilato de pulperías.

    Es la suerte de las instituciones la que va a jugarse hoy en el atrio de la Matriz.

    […] Ya que los registros están adulterados por el fraude y no arrojan ellos la expresión de la mayoría legal, ¡que no alcance igual éxito la violencia!”.

    Tan solo contaba con 36 años a la fecha de su fallecimiento. Hoy descansan sus restos en el cementerio local, luego de pasar varios años sin que fueran ubicados. Me honra haber participado en esa búsqueda.

    Agapo Luis Palomeque