N° 1844 - 03 al 09 de Diciembre de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs probable que en estos días las noticias de mayor interés para Uruguay no se estén generando en territorio nacional sino en el exterior. Más precisamente, en Brasil y, sobre todo, en Argentina.
Hace algunos años, uno de los cinco presidentes que tuvo el honor de ser elegido para dirigir al país durante estos 30 años de democracia me confesó, luego de haber pasado por la experiencia de ejercer la primera magistratura, que el margen de maniobra para los gobiernos uruguayos es siempre muy pequeño. “Somos tomadores de precios y nuestro peso político es generalmente insignificante a nivel internacional (salvo en situaciones excepcionales); podemos planificar me-ticulosamente que vamos a hacer un gobierno determinado pero los acontecimientos externos terminan por condicionar el 90% de la gestión”, explicó el ex presidente.
Si esto es así, entonces los uruguayos tenemos que prestar mucha atención a lo que está sucediendo en nuestros vecinos gigantes. Tanto en Argentina como en Brasil hay en el horizonte serias dificultades políticas, económicas e institucionales.
En Brasil, el inconcebible esquema de corrupción montado durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), que sacó ilegalmente de las arcas del Estado miles de millones de dólares para financiar la hegemonía en el poder y llenar los bolsillos de empresarios y políticos inescrupulosos, se agrava día a día y pone en jaque la continuidad de la presidenta Dilma Rousseff, así como el liderazgo y el prestigio de su mentor, el ex presidente Lula. La Justicia ha encarcelado a decenas de ex gobernantes “lulo-petistas” y a tiburones empresariales coludidos con el poder.
Ayer miércoles 2, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, finalmente autorizó la apertura de un procedimiento de juicio político contra la presidenta Rousseff. Una comisión especial de todos los partidos decidirá sobre los méritos del pedido de impeachment. Se precisan dos tercios de los votos de la Cámara para suspender a la presidenta mientras se lleva adelante un juicio de 90 días en el Senado. La acusación contra Rousseff incluye la violación de las leyes fiscales y la manipulación de las finanzas públicas para conseguir su reelección en 2014.
Esta semana, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística informó que el PBI de Brasil cayó 4,5% en el tercer trimestre de este año en comparación con el mismo período de 2014, lo que constituye la peor recesión del último cuarto de siglo. Brasil perdió el grado inversor que le asignaba la calificadora de riesgos Standard & Poor’s y bajó a la categoría de “grado especulativo”. La inversión ha caído 15% y van nueve trimestres consecutivos de este enorme descenso. Aumentó el desempleo, se redujo el consumo de los hogares y la inflación ya está arriba del 10% anual.
Y si alguien tenía esperanzas de que la victoria de Mauricio Macri abriría un camino de rosas en Argentina luego de la caída del kirchnerismo, pues se equivoca de cabo a rabo.
La presidenta saliente, Cristina Kirchner, está alimentando una bomba de tiempo para hacerle la vida imposible a Macri. Con su habitual irresponsabilidad y completo desapego por la decencia pública y la buena fe, el gobierno que se va está complicando todo. Deja una economía en estado de desastre, un déficit de 8% del PBI y una inflación galopante. El gobierno de Macri recibirá un país prácticamente sin reservas internacionales y un Banco Central quebrado.
La señora Kirchner ni siquiera quiere acordar los términos del acto mismo del cambio de mando. El periodista del diario “La Nación” Mariano Obarrio, explicó que el gobierno de Kirchner quiere que la ceremonia de jura de Macri como presidente y el traspaso de los atributos del mando sea todo en el Congreso. Pero, históricamente, la jura es en el Congreso y la toma de posesión del mando en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno. Obarrio agregó un dato nada menor para el 10 de diciembre. La Casa Militar está advirtiendo que se van a juntar en la Plaza de Mayo los simpatizantes de Macri con los de “La Cámpora”.
“El gran dilema de la Casa Rosada es cómo dividir las hinchadas”, precisó.
Esta semana, al presentar al gabinete que lo acompañará durante los próximos cuatro años, Macri reclamó que “toda esta ceremonia tiene que retomar el protocolo histórico, donde uno va, jura ante el Congreso, luego va a contramano por Avenida de Mayo, lo recibe el presidente saliente y toma el mando”. Pero añadió: “Aún no nos pusimos de acuerdo con el traspaso”. ¡Y faltan siete días!
En otras palabras, Cristina Kirchner quiere ser la protagonista de una jornada donde, en cualquier país sano del mundo, quien llega a ponerse la banda presidencial por decisión popular debería ser el centro de la atención.
El próximo gobierno argentino deberá, entonces, remontar no sólo una situación económica y financiera deficiente, sino además tener mucha fuerza política para aguantar el trabajo de zapa que el kirchnerismo ya inició antes de abandonar el poder.
El columnista Joaquín Morales Solá escribió ayer miércoles 2: “Aislada en su lógica autoritaria y vengativa, la presidenta en funciones está condicionando seriamente al próximo gobierno”, “se ha colocado al frente de la campaña de los fanáticos kirchneristas (‘arruinemos la fiesta de Macri’) y está dispuesta a vaciarle el Tesoro al presidente electo”.
Esta complejísima situación en Argentina y Brasil tendrá, inevitablemente, consecuencias sobre Uruguay. ¿De qué magnitud y de qué tipo? Aún no se sabe. Pero más vale permanecer muy atentos.