N° 1853 - 04 al 10 de Febrero de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáYa a mitad del verano, los problemas de la agricultura (y del sector agropecuario en general) continúan apilándose. Arrancamos el año con una suba de tarifas de los servicios públicos y vemos cómo se evapora la posibilidad de que bajen los combustibles. Los precios de los principales productos que exporta el Uruguay siguen dando muestra de una tónica preocupante porque no logran despegar y el tiempo se nos pasa. El clima tampoco nos está dando una mano porque las lluvias en enero y buena parte de diciembre nos fueron esquivas y todo indica que así lo serán hasta mediados de febrero. Si no llueve pronto y donde debe, el potencial de los cultivos empezará a resentirse y con ello el resultado económico.
El inicio del verano fue nuevamente con productores en las rutas. Yo comparto el fondo del asunto pero no la forma. Me deja en claro que la institucionalidad de los sectores vinculados a la producción y su relación con el sector político es débil. Es parte de las discusiones que Uruguay se debe como país para evolucionar hacia el futuro. Faltan ideas, la comunicación es pobre y nadie puede esperar que ensayando las mismas recetas los resultados no pueden ser diferentes de lo que vimos en el pasado. Queda claro que, sea un gobierno de izquierda o de derecha, no es nada fácil el dirigir un país con muchas empresas del Estado que durante mucho tiempo fueron canteras de votos y cuyo gerenciamiento en muchos casos deja mucho que desear. La izquierda también socializa las pérdidas que genera la mala gestión, así que en ese sentido son todos iguales. La autocrítica brilla por su ausencia y, lo que es peor, nadie da explicaciones claras.
La agricultura enfrenta un momento de serias dificultades. El primero (y externo) son los precios: ahí nuestro Estado mira de costado los problemas comerciales. El precio del trigo cayó de U$S 170 por tonelada a U$S 140 (una caída nada menor) y no escuchamos una sola letra del Ministerio de Agricultura al respecto. Si una caída de esa magnitud ocurriera en el sector ganadero, seguramente la caza de brujas habría empezado hace rato. Las gremiales más combativas seguramente estarían ya en pie de guerra y no faltarían las investigaciones por colusión de precios y conductas no competitivas.
Pero en la agricultura las medidas de apoyo al sector brillan por su ausencia. Tal vez alguien piensa en el seno del gobierno que las cosas van a cambiar en el corto plazo y/o que alguna maravilla tecnológica innovadora hará que los cultivos rindan más y con ello los kilos darán el resultado. Pero demuestra una forma de pensar donde corremos los problemas de atrás. Yo creo que nos dormimos en los laureles, pensando que los precios no llegarían tan abajo y por ende el resultado nunca sería tan malo como termina siendo. Cuando preguntamos el margen fiscal para hacer cambios y aliviar al sector, la respuesta es que se necesitan cuidar los equilibrios macroeconómicos y no podemos (porque no tenemos los medios) bajar los costos del Estado. Y no va a pasar nada hasta marzo, cuando Uruguay vuelva a funcionar como un país normal. De momento, mejor ir a la playa y alejarse de los problemas. Por lo menos allí, si paga con tarjeta, le harán interesantes descuentos para que se sienta menos mal con lo que se viene.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República y de la Universidad ORT