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    Lacalle Pou busca consolidar un “bloque antifrenteamplista” para conservar el poder, “un reciclaje” de lo que intentó Sanguinetti

    El gobierno multicolor prometió un “ventarrón de transformaciones” en educación y “apenas hay una leve brisa”, según el legislador astorista José Carlos Mahía

    José Carlos Mahía militó siempre en el Frente Amplio. Primero lo hizo en la Lista 99, luego pasó por el Movimiento 20 de Mayo, fue independiente y finalmente se integró a Asamblea Uruguay en 1994, a meses de la creación del sector socialdemócrata liderado por Danilo Astori. Con 28 años se convirtió en el diputado más joven de la legislatura, en 1995, y este es su sexto período parlamentario consecutivo, récord que comparte en la Cámara Baja con el independiente Iván Posada.

    El gobierno de Luis Lacalle Pou busca  consolidar un “bloque antifrenteamplista” como forma de conservar el poder, una suerte de “reciclaje” de la estrategia que aplicó el dos veces presidente Julio Sanguinetti, dijo a Búsqueda el hoy vicepresidente del Frente Amplio que desde el 13 de marzo ejerce como senador, supliendo a Astori.

    “¿Hasta cuándo durará el discurso que se excusa en los efectos de la pandemia y en la idea de que todo lo que no se hace es por culpa del Frente?”, planteó.

    Mahía consideró “paradójico” que el presidente, “que se quejaba amargamente de que Tabaré Vázquez no lo recibiera”, hoy tenga hacia la oposición una política “tan cerrada”.

    El legislador astorista advirtió que hay una “lentitud” del gobierno en los cambios prometidos en educación que en parte es producto de que los jerarcas de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) están “inmersos en una cuestión de revisionismo absurdo” de la gestión de la izquierda.

    “Está todo muy frenado y no hay un buque insignia educativo con volumen político”, indicó este profesor de Historia egresado del IPA y referente del Frente Amplio en el área educativa.

    Según Mahía, “todo eso pasa por la concepción general de promover la política de un partido o de un sector, el Herrerismo específicamente, y no de un gobierno”.

    Sigue un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

    —El presidente, Luis Lacalle Pou, recibió el miércoles 2 en la Torre Ejecutiva a la comisión para el seguimiento de la pandemia por Covid-19, integrada por senadores oficialistas y de la oposición, entre ellos usted. ¿Qué le planteó el Frente Amplio?

    —Le dijimos que para el Frente era determinante reducir la movilidad lo máximo posible durante tres semanas para intentar blindar junio. También le dijimos que eso debía estar acompañado por medidas de compensación socioeconómica para ciertos sectores. Pero no hubo blindaje alguno. Ahí tenemos puntos de vista distintos. Porque si te jugaste exclusivamente a la vacunación en abril y mayo, y tenés los índices actuales de contagios y de muertes, ¿cómo aspirás a cambiar esto en un corto plazo sin ninguna medida adicional? De aquí a que se llegue al 70% de la población vacunada con dos dosis habrá muchísima gente contagiada y muerta. Y sí, habrán muertes evitables; es lo que dicen los médicos, no yo. Pero quien no quiere cambiar la estrategia es el presidente.

    —El Frente también ha sido crítico sobre la vuelta a la presencialidad educativa en estas condiciones. ¿Cuál fue el planteo concreto en materia educativa? 

    —Queríamos saber cuáles son los protocolos sanitarios aprobados para llevar adelante el calendario que fijó el gobierno. Además le señalé: “Presidente, cuando convocamos al Codicen el 21 de febrero a la comisión de Educación del Senado se nos dijo que había 500 salones sin asignar aún. Quiero saber si hoy hay salones suficientes”. Porque en todo esto hubo mucha improvisación. Pedirles a los directores y a los mandos medios de los liceos que salgan a buscar salones a poco de comenzar los cursos es no asumir una responsabilidad que le compete a la dirección de la ANEP como organismo rector. Está en el manual del peor funcionario público que cuando no se encuentra solución a un problema se le pase el fardo al de abajo.

    —¿Y qué respuesta obtuvo? 

    —La respuesta del presidente de la República fue: “Le vamos a pedir a Robert (Silva, presidente del Codicen) que le mande un informe a la comisión Covid. Se lo estaremos enviando a Gustavo (Penadés)”. Y después se acercó el prosecretario de la Presidencia, Rodrigo Ferrés, a preguntarme cuáles eran las dudas que tenía, y tomó apuntes. No me contestaron las preguntas ahí.

    —¿El Frente Amplio iría ahora hacia una presencialidad plena en educación?

    —En estas condiciones no, para serte claro. Vemos que hay condiciones muy complejas desde el punto de vista sanitario. Y hasta que no nos digan cuáles son las condiciones reales no podemos pronunciarnos a fondo. Todos estamos de acuerdo con la presencialidad, pero sabemos que hay factores que dependen de políticas generales que hacen a la salud y de condiciones que la ANEP tendría que dar. ¿Ya las dieron? ¿Cuáles son? No sabemos.

    —¿Qué balance hace de estos primeros 14 meses de gestión educativa?

    —Primero aclaro que es muy difícil cualquier política pública por los efectos de la pandemia. Eso condiciona todo análisis, más en el sector de la educación, que es complejo. Pero veo muy lento al gobierno en esta área. No pone el dinamismo en los cambios que transmitió que le iba a dar a la educación. Prometieron un ventarrón de transformaciones y apenas hay una leve brisa. Hay una diferencia muy grande entre los anuncios y compromisos que hicieron ante la ciudadanía y lo que hasta ahora se ha podido ver, hay mucha lentitud. Hasta en la elección de horas docentes…  Aún a mediados de año hay muchos niños sin clases y profesores sin trabajo, esa es una realidad. Y entre los profesores hay mucha desmoralización y cansancio. Ejemplo: ¿en la educación pública se dictan todas las horas que corresponden en forma virtual? A priori no. Pero en el ámbito privado sí. Esa brecha también tiene que ver con la gestión, porque ya había una base importante de desarrollo institucional a través del Plan Ceibal y demás.

    —Hay cambios para la educación contenidos en la Ley de Urgente Consideración (LUC)…

    —Ponele que el cambio fue en la LUC. Pero la misma modalidad de utilizar la LUC marcó la cancha de proceder en temas centrales, por encima de un mínimo nivel de acuerdo. Insisto: hay una lentitud muy importante en promover los cambios que se anunciaron. Según Adriana Aristimuño —directora sectorial de planificación educativa de ANEP—, recién se podría estar viendo algún cambio grande entre 2023 y 2024, al filo de las elecciones. Y mientras hay una educación con menos presupuesto que la anterior, con grupos más grandes y con más dificultades. Esa es la situación general.

    —Las autoridades educativas también critican a la administración del Frente por lo que no hizo cuando disponía de mayor presupuesto y mejores condiciones para ir más a fondo.

    —Si bien el presidente del Codicen es un hombre con experiencia en educación, él y su elenco deberían evitar caer en la tentación de obsesionarse con la pasada administración. Deberían y tienen condiciones para trabajar en la agenda educativa para adelante. Hay jerarcas de la ANEP, no digo Robert Silva, que están inmersos en una cuestión de revisionismo absurdo. Lo que hay es un huracán de críticas hacia las administraciones del Frente. La estatura política pasa por la impronta que a la larga le querés dar a los temas y no quedarte en el chiquitaje y en las escaramuzas, porque eso genera un ruido absolutamente nocivo para la educación, sin ir a lo grande.

    —¿Qué es lo grande?

    —Por ejemplo (el expresidente del Codicen, Germán) Rama creó los centros regionales de profesores, una idea muy resistida en su momento por nosotros. Pero él insistió, porque era una aplanadora, aunque su estilo autoritario lo perdía, y generó un grado de inflexión fuerte, dejó un legado y el Frente luego lo continuó. El Frente promovió un Plan Ceibal y una Universidad Tecnológica, ese es un legado para las siguientes generaciones. ¿Cuál es el legado que pretende dejar esta administración? Hoy no se ve. Está todo muy frenado, y tampoco hay un buque insignia educativo con volumen político. Todo eso pasa por la concepción general de promover la política de un partido o de un sector, el Herrerismo específicamente, y no de un gobierno.

    Javier Miranda, Luis Lacalle Pou y Álvaro Delgado durante una reunión entre dirigentes del Frente Amplio y autoridades de gobierno, en la Torre Ejecutiva. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS

    —El politólogo Óscar Bottinelli dice que este es el gobierno más presidencialista desde 1985, en el que colorados y cabildantes funcionan solo como una “apoyatura” de los blancos y que el presidente busca construir un nuevo “bipartidismo” con el Partido Nacional y el Frente Amplio como protagonistas. ¿Comparte ese análisis?

    —En términos generales lo comparto. Se ve una ascendencia muy fuerte del presidente sobre sus socios, particularmente sobre el Partido Colorado, y a su vez extiende una estrategia antifrenteamplista como la que lo llevó a ganar las elecciones. Es decir, busca consolidar un bloque antifrenteamplista como forma de conservar el poder hacia el futuro. Esa es la idea central. El presidente promueve la unión basándose en el antifrenteamplismo. Es una modalidad similar a lo que en otra época hacía Sanguinetti, como un reciclaje de eso. ¿Hasta cuándo durará el discurso que se excusa en los efectos de la pandemia y en la idea de que todo lo que no se hace es por culpa del Frente? El problema es que se instaló una lógica de partido en el gobierno de ser antifrenteamplista. Es muy duro, por ejemplo, que el presidente diga que vino a apagar un incendio, porque estaba todo mal, y no tenga ningún reconocimiento a la fortaleza política y científica que recibió para enfrentar la pandemia.

    —¿A qué adjudica ese “ninguneo” del presidente hacia el Frente?

    —Eso obedece en general a una estrategia política de la coalición, que es profundizar la distancia entre gobierno y oposición. No hay interés en hacer un esfuerzo por una política integradora. Esa es una decisión política expresa y se ve a las claras. Resulta paradójico que el presidente, que se quejaba amargamente de que Tabaré Vázquez no lo recibiera, hoy tenga hacia la oposición una política tan cerrada. Hay un aislamiento creciente del Poder Ejecutivo de la comunidad médica y científica y mantiene un tema que nos afecta a todos, la pandemia, como una política de partido o de gobierno.

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