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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAgradezco publicar la siguiente carta en respuesta a la misiva del Sr. Pioli, publicada en Búsqueda con fecha 21 de enero del presente año, para realizar las siguientes puntualizaciones o respuestas a temas que en ella se tratan:
1 - El Sr. Pioli confunde laicidad con laicismo. Por la primera se entiende la ausencia de imposición por parte del Estado de un credo religioso o ideológico, permitiendo que sus ciudadanos puedan vivir de acuerdo a la fe o ideas de cada uno. Laicismo es, en cambio, la deformación del anterior concepto por el cual se pretende eliminar del discurso público toda referencia trascendente, toda mención de Dios, toda idea de religión que cualquier ciudadano pueda vivir. Nos dicen: “eso, callado, vívanlo en silencio dentro de sus casas o templos; en la calle de eso no se puede hablar”. Y por calle quieren decir: escuela, liceo, trabajo, parlamento, deporte, televisión, etc. Puede hablarse de cualquier tema en un programa de televisión, desde análisis de hechos políticos hasta relaciones extramatrimoniales de gente intrascendente, pero no de Dios. Eso está prohibido. Y si se puede, mejor no lo hablen con nadie, ni entre esposos, ni entre padres e hijos. Es muy íntimo, muy personal. Y ni pensar hablar de Dios con sus amigos o conocidos: eso es de raros. Esta situación —propulsada fervorosamente por intelectuales tanto marxistas como masones— es la que nos ha llevado a la progresiva decadencia de la vida religiosa de las personas y, como sociedad, a un lento pero firme “vaciamiento” espiritual, que deja campo abierto a terribles plagas que nos azotan, como el alcoholismo, la drogadicción, la violencia doméstica, los suicidios, los abortos, etc. Y este punto no es apología cristiana o católica; es simplemente la reivindicación del hombre como ser religioso, que tiene en su corazón ansias de infinito, deseos hondos de conocer a Dios. Recordamos, con San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti”. Hace mal el Estado en negar la trascendencia del hombre y en tomar postura semioficial por el ateísmo, ya sea teórico o práctico.
2 - Falsa acusación en contra de la libertad de las personas. Presenta el Sr. Pioli a la Iglesia Católica en particular, y a las religiones en general, como opuestas a la libertad de las personas, cuando gracias a Dios en nuestro país nunca a nadie se le obligó a creer o no creer en ninguna religión, ni cuando había una religión oficial (fruto de una concepción que no separaba correctamente la autoridad sobrenatural de la Iglesia con la autoridad temporal de los gobiernos —“al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, nos enseñó Cristo—), ni lógicamente luego de la definición del Estado como laico. La fe se propone, nunca se impone. Pero pretender, como el Sr. Pioli, que la Iglesia tampoco proponga lo que cree que es bueno y verdadero, y que hace felices a las personas, es de un extremismo peligroso.
3 - El fundamento de la convivencia en sociedad es, según lo plantea el Sr. Pioli, la libertad. Esta es solo una parte de la realidad, ya que la libertad “irrestricta”, donde cada uno hace lo que quiere, incluso en detrimento propio o de los demás, es insostenible y claramente no es camino de una convivencia pacifica. El fundamento de la convivencia en una sociedad plural, con múltiples credos, religiones e ideologías, es el respeto a todos sus miembros de los derechos naturales, inherentes a cada ciudadano por su condición de ser seres humanos. Estos derechos naturales o humanos incluyen lógicamente la libertad de actuar según la propia conciencia, pero también y antes que la libertad, el derecho a la vida, que en nuestro país no se respeta en tantos casos y cuya violación paradigmática es la legalización del aborto provocado. La libertad es un bien importante, importantísimo. Es de los bienes más importantes y que debemos defender fuertemente. Pero no es el bien supremo. Y absolutizar la libertad como único bien supremo comporta el peligro de caer en el “liberalismo salvaje”, en una sociedad de individuos aislados que viven cada uno según su antojo sin preocuparse de nada ni de nadie, solamente porque pueden hacerlo. O bien, en su versión más rastrera, el “libertinaje”, donde no hay valores morales que importen. La libertad hay que respetarla, promoverla en su máxima extensión posible, pero siempre dentro de los márgenes del respeto de la naturaleza humana y de la dignidad de las personas. La libertad, además, no es “poder hacer lo que quiero”; esa es una definición muy pobre. La libertad que no busca el bien pierde su sentido, su valor. La libertad es la capacidad de perseguir lo que nuestra razón nos muestra como verdadero y nuestra voluntad nos dice que es bueno. La libertad sin razón, sin búsqueda del bien y sin responsabilidad, no nos hace más hombres sino más esclavos de los caprichos, de las modas, de los egoísmos y de las más desordenadas pasiones y debilidades de nuestra condición: soberbia, orgullo, corrupción, asesinato, robo, envidia, adulterio, trata de personas, etc.
4 - Refiere la carta a las “matanzas en nombre de Dios”. Claramente son episodios horribles y reprensibles, como nos lo ha recordado el Papa Francisco en relación a los atentados de París de hace pocos meses. Pero no confunda el Sr. Pioli a los lectores: los episodios más mortíferos de la historia humana no han sido guerras santas, sino las guerras políticas, como las dos guerras mundiales o las revoluciones marxistas (en Rusia y en China), por mencionar las más trágicas de este siglo. Ninguna tuvo una motivación religiosa; en todos los casos sus causas fueron la soberbia, el nacionalismo desenfrenado, el egoísmo, la desidia, etc.
5) Trae el Sr. Pioli una cita de un encunado “filósofo” diciendo que alguien que piense que conoce la verdad pierde lo esencial de su persona. Este punto culminante de su carta llega a la cumbre del pensamiento postmoderno y antirreligioso: la dictadura del relativismo. Como fuera denunciada oportunamente por Benedicto XVI, esta dictadura acepta todo, tolera todo, salvo a quien tenga una idea clara y no esté dispuesto a renunciar a ella. Pioli pretende, por ejemplo, que todos estemos de acuerdo en que el matrimonio es lo que cada uno piensa que es. Entonces, si decimos que puede ser uno con una, uno con uno, una con una, uno con varios, una con varias, etc., está todo bien. Pero si alguien se atreve a decir que no, que el matrimonio es una institución natural de uno con una, entonces uno es un fundamentalista, descerebrado, jihadista, indigno hijo de estas tierras. Sería bueno que el Sr. Pioli comprendiera que tener convicciones (humanas pero también sobrenaturales) no desmerece en nada a las personas. Además, Pioli parte de una “verdad” (valor absoluto de la libertad) por lo que su razonamiento ¡es incongruente! La dictadura del relativismo además llega al extremo de que, por mayoría parlamentaria, podemos “decretar” o “modificar” la verdad. Si 50 diputados aprueban el aborto, quiere decir que el aborto no es más un asesinado y que ahora está bien. Me encantaría ver a nuestros diputados votando la derogación de la ley de gravedad (ocasiona muchos accidentes domésticos y sin ella habría menos costos de transporte y todos podríamos volar gratis) y que luego hicieran la prueba de ver si, efectivamente, con sus solemnes votos, habían logrado modificar las leyes naturales que nos rigen (¿nos las dio Dios? ¿El universo? ¿O son fruto del azar? Cada uno es libre de pensar lo que quiera).
Para terminar, parece muy elocuente citar a Jesús (somos libres de pensar si era loco o si era Dios): “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6); “la Verdad os hará libres” (Jn 8,32).
Sr. Pioli: debemos defender la libertad, en eso estamos de acuerdo; pero la libertad debe siempre tener el sentido de buscar la verdad y el bien. La fe —católica u otras— no busca cercenar nuestra libertad sino darnos mayores conocimientos, proponernos la verdad de un Dios que se nos revela y si libremente adherimos a ella (acto de fe), podremos ser incluso más libres. Y aquellos que en su sincera búsqueda de la libertad, guiados por la buena voluntad, no encuentren en la fe las respuestas que buscan, ¡no se desanimen! Dios tiene sus caminos insondables para guiarnos a todos —esa es su voluntad— a una vida plena en comunión con Él. Siempre respetando nuestra libertad de aceptarla o no.
Santiago Ramos
CI 4.901.946-4