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    Las Fuerzas Armadas (I)

    Sr. Director:

    Solicito se publique esta carta en respuesta a la del Pro. Vázquez Franco, publicada el 1 de junio de 2017.

    Un discurso desde la falacia. Dos acotaciones que facilitan al lector interpretar el mensaje, la primera es la postura que adopta el comunicador que siempre es subjetiva, pero los contenidos a transmitir podrán ser transportados objetivamente o cargados de interpretación propia (pudiendo, riesgosamente, ser falaces). La segunda, refiere al marco conceptual desde el cual se analizan los hechos, pudiendo ser filosófico o sistémico real.

    Este benévolo país me facilitó la posibilidad de abrazar mis vocaciones y, por lo tanto, haberme formado como profesional militar y profesional de una carrera liberal en el dominio de la educación, circunstancias que me comprometieron más con la libertad y la república, ambos constructos acuñados por Artigas: “Un ejército de hombres libres”, y por Varela: “El sentimiento republicano”. Por extensión, me persuadieron de ser objetivo, conducta a la que adherí desde la práctica docente y del servicio en la milicia.

    Como el profesor transmite, además, un discurso rancio, quiero inferir que aun en la discrepancia, quedan pocos orientales que a pesar de autoplocamarse en la vereda de enfrente no aspiren a un destino más promisorio para sus semejantes, la madre de todas las ciencias a veces nos apoya con reflexiones emitidas en momentos terribles de desencuentros entre hermanos, que afortunadamente ambos no vivimos y que nos ayudan a ver más allá del horizonte, como lo expresado por el Gral. A. Campos (oficial subalterno de la contienda de 1904): “Es el honor por ambos campos adversarios lo que mueve el brazo del combatiente, en esos momentos del drama inevitable de la formación o consolidación institucional (…)”. “Cada uno está en su honorable misión y es respetable la posición del contendor en los dos frentes, aun en el ignaro existe una institución que lo mueve al sacrificio y cree sinceramente que lo que defiende es lo mejor de la tradición patria por eso es corriente la divisa de ‘por la patria en los dos bandos’”. Hay algo inmaterial en ese estado del alma, naturalmente otro tipo de riqueza y de nobleza.

    Los brazos y cabalgaduras de esos hermanos se ensamblaron para continuar construyendo un porvenir para sus hijos y nietos, con irreconciliables dificultades y resabios, es lógico aceptarlas, pero sin mirar hacia atrás. Los hombres que han empuñado las armas lo deben entender más que nosotros, que a pesar de la ingrata reflexión que hacía Cicerón: “Siendo dignas de lástima todas las cosas que suceden en las guerras civiles, ninguna lo es más que la victoria, que aunque recaiga en los verdaderos vencedores, los obliga a ser feroces (…)”. Ellos, todos, nos reforzaron con la prudencia y transitando el camino de las almas grandes, el Gral. P. Sicco reflexionaba: “Las dificultades de todo orden surgidas en los períodos oscuros de nuestra vida internacional, como aquellos legados por los años de revolución y miseria han sido vencidas en realidad por la energía de una acción colectiva cimentada especialmente en un elevado espíritu y en un noble sentido de dignidad y de sacrificio por la patria (…)”.

    Trataré desde el posicionamiento objetivo, aportar elementos para la discusión, planteada por el profesor Vázquez Franco, en relación con sus posturas sobre el objeto de estudio que en parte aborda, o sea, el MDN y luego el Ejército. Será desde un marco sistémico real, por qué si no deberíamos incursionar en la Filosofía o la Sociología de la guerra o tal vez en la Polemología, áreas que quizás no sean del dominio del profesor.

    Como les propuse la línea de la objetividad y realidad, debo transferir cuál fue el origen del ejército, de este nuestro ejército que no surge por inspiración legal, sino que es resultante de aquel pueblo reunido y armado que según Artigas: “No eran los paisanos sueltos, ni aquellos que debían su existencia a su jornal o sueldo solo los que se movían; vecinos de buena suerte y de todas las comodidades que ofrece este suelo, eran los que se convertían repentinamente en soldados (…)”. Donde también las asambleas orientales del XIII reforzaron las potestades de cada provincia para nombrar oficiales y reglar la milicia y sostenían también, la inviolabilidad del derecho de los pueblos a guardar y tener armas. Luego, todas nuestras cartas magnas sostuvieron nuestra firme determinación, moral diría yo, más que material, de sostener libertad. Resulta ilustrativo lo expresado por el Dr. A. Gallinal ante la inauguración del Obelisco: Cuando no teníamos libertad acudimos a la fuerza para conquistarla y luego escribimos la ley para garantizarla. Hoy que tenemos libertad y ley que la garantice, necesitamos la fuerza para custodiarla (…)”.

    Profesor, aléjese del discurso falaz, el eslogan de Costa Rica está perimido, hay muchos países que optaron por no tener ejércitos (en el orden de 25), pero eso sí, casi todos están acunados por organismos, tratados u otros estados que tienen las potestades de intervención en su territorio. Hasta el momento (todo es debatible) ha sido nuestro pueblo soberano el que ha decidido mantener su fuerza, no puede decir lo mismo Costa Rica, que la abolió por una cruenta revolución interna y hoy mira con resignación cómo Nicaragua se les queda con parte de su territorio en la Isla Calero o la actitud de su presidente, Luis Guillermo Soler, que se anda lamentando y temeroso en los foros españoles por los acuerdos militares signados entre Rusia y Nicaragua.

    Incurre en falacias para hablar del origen de las corporaciones (Iglesia, Ejército, universidades); solamente para no hurgar demasiado, le hago mención a la Grecia y lo referido al ejército (para las otras dos aplica lo análogo). Platón, fortaleciendo aún más el servicio militar obligatorio para todos los ciudadanos, tal como regía en los estados griegos, preconiza la existencia de un estamento de guerreros profesionales: los guardianes. ¿No fue el ejército macedónico de Filipo o de Alejandro una organización profesional? Fue antes, profesor, antes de la Edad Media, el inicio de esas molestas corporaciones. Modestamente, muy parciales y medias verdades sus anotaciones. Como todo su mensaje, tampoco queda muy clara (no le interesa) la discusión pública a la que alude, para tomar respetuosas decisiones ya que a priori sentencia la eliminación del inciso MDN, infiero ¿que sería un estado también sin FAU y Armada Nacional? —cosas vagas— livianas. De cualquier manera, todo puede ser revisado, y los educadores propender a formar hombres libres, o sea, por convicción y no por imposición, sostenía el Cnel. S. Muñiz: “La historia no se hace con pasión, se aprende con la estimación imparcial y veraz de los acontecimientos”. También por su relato (por la descalificación) es muy mal comunicador, ya que en su prédica confunde (en la mejor acepción del verbo) en forma reiterada aspectos de orden constitucional, legal, reglamentario que regulan una organización militar (o cualquier otra). Le irrita el sentimiento de pertenencia que reina, le enfada que un féretro sea cubierto por la bandera nacional (el orgullo de ese difunto fue ser cubierto por esa y no por la argentina, con todo respeto por la hermana nación); no oculte hechos, usted sabe que hay muchas personas que han clamado por ese orgullo, o sea, elementos inmateriales, decisiones de hombres libres. Permítame sugerirle algo, revise, estudie un poco más y va a encontrar no solo científicos y artistas militares (además, no se contradiga, no oculte su elitismo, porque este país —no sé argentina— lo construyeron todos). Usted interpela la libertad de elección de educación de los jóvenes (lamentablemente, no es la única, pero está dentro de las mejores instituciones educativas públicas. Revise el LM Gral. Artigas, por qué normativa educativa se regula. Lo que ocurre es que hay que aplicarse para ser objetivo, no ser falaz. Rodó expresaba: “Quizá una de las mayores sorpresas, cuando le plantean a un profesional ser docente de la Escuela Militar de Cadetes, es su desconocimiento de que allí exista una formación profesional para los alumnos que relacionan las ciencias militares “y las ciencias liberales, que se construyen en una formación integral para ser oficial del Ejército”. Es decir, desarrolla extensas puntualizaciones inconexas, anhelamos que no constituyan frustraciones personales ya muy superadas, tan perimidas como su discurso histórico que se debatió y rebatió hace un siglo. Para colmo, nos trata a los orientales de plebeyos (¿no es ese un insulto anticivilizatorio e irrespetuoso para referirse a nosotros?). Por favor, profesor, lea el art.1 de las Instrucciones del año XIII, hace 200 años que nos emancipamos de ese sistema de castas. Yo me voy a permitir recordar a Rousseau cuando hacía mención a aquellos docentes subjetivos: “Los peores historiadores para un joven, son aquellos que juzgan ¡los hechos, los hechos! Que él juzgue por sí mismo, de este modo aprende a conocer a los hombres. Si el juicio del profesor le guía sin cesar, lo único que hace es ver por la mirada del otro, cuando este falta, no verá más”. Luego continúa con una serie de livianas afirmaciones que entrar en ellas denotaría una pobreza de espíritu que no merecen los lectores.

    El ejército será soslayado para usted, en la comodidad de la capital, pero no para miles de hombres y mujeres que junto a él hicieron la patria. Por suerte, ya quedan solitarios transmisores de falacias, eso nos hace no un país pobre, sino muy rico. Don F. Ferreiro expresaba: “Como flor de milagro naciera la democracia oriental, en un campamento militar, en horas de angustiosa incertidumbre para la revolución rioplatense (…)”.

    De esa institución que tanto usted aborrece también surgieron los fundadores los tres partidos mayoritarios que sostienen a nuestra república.

    Cnel. (R) Pedro Vidal Malvarez

    CI 2.569.895-5