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Para el director general de Primaria de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), Héctor Florit, “el momento es ahora” para obtener mejores resultados educativos, porque la enseñanza cuenta con más recursos económicos y la matrícula sigue bajando.
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“Hoy tenemos una obligación ética y responsabilidad política de aprovechar el bono demográfico para maximizar la mejora de los aprendizajes”, dijo Florit, quien integra el Consejo de Primaria desde el 2010 y antes ocupó un cargo en el Consejo Directivo Central de la ANEP.
Para el jerarca, los maestros deben dejar de pensar “pobrecito, qué más se le puede pedir” cuando tratan con alumno de contexto socioeconómico muy desfavorable. “Hay que ser muy exigentes y dotar a ese niño de conocimientos” porque “es nuestro deber minimizar” la “brecha” social que existe, añadió.
Según Florit, uno de los aspectos que debe mejorar el sistema educativo es la transición entre Primaria y Secundaria. Al respecto, propuso que en la enseñanza media se trabaje con menos profesores y no todas las materias sean obligatorias.
—¿Qué evaluación hace de su gestión en Primaria?
—Se avanzó mucho y la expectativa es muy alta. Tenemos niveles de participación como nunca habían tenido las organizaciones sindicales, con un aumento salarial convenido por 10 años consecutivos. Además, el crecimiento del gasto por alumno fue más allá del aumento salarial. En una escuela común ronda los 1.500 dólares al año y en una de tiempo completo supera largamente los 2.000 anuales. Otro aspecto positivo es la articulación de políticas integrales con políticas de calidad educativa. Iconos de eso son el Plan Ceibal, la universalización de profesores de educación física, la generalización de los cursos para maestros y los campamentos educativos. Además, nos preocupamos por aumentar el tiempo pedagógico. El desarrollo profesional docente es otra preocupación central.
—El gobierno presentó un proyecto de ley para crear el Instituto Universitario de Educación. ¿Cree que hay que modificar el modelo actual de formación docente?
—Sí. Se deberá trabajar mucho en el tema tecnológico, segundas lenguas y de la responsabilidad del docente en el aprendizaje de los sectores más excluidos de la cultura. Ahí es una brecha que se tiene que cerrar. Hasta ahora la discusión de las mallas curriculares se concentró más en los intereses de los colectivos docentes de cada disciplina. Esa visión particularista generó el Plan 2008, con exceso de materias y de carga horaria. Esto deja poco tiempo para que el estudiante sea un sujeto crítico, que sea capaz de leer y contrastar la visión del docente con visiones personales y otras lecturas.
—¿Cómo se refleja eso en los docentes actuales?
—Los maestros no somos complacientes, pero muchas veces vinculamos los resultados que obtenemos al origen socioeconómico de nuestros alumnos. Y si bien eso explica una parte, todo el conjunto de políticas diferenciales tienen que ser un apoyo para que sintamos el deber de que los aprendizajes sean de calidad similar, no importa la condición social. Hay muchos maestros que dicen “pobrecito, qué más se le puede pedir”. Para dejar de hacer esto, hay que ser muy exigentes y dotar a ese niño de conocimientos, es nuestro deber minimizar esa brecha.
—Docentes y directores de Secundaria afirman que los alumnos llegan de Primaria sin los conocimientos suficientes. ¿Qué opina al respecto?
—Concuerdo con que Primaria tiene mucho para mejorar y que el tránsito educativo es complicado. Tenemos que acostumbrar a los niños a más de un referente adulto, pero la Educación Media tiene que trabajar en base a un número menor de asignaturas, admitiendo que algunas disciplinas puedan tener carácter optativo. Tendemos a socializar las culpas y privatizar los réditos. En la enseñanza tendríamos que ser un poco más exigentes con nosotros mismos y no endilgarle a los antecesores los fracasos actuales. Cada docente tiene que saber que en su clase habrá una diversidad de realidades.
En Primaria el índice de repetición es del 6,1%, el mínimo histórico. En cuanto a la asistencia, si bien venimos mejorando, seguimos teniendo dificultades. En educación inicial teníamos más de un 40% que faltaba dos meses, hoy es un 29%. Las escuelas a tiempo completo son una forma de lograr integralidad y contribuir a disminuir estos índices. Uno de los desafíos del país es qué disponibilidad tiene para generalizar el tiempo completo para sus alumnos. Hablamos de U$S 60 millones de dólares más, habría que ver si estamos dispuestos.
—Según los datos oficiales, la inversión por alumno se ha duplicado en los últimos años, mientras la matrícula sigue cayendo. ¿Cómo se puede aprovechar eso?
—De los más de 400.000 alumnos que había 10 años atrás, bajamos a los 360.000 alumnos que tenemos hoy. Cayó la matrícula a pesar de que aumentó la cobertura. Los próximos dos o tres años van a seguir ingresando a Primaria grupos menos numerosos, por lo que la matrícula seguirá cayendo y se estabilizará en el orden de los 300.000 alumnos. La cantidad de alumnos por maestro es del orden de los 23 a uno y esa relación seguirá cayendo otro poco. Hoy tenemos una obligación ética y responsabilidad política de aprovechar el bono demográfico para maximizar la mejora de los aprendizajes y ofrecer resultados, para que estos índices de repetición se mantengan y se correspondan con una gran mejora de los aprendizajes. Para ello hay que tener determinados programas, como el maestro más maestro, el maestro comunitario, las segundas lenguas y la educación física, que deben tener permanencia, previsibilidad y ser evaluados.
No tengo dudas de que ahora es el momento para darle un fuerte impulso a la calidad educativa. No implica hacer grandes innovaciones, sino aprovechar instrumentos que ya están disponibles y mejorarlos.
—Usted fue dirigente sindical durante varios años. ¿A qué atribuye la conflictividad de los gremios de la enseñanza cuando hay convenios salariales acordados?
—Hubo una serie de errores. La negociación salarial fue muy buena para todas las partes en 2005 y también en 2010, con modificaciones sustantivas de un gremio que salía muy golpeado de la crisis. Sobre comienzos del 2012 hubo un malentendido donde desde el Poder Ejecutivo se generaron expectativas de aumento salarial, confundiendo lo que ya estaba previsto en la negociación, con el aumento del total de la masa salarial.