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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA veces me cuesta entender algunas declaraciones de personas que ocupan altos cargos en el sistema de salud uruguayo.
Días atrás veía y escuchaba a la ex ministra y actual presidenta de ASSE opinar sobre el número de cesáreas que se realizan en el país y tratar, en su estilo, de explicar las razones por las que se realizan tantas intervenciones, preferentemente en el sector privado.
Como veterano que uno es, lo primero que hace es buscar en la memoria los antecedentes que el tema tiene para poder opinar si se trata de algo nuevo o de algo que viene sucediendo hace mucho tiempo.
Hace casi 40 años fui a la ciudad de San Pablo a realizar una pasantía para formarme en la técnica del diagnóstico obstétrico por ultrasonidos (ecografías). Me alojé en una maternidad en el centro de la ciudad y uno de mis instructores era un prestigioso obstetra que había incorporado en su práctica clínica esa herramienta diagnóstica.
Sabiendo que estaba haciendo el post grado de obstetricia, me invitó a acompañarlo y ayudarlo en algunas cesáreas que realizaba en el sanatorio privado más importante de esa ciudad, el Alfred Einstein.
Ya en esa época me decía que cada vez más las embarazadas que con él se atendían le solicitaban el parto por cesárea, por numerosas razones. Entre ellas la incertidumbre de la fecha, los dolores del parto, la seguridad que un equipo multidisciplinario disponible en el momento le brindaba a su bebé, la seguridad de ser atendida por su médico, etc.
Desde entonces a la fecha, nadie puede desconocer la importancia de la variable cultural en las estadísticas vinculadas a este acto médico.
Por supuesto que hay otras variables tan o más importantes, como lo son el multiempleo de los obstetras, a los que realizar cesáreas les simplifica la atención de sus pacientes en más de una institución, al mismo tiempo.
También influye la falta de maternidades centrales para atender todos los nacimientos del subsector privado, donde la hotelería, el equipamiento, la tecnología y el soporte técnico sean del más alto nivel. Con ellas se disminuirían los riesgos de un parto natural y se darían garantías de una muy buena asistencia.
Pero también influye la falta de un programa materno infantil con una protocolización pormenorizada de las diferentes conductas.
En el Sanatorio Canzani, hace muchos años, cuando se aplicaban los protocolos que regulaban la asistencia materno infantil en los servicios de salud del BPS, donde se atendían casi exclusivamente embarazos de alto riesgo, las cesáreas eran aproximadamente un 20% de los nacimientos. Cifra notoriamente más baja que las que ostentaban los servicios privados.
Cuando ocurría una muerte fetal o algún hecho que complicaba la salud de la madre o del recién nacido, las cesáreas aumentaban automáticamente.
El temor a las demandas no debería ser ignorado.
Por último y como muestra de lo complejo del tema, se puede afirmar que la experiencia indica que las mismas variables influyen de manera diferente en las diferentes instituciones, dependiendo de factores tales como las condiciones económicas de sus afiliadas.
Lo que sí es muy claro es que esta señora de la variable vinculada a la cultura no habla porque seguramente la desconoce y de las otras tampoco porque es más fácil la respuesta bolche que, a lo Maduro, le achaca las culpas al mercado y al corporativismo médico.
¿Dónde habrá quedado aquello de elegir a los mejores para cada función?
Dr. Jorge Parodi Bernardi
CI 1.004.692-9