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    Las clases medias se amplían en el hemisferio sur, lo que empuja la economía, exige más de los Estados y hace más fácil gobernar

    Una cantidad significativa de la población —pero cada vez más chica— sigue viviendo en la pobreza, mientras continúan siendo relativamente pocos los ricos privilegiados. Entre uno y otro extremo se encuentra una clase media crecientemente extendida que en China compra marcas sofisticadas como Louis Vuitton, en Nigeria impulsa el negocio de las telefónicas y las cadenas de tiendas como Wal-Mart, y en Uruguay accede al coche nuevo, a artículos de confort y hace turismo en el exterior.

    Los estratos medios en América Latina, África y Asia se están engrosando, en un fenómeno que según diversos análisis se afianzará en las próximas décadas con implicancias económicas, sociales y políticas.

    La situación es la opuesta en varios países avanzados del hemisferio norte. Tras la crisis con derrame global que se gestó en Estados Unidos en 2008, muchas familias griegas, españolas, italianas, francesas y estadounidenses están apretándose el cinturón, al igual que sus gobiernos, mientras las economías de sus países registran crecimientos anémicos —o directamente se encuentran en recesión— y tener trabajo es un casi un lujo.

    Grupo en expansión

    No existe una definición estricta de la clase media y, de hecho, se la define en términos absolutos (a partir de un monto de ingreso o gasto) o relativos.

    De manera arbitraria, el Banco Mundial (BM) ha incluido en esa categoría a las personas con ingresos comprendidos entre el nivel medio en Brasil e Italia (de U$S 4.000 y U$S 17.000 de paridad de poder de compra para el año 2000).

    Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) considera clase media a la población con gastos diarios de entre U$S 10 y U$S 100, ajustados por la paridad de poder de compra. Utilizando esta medida, hay 1.800 millones de personas en la clase media global, de las cuales 338 millones están en América del Norte, 664 millones en Europa y 525 millones en Asia.

    En esa definición, los números de la clase media global ocultan las diferencias de poder adquisitivo.

    Si bien los estadounidenses representan 12% de la clase media mundial en cantidades absolutas de personas, su gasto representa 26% del gasto total de este estrato. La diferencia se debe a que la clase media de Estados Unidos es mucho más rica que el promedio de la mundial.

    La OCDE estima que el tamaño de la clase media en el mundo podría aumentar de la cantidad actual de 1.800 millones de personas a 3.200 millones en 2020 y a 4.900 millones en 2030. Casi todo este crecimiento (85%) provendría de Asia; el tamaño de la clase media se mantendrá en América del Norte, en tanto que en Europa tendrá un crecimiento inicial y luego una caída.

    La clase media africana, que tiene ingresos promedio de U$S 1.460 a U$S 7.300 al año, estaba integrada por 111 millones de personas en 1980 (26% de la población). Una década después aumentó a 196 millones y hacia 2010 abarcaba 355 millones, más de un tercio de los habitantes, según el Banco Africano de Desarrollo. Esa institución proyecta que esa cifra llegará a 1.100 millones (42%) en 2060, pero al mismo tiempo un tercio de los africanos seguirán sumidos en la indigencia, viviendo con poco más de un dólar diario.

    Los economistas Shimelse Ali y Uri Dadush, del Carnegie Endowment for International Peace con sede en Washington, cuestionan categorizaciones tan lineales. Sostienen que muchas personas que son ubicadas como integrantes de la clase media pueden comprar un teléfono celular, pero carecen de suministro regular de electricidad.

    Brookings Institution, uno de los think thank más reconocidos del mundo, coincide en el enfoque de que el ensanchamiento de la clase media mundial se dará en gran medida por la incorporación de asiáticos a ese estrato. Si eso ocurre, “habrá un cross-over desde el Oeste hacia el Este en los productos, las modas, los gustos y diseños orientados a la clase media en masa”.

    Estima que en 2015, por primera vez en 300 años, el número de asiáticos consumidores de clase media será igual al de Europa y América del Norte. Para el 2021 podría haber más de 2.000 millones de asiáticos en ese estrato. Solo en China, el aumento sería de los 150 millones de la actualidad a más de 670 millones.

    Helen Wang, autora del libro “El sueño chino: el crecimiento de la mayor clase media mundial y qué significa para usted”, asegura que el nuevo estrato emergió en los últimos 15 o 20 años. Son personas de entre 20 y 50 años de edad que viven en las grandes ciudades, que en su mayoría tienen educación formal y trabajos relativamente estables, en muchos casos como emprendedores o empleados de compañías multinacionales o de propiedad estatal. Todos tienen automóvil propio, y hasta más de uno, aunque muchos viven con sus padres. Los más jóvenes “son una generación que consume como loca. Ellos ahorran cero” y “gastan todo su salario en una cartera Louis Vuitton”, relata. Según Wang, en un futuro no muy lejano la población china de clase media podría llegar a ser de 700 u 800 millones, es decir más de la mitad del total.

    Para India, Ejaz Ghani, asesor económico del Banco Mundial, proyecta que la clase media crecerá incluso más que en China y pasará de ser de unos 60 millones en 2010 a 1.000 millones en 2025. “Crecimiento, educación, casas propias, empleos formales y mayor seguridad económica son las causas y la consecuencia de dicha expansión”, afirma.

    Latinos.

    Según Brookings, el tamaño promedio de la clase media para América Latina era de 36,3% en 2005, lo que la hace relativamente grande en comparación con China (3,8%) e India (2,8%).

    Pero el promedio oculta realidades distintas en la región. Solo cuatro economías tienen una “gran clase media” —con más de la mitad de la población—: Argentina (52,9%), Costa Rica (51,8%), México (60,1%) y Uruguay (55,8%). En contraposición, los estratos medios más pequeños estaban en Bolivia (13,7%) y Honduras (16,5%). Hacia el 2030, los países con la mayor proporción de su población de clase media serían México, Uruguay y Costa Rica.

    En términos de actitudes y valores de la clase media, la de Perú se opone firmemente a la tributación y la redistribución, y tiende a favorecer la gobernabilidad democrática, en relación con los pobres, señala.

    El ensanchamiento de la clase media en América Latina desde 1990 se dio por la aumento del empleo no manual y de la capacidad de consumo asociada al crecimiento de los salarios (de 55% en Argentina, 64% en Panamá y 90% en Chile hasta 2006, por ejemplo), lo que favoreció la expansión de las economías de la región. Eso condujo a un “desplazamiento” hacia arriba de los distintos segmentos de ingreso, sin que ocurrieran cambios significativos en la “muy concentrada” distribución del ingreso, afirman Rolando Franco, Martín Hopenhayn y Arturo León en un análisis publicado en 2011 en la “Revista de la Cepal”.

    Dichos expertos toman distancia de la idea de que la nueva clase media está conformada por profesionales y técnicos que se desempeñan de manera independientes, como cuentapropistas y pequeños empresarios, ya que, según los datos, en realidad lo que hubo fue un incremento del empleo asalariado privado. También contribuyó a la expansión del estrato medio la mayor participación laboral de las mujeres —en particular las que tienen más educación formal y se emplearon como oficinistas, secretarias, en supermercados y servicios de salud, por ejemplo—.

    La clase media

    uruguaya

    Siendo candidato a la Presidencia y ya como mandatario, José Mujica se refirió en varias ocasiones a la clase media.

    En la campaña, el mensaje fue de comprensión hacia las familias que buscan tener los problemas materiales medianamente resueltos. “Si hay un pueblo que sueña con la estabilidad y que no tiene la ambición de tirar el lujo a los cuatros vientos pero que sueña con asegurar el techo, y un laburo, y algún pesito ahorrado, y de educar a los hijos, es el pueblo uruguayo. Ese es el programa tácito del pueblo uruguayo, (...) es el afán y el sueño que llevamos adentro”, aseguró en setiembre de 2009 en el Club Telégrafo de la ciudad de Rivera, recogió Búsqueda en su edición Nº 1.528.

    Como presidente siguió practicando una vida modesta en su chacra en el Montevideo rural y ha criticado el consumismo desenfrenado. “Mucha gente se ha logrado zafar de las duras garras de la pobreza extrema, se incrementó el consumo, hasta que por momentos da la sensación de derroche”, dijo a comienzos de este año.

    En Uruguay existen algunas mediciones de los hogares medios. Una nueva metodología del Índice de Nivel Socioeconómico fue presentada en marzo pasado por el Centro de Investigaciones Económicas: el 53% de los hogares entran dentro de esa categoría.

    Los hogares de nivel “medio inferior”, con un ingreso promedio mensual estimado en $ 26.000 a setiembre de 2011, son 16,6% del total del país. En Montevideo, residen en mayor proporción en barrios como La Paloma, Cerro, Peñarol, Unión y Cordón; en el interior predominan en departamentos como Colonia, Durazno, Florida, Rocha, Salto, San José y Treinta y Tres.

    Otro grupo de hogares son estratificados como de “ingreso medio” (18,9%) y sus entradas líquidas rondaban los $ 34.000 a la misma fecha. En la capital, habitan en barrios como Cerrito, Malvín Norte, Unión, La Comercial, Capurro, Cordón, Centro, Ciudad Vieja y Barrio Sur, y en el interior, en departamentos como Colonia, Lavalleja, Paysandú, Rocha y San José.

    Un tercer grupo son los hogares de nivel “medio superior”, que son 17,5% del total; algunos residen en esos mismos barrios y departamentos, pero también en Aguada, Palermo, Prado, Buceo y Parque Batlle, o en Canelones, Colonia, Flores, Lavalleja y Maldonado. De los de este estrato, el 90% cuenta con lavarropas, dos tercios posee reproductor de DVD y servicio de televisión por cable, y más de la mitad de estas familias poseen un vehículo propio.

    Implicancias

    Una clase de ciudadanos que adquiera más relevancia mundial, pero con “pobres niveles educativos, “disparará una mayor demanda de mejora de la calidad en la educación”, advierte Brookings.

    Una amplia clase media tendrá “efectos secundarios positivos”, conforme con ese análisis. Uno de ellos es la expansión de la base para aplicar impuestos, que debería traducirse en una mayor capacidad del Estado para proporcionar bienes públicos destinados a mejorar la eficiencia económica y mayores oportunidades. Además, como el ingreso per cápita se eleva por encima del umbral de U$S 10, un menor número de personas requerirán transferencias desde el Estado para apoyarles.

    “Sin embargo, las demandas sobre el Estado no desaparecen con la ampliación de la clase media. Simplemente se transforman. Habrá una mayor necesidad de llevar a la clase media no solo a un determinado nivel de ingresos, sino también a ciertas normas en cuanto a la provisión de bienes públicos, como la seguridad y la Justicia, así como el acceso a la educación de alta calidad y la salud”, advierte.

    Desde una perspectiva estrictamente política, una clase media extendida hace más fácil el trabajo a los dirigentes, sostuvo en una charla reciente Enrique Iglesias, el secretario general iberoamericano: “Gobernar un país de clase media no es lo mismo que gobernar uno más desigual, que siempre es mucho más complejo”.