• Cotizaciones
    martes 10 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Las claves del fallo que creó el derecho al matrimonio gay en EEUU

    Río de Janeiro. (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina). Cualquiera que intente saber hasta qué punto están cambiando las actitudes respecto a los homosexuales en el mundo occidental, debería echar un vistazo a la camiseta alternativa que presentó ayer miércoles el club español de fútbol (sí, de fútbol) Rayo Vallecano: la casaca negra es atravesada en diagonal por una franja multicolor semejante a la insignia que identifica a la comunidad LGBT (lesbiana, gay, bisexual y transgénero). “Es la bandera del arcoiris que va a luchar contra la homofobia”, explicó el presidente del club, Raúl Martín Presa, por si quedaba alguna duda. 

    Ese cambio social se aprecia también en la creciente aceptación del matrimonio entre personas del mismo sexo: 20 países lo han legalizado en lo que va de este siglo, incluido Uruguay. Pero fue en un fallo histórico de la Suprema Corte de Estados Unidos (EEUU) —que estableció el viernes 26 de junio que las parejas gays y lesbianas tienen el derecho constitucional a casarse— donde se expusieron con una nitidez peculiar los argumentos de fondo a favor y en contra de esas uniones que en estos tiempos dividen desde familias hasta poderes del Estado.

    Adoptada por cinco votos a favor y cuatro en contra, la decisión del máximo tribunal de justicia estadounidense contiene consideraciones sobre cuestiones filosóficas, sociales y religiosas rozadas por este tema, como por ejemplo qué representa exactamente el matrimonio en estos tiempos o a quién corresponde decidir qué personas pueden casarse y cuáles no. 

    Fue el desenlace de una batalla legal que activistas liberales y conservadores, gays y heterosexuales, laicos y religiosos, libraron durante años. De hecho, el fallo judicial habilitó el matrimonio entre personas del mismo sexo en 13 estados de EEUU que todavía lo prohibían (otros 36 estados y el Distrito de Columbia ya lo habían legalizado previamente), provocando lágrimas y abrazos entre abogados presentes en la Corte, así como festejos a lo largo y ancho del país. “Hoy podemos decir, sin lugar a dudas, que hemos hecho nuestra unión un poco más perfecta”, dijo el presidente estadounidense, Barack Obama, al celebrar la votación. Esa misma noche, la Casa Blanca fue iluminada con los colores del arcoiris. 

    Todo esto ocurrió con el telón de fondo de un profundo cambio que la sociedad estadounidense también procesa sobre el asunto. Las encuestas muestran hoy que una mayoría en ese país aprueba que personas del mismo sexo se casen, algo que parecía inimaginable hasta hace algunos años. 

    Sin embargo, la Suprema Corte tomó su decisión de la forma más ajustada posible y recibió advertencias severas de los magistrados que votaron en contra: argumentaron que la mayoría estaba arrebatando una atribución que corresponde al pueblo y no a la justicia, y que el fallo supone un riesgo para la propia democracia. 

    “Dignidad e igualdad”

    Los cinco jueces de la Corte que votaron en mayoría lo hicieron suscribiendo la opinión de Anthony M. Kennedy, un magistrado designado por el presidente Ronald Reagan, por cuya pluma han pasado todos los fallos del máximo tribunal estadounidense que ampliaron derechos de los gays en los últimos tiempos. “Bajo la Constitución, las parejas del mismo sexo buscan en el matrimonio el mismo tratamiento legal que las parejas de sexo opuesto, y sería menospreciar sus opciones y disminuir su personalidad negarles ese derecho”, escribió Kennedy en el fallo.

    Su opinión se basó en consideraciones sobre la dignidad humana. A su entender, eso es algo que les fue negado a los homosexuales en EEUU hasta mediados del siglo XX, cuando las parejas del mismo sexo debían callar sus sentimientos. O incluso después de la Segunda Guerra Mundial, cuando surgió una mayor conciencia sobre la integridad de los homosexuales pero “el argumento de que gays y lesbianas tenían un justo reclamo de dignidad estaba en conflicto con la ley y convenciones sociales generalizadas. La intimidad entre personas del mismo sexo seguía siendo un delito en muchos estados”, sostuvo Kennedy. Y recordó también que durante buena parte del siglo XX la homosexualidad fue tratada como una enfermedad. 

    Todo ha ido cambiando con diferentes resoluciones de la Corte consignadas en esta sentencia y entonces, explicó el juez, surgió la cuestión legal sobre las uniones de personas del mismo sexo. Kennedy rechazó la noción de que esos individuos le falten el respeto a la idea del matrimonio. “Su súplica es que la respetan, la respetan tan profundamente que buscan encontrar su realización para ellos mismos. Su esperanza es no ser condenados a vivir en soledad, excluidos de una de las instituciones más antiguas de la civilización. Piden igual dignidad bajo los ojos de la ley. La Constitución les concede ese derecho”, escribió. 

    La igualdad ante la ley fue eje del razonamiento de la mayoría de la Corte. 

    “El derecho a contraer matrimonio es un derecho fundamental inherente en la libertad de la persona, y bajo las cláusulas del Debido Proceso y Protección Igualitaria de la Decimocuarta Enmienda (de la Constitución) las parejas del mismo sexo no pueden ser privadas de ese derecho y de esa libertad”, dijo. 

    También subrayó la importancia que tiene para una pareja poder criar hijos y precisó que “sin el reconocimiento, estabilidad y previsibilidad que ofrece el matrimonio, los hijos (de parejas homosexuales) sufren el estigma de saber que sus familias son de alguna manera algo inferiores”. Agregó que eso implica costos materiales, daño y humillación. 

    “Ninguna unión es más profunda que el matrimonio, porque encarna los más altos ideales del amor, la fidelidad, la devoción, el sacrificio y la familia. Al formar una unión matrimonial, dos personas se convierten en algo más grande de lo que una vez fueron” individualmente, consideró. 

    La Corte aludió a la injusticia como algo que a veces cuesta ver en presente y a la Constitución como un pacto social que puede evolucionar con el paso del tiempo.

    “La limitación del matrimonio a parejas de sexo opuesto puede haber parecido natural y justa durante largo tiempo, pero su inconsistencia con el significado central del derecho fundamental al matrimonio ahora es manifiesta. Con ese conocimiento debe llegar el reconocimiento de que las leyes que excluyen a parejas del mismo sexo del matrimonio imponen estigma y perjuicio de un modo que está prohibido por nuestra carta fundamental”, afirmó el magistrado. 

    “¿Quién nos creemos?”

    A diferencia de quienes formaron la mayoría de la Corte, los cuatro jueces que votaron en contra plantearon sus opiniones por separado. Aunque sus argumentos variaron, todos señalaron como clave la cuestión de quién debe decidir sobre el matrimonio del mismo sexo, más allá de que se esté a favor o en contra del mismo. Y descartaron que los magistrados puedan imponer sus percepciones en lugar de la ley, o que el tema considerado tenga relación alguna con la Constitución. 

    “Si usted está entre los muchos estadounidenses —cualquiera sea su orientación sexual— a favor de expandir el matrimonio del mismo sexo, por todos los medios celebre la decisión de hoy. Celebre el haber alcanzado el objetivo deseado. Celebre la oportunidad de una nueva expresión de compromiso con la pareja. Celebre la disponibilidad de nuevos beneficios. Pero no celebre la Constitución. No tiene nada que ver con eso”, escribió el magistrado John G. Roberts Jr.

    A su juicio, el fallo aprobado “invalida las leyes matrimoniales de más de la mitad de los estados y ordena la transformación de una institución social que ha formado la base de la sociedad humana por milenios, para los bosquimanos del Kalahari y los chinos Han, los cartagineses y los aztecas”.

    “¿Quién nos creemos que somos?”, preguntó a sus colegas. 

    Roberts negó que este asunto fuera semejante a un fallo de la Corte Suprema de 1967 que revocó la prohibición de algunos estados al casamiento entre personas de diferentes razas, argumentando que el mismo mantuvo el concepto tradicional de matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Respecto a la idea de que los hijos de matrimonios homosexuales pueden sufrir “el estigma de saber que sus familias son algo inferior”, preguntó si el mismo razonamiento podría aplicarse a familias de tres o más personas criando niños.

    El juez Antonin Scalia, por su parte, advirtió que la determinación de la Corte de definir sobre esta cuestión más allá de lo que hubieran resuelto los legisladores representa “una amenaza a la democracia”, ya que quita a los votantes la libertad de gobernarse a sí mismos.

    “Un sistema de gobierno que hace subordinar al pueblo a un comité de nueve legisladores no electos no merece ser llamado democracia”, aseveró. 

    Ese argumento de que la legalidad del matrimonio del mismo sexo debe ser definida por los ciudadanos y no por la justicia ya había sido invocado en noviembre de 2014 por una Corte de Apelaciones estadounidense, cuyo fallo fue dejado sin efecto por la Suprema Corte en su decisión del viernes 26. 

    La pregunta que surge ahora es si este es un tema cerrado definitivamente en Estados Unidos. Y todo indica que no. Por ejemplo, tras la decisión de la Corte, el precandidato presidencial republicano y gobernador de Wisconsin, Scott Walker, propuso una enmienda constitucional que habilite a los estados a prohibir el matrimonio del mismo sexo. También ha surgido en Indiana una ley que busca permitir que comerciantes o iglesias atiendan a quienes apoyan el matrimonio homosexual, invocando la libertad religiosa. El juez Kennedy aludió a esto en el fallo mayoritario, sosteniendo que quienes discrepan con el matrimonio del mismo sexo por motivos de religión o filosofía tienen la libertad para expresar sus creencias, pero hacerlo en forma de ley “estigmatiza o degrada a aquellos cuya propia libertad es negada”.

    La decisión de la Suprema Corte estadounidense, tanto por sus argumentos a favor como en contra, representa con meridiana claridad una nueva época en Occidente, en la cual los colores LGBT han llegado a la Casa Blanca o a las camisetas del fútbol. 

    // Leer el objeto desde localStorage